“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

“Asatia”: la incapacidad de satisfacerse (*)

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La ambición puede apoderarse de uno. Se puede perder el piso y querer cada vez más. El problema radica en vivir en el futuro y ser incapaz de disfrutar lo que ya se ha alcanzado.

Asatia es un montaje del Colectivo Berenjena –escrito por Eduardo Orozco–, que sigue a Paula por varios años de su vida. Se trata de una joven chelista talentosa, y más aún, entregada. Tiene un sueño, y parece incapaz de separar la vista de su objetivo. La vida simplemente le pasa por encima.

“–¿Cómo le haces para ser tan joven y tan buena?

“–Toco. Toco todo el día, todo el tiempo. Practico cada vez que puedo.”

Paula pasa meses sin ver a sus amigos, años sin viajar o convivir con sus padres y, por supuesto, nunca ha tenido una pareja. Hasta que conoce a alguien que le hace cuestionar su situación, el peso y valor de sus ideales, si su sacrificio vale la pena.

No todo lo que se encuentra en el camino será de ayuda para llegar a ese lejano punto que tiene a la vista, pero quizá sí para hacerla feliz. Para hacerla detenerse un momento y observar que la belleza de la vida está en los lugares que menos nos imaginamos, en especial, en la imperfección.

El deterioro de Paula produce perplejidad. Sin salir nunca de escena –y sin utilizar maquillaje– deja ver a un personaje que se destruye de forma progresiva a lo largo de los años. Brotan en ella ojeras y una expresión de cansancio y desgaste tal, que dan ganas de abrazarla.

Las actuaciones de Verónica Bravo y Eduardo Orozco son tan naturales que dan la sensación de ser espías silenciosos viendo una escena de la vida. Titubean, improvisan, reaccionan. No son robots repitiendo el texto en su cabeza. Los diálogos pasan por sus cuerpos y tienen consecuencias visibles.

El texto cuenta con situaciones y reflexiones comunes, pero redactadas con bellas palabras y metáforas. Nos interna en la cabeza de los personajes, en sus mayores miedos y conflictos sin límites.

En escena sólo hay un sillón, un tapete, un chelo con su funda y una computadora portátil. Con aquellos elementos pasan los años, lugares trasatlánticos, y navegamos, frustrados, por la incapacidad de ser felices.

La obra se reestrena ahora en el Teatro La Capilla (Madrid 13, Del Carmen, Coyoacán), desde el martes 8 de agosto y permanecerá ahí hasta el 29. Cada martes a las 20:30 horas.

—————————–

(*) Con esta entrega, la columna cumple un año, y la autora envió este mensaje: “Aspiro siempre a crecer, pero creo en la paciencia y, por supuesto, en el trabajo. Gracias a los lectores y, por supuesto, a todos los creadores de teatro de este país que luchan día con día, contra viento y marea, por seguirnos dando arte”.

Comentarios