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Brexit: Transición contra el caos

LONDRES (apro).- Gran Bretaña buscará implementar un período de transición de al menos tres años luego de la salida de la Unión Europea (UE), para evitar de ese modo un “divorcio” caótico del bloque comunitario, que podría perjudicar significativamente a la economía, reducir miles de puestos de trabajo y hacer colapsar el sistema inmigratorio y aduanero del país.

La propuesta cuenta con el aval del ministro de Economía, Philip Hammond, pero despierta aún muchas dudas entre los ministros más euroescépticos del gobierno, incluido el secretario para el Comercio Internacional, Liam Fox, y el ministro para la salida de la UE, David Davis.

El objetivo del plan es crear un período de transición durante el cual el Reino Unido mantenga el libre movimiento de personas, siga accediendo al mercado común europeo, aunque sin poder firmar acuerdos comerciales con otros países.

Según Hammond, el período de transición debería durar hasta 2022, previo a las próximas elecciones generales en el país.

El Reino Unido tiene previsto abandonar la UE en marzo de 2019, luego de haber invocado en marzo de este año el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, que oficialmente dio inicio a las negociaciones por el llamado Brexit.

Hammond explicó que durante el período de transición posterior a 2019, la relación entre Gran Bretaña y la UE sería similar a la actual, incluyendo el acceso al mercado común europeo y a la unión aduanera.

El “Chancellor” del Tesoro explicó que, aunque hay consenso dentro del gobierno británico para implementarse dicho período de transición que ayude a suavizar el impacto del Brexit, hay ministros que aún no están convencidos del plan.

En una entrevista con la radio 4 de la BBC el pasado 28 de julio, Hammond concluyó que “muchas cosas seguirán igual” el día después de haberse oficializado la salida británica de la UE en marzo de 2019.

En todo caso, el período de transición de tres años deberá ser acordado con el resto de los países de la UE, y sólo a partir de 2022 el Reino Unido contará con un nuevo sistema migratorio, un nuevo acuerdo comercial con el bloque comunitario, y podrá firmar acuerdos comerciales con otros países.

“Habrá un periodo de transición entre la fecha que abandonamos la Unión Europea y la fecha en que el nuevo acuerdo entre ambas partes se implementará, que esperamos negociar en la brevedad”, indicó el funcionario.

“No puedo precisar el periodo exacto de tiempo porque aún no lo discutimos. Estará impulsado por consideraciones técnicas y cuánto tiempo nos llevará poner en práctica los acuerdos necesarios. Estamos hablando de entre uno, dos, tal vez tres años”, agregó.

Hammond indicó también que el proceso “debe completarse previo a las próximas elecciones generales de junio de 2022”.

Pocos días antes de la entrevista, el ministro de Inmigración británico, Brandon Lewis, causó confusión al indicar que el libre movimiento de personas finalizará para marzo de 2019, aunque poco después, la ministra del Interior, Amber Rudd, clarificó que los inmigrantes de la UE “podrán seguir viniendo al país siempre que se registren a tiempo”.

Desde la residencia oficial de la primera ministra, Theresa May, el número 10 de Downing Street, se informó que el libre movimiento de personas “se terminará con el Brexit”.

Sin embargo, Hammond señaló que el proceso de transición debe implementarse para evitar una “salida desordenada” del bloque.

“Hemos sido claros acerca de que llevará algún tiempo introducir todos los controles migratorios entre el Reino Unido y la UE. No es una cuestión de opiniones, sino de hechos concretos. Durante el período de transición que seguirá después de nuestra salida de la UE, los ciudadanos europeos podrán seguir viniendo a nuestro país, pero tendrán que registrarse”, concluyó el ministro de Economía a la BBC.

Al plan se sumó el excanciller británico, el lord conservador William Hague, quien advirtió que sin un acuerdo de transición con la UE posterior al Brexit, el Reino Unido enfrentará “un desastre catastrófico”.

Hague se mostró a favor de la propuesta de Hammond, quien sostuvo que dicho plan “tiene atracciones inmensas”.

El excanciller consideró que esa es la única opción para evitar que el Reino Unido se vea afectado por una profunda recesión económica y una mayor inestabilidad para el sector de los negocios. También dijo que favorecerá un mejor y más robusto acuerdo comercial con Bruselas.

“Si sumamos todos estos riesgos, existe el peligro potencial de que el Brexit se convierta en el mayor desastre económico, diplomático y constitucional en la historia moderna del Reino Unido, con consecuencias impredecibles para el país, para el gobierno y para el proyecto mismo del Brexit”, continuó el excanciller conservador.

