Querer hablar con Ramón Xirau, poeta de la lengua catalana

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Filósofo, poeta, editor y catedrático, Ramón Xirau -fallecido el miércoles 26 de julio en su domicilio de San Ángel “de muerte natural”, de acuerdo con su médico-, llegó a México con el exilio en 1939.

Nació en Barcelona el 20 de enero de 1924 en el seno de una familia intelectual. Su padre fue el filósofo Joaquín Xirau, quien formó parte de la primera camada de trasterrados que se integró a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Esta entrevista con Ramón Xirau apareció el 5 de diciembre de 2004 en la edición 1466 de Proceso, debido a que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se dedicó a Cataluña, lengua en la cual el maestro escribió toda su obra poética.

“Ramón Xirau vivió sus primeros 14 años en Barcelona, hasta el final de la guerra. Luego estudió el liceo en Marsella, Francia, que terminó aquí en el Liceo Francés. Ramón siguió los pasos de su padre y nunca ha dejado la cátedra. En su Seminario de Filosofía y Poesía se han formado varias generaciones de pensadores y escritores.

Fundó, además, y dirigió por más de 20 años la revista Diálogos de El Colegio de México (que fue originalmente la Casa de España), cuya cancelación fue repudiada por el medio cultural (Proceso, 477), y se identificó con el grupo de la revista Plural, de Octavio Paz, y por consiguiente de su sucesora Vuelta.

Autor de innumerables ensayos filosóficos y de crítica literaria, Xirau escribió Introducción a la historia de la filosofía, nacido de sus clases en el Seminario de Historiografía Mexicana Moderna y publicado por la UNAM, que es considerado desde hace 30 años como libro de texto en las preparatorias (su primera edición data precisamente de 1964).

En los años sesenta, cuando el marxismo, el positivismo lógico y el existencialismo campeaban en Filosofía y Letras, Xirau siempre defendió la metafísica y sostuvo el carácter profundo de la religiosidad, que ligaba a la poesía a través del catolicismo.

Como poeta, Xirau siempre ha escrito en su lengua materna. Entre sus libros fundamentales están Dit et descrit (Dicho y escrito), de 1985, De mística (1993) y Naturalezas vivas (1997). Sobre este último la poeta Verónica Volkow escribió un breve y significativo ensayo.

A su vez, el también poeta y profesor universitario Alberto Paredes, a solicitud expresa de Proceso, entregó un artículo donde expresó: “El mundo mesurado del poeta Xirau a menudo es paisajístico: montañas, playas, cielos, animales y bodegones.”

Y señaló además, entre otros conceptos:

“La poesía de Ramón Xirau no es, en absoluto, la argumentación de un filósofo; es el lirismo de un ser humano volcado, lopescamente, hacia sus adentros. Es el afloramiento de la bendición del instante; no un logos discurriendo sus premisas, sino las discretas consumaciones del día a día. Poesía menos poblada de personas que de seres naturales. Presencias enunciadas: nubes, olas, brillos de luz, fulgor nocturno, flores, ojos y alas.”

Y escogió de él, a manera de ejemplo, estos versos (De “Vuelo I”):
Has surgido del mar
Eres el prodigio
De vidas ocultas
(pájaros, campanas, ramos).
¡Las piedras azules de la tarde!

* * *
Fue el poeta Paredes, crítico de libros de este semanario, quien concertó por teléfono la cita con Xirau para la entrevista que haría acompañado del reportero de Proceso. Su relación con el maestro, si bien breve, era cordial. Por su parte, la de la revista con él era antigua. Cuando Xirau participó en el I Encuentro Internacional de Poesía de la Ciudad de Morelia, organizado por Homero Aridjis en 1979, afirmó: “El poeta está en crisis desde el Romanticismo.”

El 2 de octubre de 1995, con motivo de haber obtenido el Premio Nacional de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, habló ampliamente de su experiencia filosófica, narró la trágica muerte de su padre frente al edificio de Mascarones donde estuvo Filosofía y Letras de la UNAM, y se refirió a su vida familiar en la infancia (Proceso, 987):

“Desde muy chico he escrito poesía, se me hace de lo más natural. Pero en la casa de Barcelona, también cuando era muy chico, mi padre reunía a sus estudiantes ahí. Entonces yo oía de filosofía, desde luego no entendía nada, era bastante chamaco… quiero decir, había un ambiente familiar, tanto a mi padre como a mi madre les gustaba mucho la poesía.”

Ahora, en vísperas de su viaje a Guadalajara para recibir un homenaje y participar en varios eventos relativos a la lengua catalana –a la cual se dedicó la Feria Internacional del Libro–, a las 10:30 horas del jueves 25 de noviembre en punto ya estaban Paredes y el reportero en la puerta de su casa de Primo Verdad, una calle empedrada del viejo San Ángel, cuando salió apresurado:

–Lo lamento, estoy yendo al médico.

–¿Podemos ir con usted en el coche?

–No, no pueden –acotó, tajante. Pero se aflojó segundos después, frente a las miradas perplejas de sus posibles entrevistadores:

–Si tienen tiempo, vuelvan a las seis y cuarto y hablaremos quince minutos.

