Los festivales: víctimas de los recortes

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Se sabía que el recorte presupuestal a la cultura anunciado el año pasado iba a afectar terriblemente a la actividad teatral del 2017, tal y como está sucediendo. El gremio se pronunció en contra de este atropello y se realizaron, en diferentes estados, clausuras simbólicas de las secretarías de Cultura. A pesar de que se enfatizó que varios rubros venían en ceros, en el intercambio con las autoridades se garantizó que el recorte no era tal y se conseguirían los fondos necesarios para evitar el retroceso, en particular en la reducción de la programación en distintos festivales y en la cancelación total de otros.

Desde que se anunció la suspensión de los 30 millones a los institutos de Cultura estatales, que eran fundamentales y con lo que se solventaba la mayoría de los festivales culturales, a principio de año se lograron destinar no 30 sino apenas 10 millones, lo que significaba una reducción superior al 60%.

Hoy, muchos teatristas han sufrido en carne propia la suspensión de funciones, reducción de su pago o cancelación de proyectos, afectando sustancialmente su carrera, su forma de vida y la inclusión de públicos. Hay múltiples casos, y entre ellos la cancelación a grupos de teatro para presentarse en el Festival Internacional Emilio Carballido que se realiza en Córdoba, Veracruz, en las Jornadas Villistas en Parral, Chihuahua, en el Festival de Guadalupe en Monterrey, y en el Festival de la Senectud en Tlaxcala, por citar unos cuantos ejemplos.

Se han acotado significativamente las actividades en los festivales o en diferentes programas. Sabemos, por ejemplo, de la suspensión del Foro artístico dentro de la Feria Nacional del libro infantil y juvenil en Xalapa, Veracruz, que desde hacía 28 años se venía realizando y en donde se daban funciones de teatro; la reducción del programa Cultura en Movimiento que desde hace años se realiza en Guanajuato (aun cuando cambia de nombre, según la administración) donde se llevaba a los 46 municipios una obra al mes y ahora ya no sucede en el periodo vacacional, implicando 92 funciones menos.

En otros festivales se redujo el pago a los artistas drásticamente, como en el Festival Internacional Rosete Aranda de títeres de Tlaxcala y en el programa de Atención a Centros Hospitalarios de la Secretaría de Salud del estado de Chihuahua. A muchos del gremio de los narradores orales, por ejemplo, todavía no se les paga su participación en la Feria del Libro 2016 en Michoacán, y en la convocatoria para el IV Concierto de Blues y Jazz del Desierto, Coahuila 20017, se advierte que quien desee participar debe conseguir a sus patrocinadores.

Hay otros festivales que desaparecieron este año, como el de Teatro a una sola voz (que lo “fusionaron” con otro) y Ciclo de jóvenes creadores en Monterrey; y el  FITeatro y  FIDanza de la Rivera Maya, que estaba por emitir su tercera edición. Se canceló también la IV Edición del Cunafest en Tlaxcala, y se cerró ahí la Escuela de Títeres, pues en el estado hubo una reducción del 80% en el rubro cultural. Ahora, el reconocido Festival Internacional de Tamaulipas está en riesgo, y lo pretenden convertir en un festival local, sin proyección y de nivel medio. Este año lo suspendieron y el año pasado lo convirtieron en Arriba Tamaulipas, aunque realmente vaya en dirección contraria.

Este pequeño resumen de los problemas que los teatristas estamos padeciendo, apenas es una muestra de lo que se quiere ocultar. El secretario de Hacienda, José Antonio Meade anunció que el siguiente recorte iba a ser menor y que no nos afectaría. Lo mismo dijeron cuando aparecieron en ceros diferentes rubros del presupuesto para la cultura del 2017. Es inconcebible que continúe la demagogia gubernamental y que la realidad se imponga, violentando drásticamente los derechos de los creadores y de la sociedad, que merece enriquecerse con los bienes culturales que en nuestro país hay en abundancia.

Este texto se publicó en la edición 2126 de la revista Proceso del 30 de julio de 2017.

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