“Baby: El aprendiz del crimen”: Autos, música y ladrones

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Uno de los atributos de la cinta Baby: El aprendiz del crimen (Baby Driver, EU-2017), es que posee un extraordinario sentido del tiempo; en otras palabras, posee un “ritmazo”, tanto en su edición como en su diseño sonoro. Y es a través de su ritmo que nos engancha, como una buena canción pop. Pero nada más, porque en su trama, sobre todo al final, está más cercana al churro hollywoodense que a una buena película de entretenimiento.

Dirigida por Edgar Wright, Baby es un emocionante filme de autos y ladrones, persecuciones musicalizadas y recuerdos dolorosos que son bloqueados gracias a un fabuloso soundtrack.

La película gira en torno a un chico llamado Baby (Ansel Elgort), quien es un as al volante, de tal manera que es utilizado como chofer de escape durante diversos robos a bancos y camionetas de valores, organizados por un sujeto llamado Doc (Kevin Spacey).

Y es que Baby tiene una deuda con Doc, pues un día intentó robar uno de sus autos, así que Baby debe hacer varios trabajos hasta estar a mano.

Cuando hace el último trabajo para Doc, el mundo parece abrirse para él: invita a una linda chica a salir, Deborah (Lily James), y consigue un trabajo como repartidor de pizza que hace feliz a su amoroso padre adoptivo, un sujeto de color en silla de ruedas que es sordo y mudo.

Pero un buen día Doc reaparece y prácticamente obliga a Baby a hacer un trabajo más: amenaza con hacerle daño a Deborah si no accede a realizar un robo, en el que por cierto participarán los personajes interpretados por Jamie Foxx, John Ham e Eiza González.

La cinta es sin duda emocionante pero no hay que tomarla muy en serio, porque la última media hora se cae drásticamente.

El personaje de Baby es adorable, mientras su mundo, salvo por su padre adoptivo y Deborah, son despreciables. Baby es un chico bueno, atrapado en un mundo al que no pertenece, con un mal auditivo (tinitus), causado por un accidente de auto en su niñez, durante el cual murió su madre.

A pesar de la maestría en la edición, la emoción y empatía que genera la trama y el personaje principal, la película no es una obra de arte: el guión es bastante inverosímil y está en función de la adrenalina y la acción. Por otro lado, los personajes carecen de profundidad, aunque por momentos están a punto de ir más allá del estereotipo, pero nunca llegan a despegar del todo.

Las actuaciones de los personajes principales son bastante buenas, salvo la de Eiza González, cuyo papel es cumplidor y con pocas líneas, aunque en realidad sólo tiene atractivo visual.

Baby: El aprendiz del crimen pudo haber sido una excelente cinta de entretenimiento hollywoodense, pero al final terminó siendo ligeramente mejor a Rápido y furioso.

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