De nueva cuenta, Paredes y el reportero se juntaron y arribaron puntualmente a la casona, aunque inesperadamente Xirau había sido atacado por la fiebre y lo aquejaba un fuerte dolor de cabeza. Ahora no fue él, sino su chofer quien anunció de nuevo la cancelación, aduciendo que el maestro estaba preparando sus maletas para irse a Guadalajara.

–Pero dice que le hablen a las ocho de la noche.

Paredes movió la cabeza negativamente y entregó sus papeles al reportero, es decir, las notas que había preparado sobre la poesía de Xirau y su parte correspondiente al interrogatorio.

–Yo creo que no está bien –dijo, con su amabilidad habitual, pero acotó con firmeza–: Hay que tener dignidad.

–Sí, tienes razón. Pero yo estoy ahora entre la dignidad y la nota –dijo el reportero.

En el camino hacia la librería Gandhi, donde Paredes había dejado su coche por segunda vez, sonó el celular. Era Violeta Melo, asistente del Departamento de Fotografía, quien avisaba que al fotógrafo de la revista no se le había permitido tomar la foto de Xirau.
* * *
A las 20 horas el poeta y filósofo tomó la llamada de la sección cultural de Proceso. Ésta fue la conversación:

–¿Por qué siguió usted escribiendo en catalán?
–Es mi lengua materna y es la lengua que estudié en la escuela, en mi

infancia, en Barcelona. Fue prohibida por Franco mucho más tarde, en el 39, pero estudié primaria y secundaria en Barcelona, y desde luego ahí la literatura catalana. Y en casa se hablaba catalán.

–La lengua catalana tiene una larga tradición poética.

–Desde el siglo XIII con Ramón Lulio, hay una caída en el XVI y se desarrolla fuerte en el siglo XVIII. Ahí está Aribau y su “Oda a la patria” en el XIX, a partir de un gran renacimiento.

–¿Y Ausias March?

–Poeta grande pero de la primera época. El mejor: Ramón Lulio, del XIII. March, del XV.

–¿Tiene contacto con la cultura catalana de ahora?

–Vienen ahora a la Feria de Guadalajara algunos jóvenes a los que hay que conocer más.

–Y del exilio catalán en México, ¿a quiénes destaca?

–A José Carner, que estuvo en México en los cincuenta y se fue a Bélgica, no regresó mucho a Cataluña. Y desde luego a Agustí Bartra, maestro de mi generación.

–Max Aub, ¿no escribía catalán?

–La primera lengua de Aub fue el francés y luego el alemán, y en España aprendió catalán. Fue amigo de nosotros en una época. Fue director de Radio Universidad varios años. Éramos un grupo de jóvenes entonces y tratábamos con él. Era agradable y divertido.

–Al exilio vinieron varios filósofos importantes, como su padre.

–Sí. Llegué de 15 años, mi padre y José Gaos son de la misma generación, nacidos alrededor de 1900.

–Unos estudiaron con Ortega y Gasset, ¿no?

–Sí, un grupo, casi todos llegaron de Alemania.

.-¿Y entre los poetas?

–Carlos Riva, Carner, Bartra, éste era más joven.

–¿Cómo define su poesía?

–No puedo juzgarlo yo.

–Pero tiene que ver con la naturaleza, es interiorista.

–¿Interiorista? ¿Qué quiere decir? No lo sé.

–Dentro de la poesía en catalán, ¿cómo se sitúa?

–No lo sé.

–¿Se le conoce en Cataluña?

–Se nos fue conociendo un poco tarde en el exilio, y eso porque en primer lugar vino la segunda Guerra Mundial, y no hubo relaciones entre México y España. Mandábamos los poemas. Yo regresé en 1976 a España, salí en el 36. Antes no quise volver.

–¿Hubo un choque al regresar?

–No exactamente, fue más agradable de lo que uno podía pensar. Tenía miedo del choque pero no lo hubo. Y yo conocía muy poco de España, y no conocía ni Madrid.

–¿Está el catalán destinada a ser una isla lingüística?

–No. ¿Por qué? Eso sería en otros países. Los checos son muy pocos. Países pequeños como Lituania, Letonia, tienen tradiciones literarias. No, yo no creo, al contrario, se establecen zonas de relación entre el catalán de España y el de Francia, por ejemplo.

–¿No corre peligro de ahogarse?

–No, está en muy buen momento. De todas formas con los valencianos y las Islas Baleares, son siete millones de hablantes.

–¿Está superado el tema de la República en España?

–No lo sé.

–¿Qué le parece la Feria de Guadalajara dedicada a Cataluña?

–Me parece muy bien, es importante, reúne a mucha gente y hace conocer el catalán, no sólo a los poetas, sino a los editores, las editoriales de Barcelona.

–¿Qué escribe ahora?

–Escribo siempre, eso nunca se deja de hacer.

La siguiente pregunta era para hablar sobre Salvador Espriú, pero a manera de despedida Xirau dijo:

“Nos podremos ver hacia el día 4 ó 5, a mi vuelta de Guadalajara, con más calma.”

El reportero imaginó lo que hubiera pensado de esta propuesta el profesor y poeta Alberto Paredes”.

Acerca del autor

Hizo estudios de filosofía en la UNAM donde ha impartido clases. Reportero de las Secciones Culturales de Excélsior (entre 1967 y 1976) y de Proceso de la cual es editor.

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