Hague dijo que un período de transición facilitaría y aceleraría las negociaciones con el bloque, al resolver más rápido la pelea por la llamada “factura del divorcio” (que podría trepar a 100,000 millones de euros) antes de 2021.

También le daría más tiempo a los negociadores británicos para establecer un nuevo sistema aduanero e inmigratorio.

El político conservador destacó además que ello permitiría crear menos leyes, reduciendo así las presiones para el sector empresarial y para el Parlamento británico.

El lord Hague explicó que tras el referéndum de junio de 2016 en el que la mayoría de los británicos votó por el Brexit, la separación de la UE ocurrirá “porque somos una democracia”.

“El electorado votó para abandonar la UE y por ende saldremos”, agregó al respecto.

Sin embargo, sostuvo que tanto aquellos electores que votaron por el Brexit como el gobierno, “subestimaron los desafíos a futuro”, situación que según Hague, en caso de empeorar “podría hacer cambiar de opinión a los británicos sobre la salida del bloque europeo”.

En todo caso, el impacto por la salida del bloque se sentirá en todo el país.

El 28 de julio pasado, un informe del “tanque de ideas” Centre for Cities indicó que la ciudad escocesa de Aberdeen será una de las más afectadas por el Brexit.

El reporte destacó que todas las ciudades y pueblos británicos se verán afectados negativamente por el “divorcio” europeo, en gran parte por los costos comerciales de nuevos acuerdos.

El análisis del centro, con sede en Londres, pronosticó que en la década posterior a la implementación de nuevos acuerdos comerciales con la UE, cada municipio británico se verá afectado muy negativamente.

Esos impactos serán incluso mayores en el caso del llamado “Brexit duro”, por el cual el Reino Unido debería pactar todos sus acuerdos comerciales con la UE a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Un “Brexit blando”, con acceso al mercado común europeo, suavizaría el impacto negativo en Gran Bretaña, en especial en Londres, donde el valor agregado bruto se espera caerá en un 1.3%, en lugar de un 2.6% bajo el “Brexit duro”.

El informe señaló que las ciudades más afectadas serán Aberdeen, Worthing, Reading, Swindon, Slough, Edimburgo, Londres, Aldershot, Leeds e Ipswich.

Otro reporte, elaborado por el consultor Oliver Wyman y dado a conocer el pasado 1 de agosto, concluyó que la salida de la UE llevará al éxodo de al menos 40,000 empleados de la banca de inversión en Londres, con una pérdida estimada en cientos de millones de dólares para la capital británica y el país.

De acuerdo a Wyman, entidades financieras internacionales se verán forzadas a transferir a miles de empleados de la banca a otras ciudades europeas luego del Brexit.

El consultor también destacó que los bancos deberán inyectar al menos 50,000 millones de dólares en capital adicional a sus subsidiarias europeas “para apoyar la creación de nuevas entidades en el bloque comunitario”.

Un llamado “Brexit duro” “fragmentará incluso más el mercado bancario europeo”, explicó la firma de consultoría.

“Lo hará además mucho menos redituable”, agregó.

Bajo las actuales leyes de la UE, los bancos europeos pueden operar sucursales en el Reino Unido sin necesidad de capitalizarlas por separado de sus casas centrales en el extranjero.

Del mismo modo, los bancos internacionales en el Reino Unido pueden hacer lo mismo en Europa.

El uso de ese llamado “pasaporte”, que le permite a los bancos acceder al mercado común de 28 naciones, quedó ahora amenazado tras el Brexit.

Wyman estimó que los bancos están llegando a un período “de no retorno” para implementar sus planes de contingencia por el Brexit.

La falta de claridad acerca del estatus del Reino Unido cuando abandone la UE en marzo de 2019, sumado a la posibilidad cada vez más improbable de que logre un acuerdo comercial con el bloque, está acelerando los planes de los bancos.

“Mientras los resultados de las negociaciones por el Brexit sigan siendo impredecibles, los bancos tomarán medidas como si esperaran un ‘Brexit duro’. Esto se debe a una prudencia natural y a la demanda de los reguladores”, continuó el consultor.

“En los próximos seis a doce meses, los bancos deberán tomar medidas que serán más costosas y difíciles de revertir, como transferir empleados, contratar a jefes de sector y construir infraestructura para sus oficinas”, explicó Wyman.

Además, los bancos de inversión que tienen su sede europea en Londres, comenzaron a implementar medidas para transferir a empleados a otros países de Europa.

El lunes pasado, el principal banco de Japón, MUFG, confirmó que establecerá una subsidiaria en la UE.

El Brexit será también muy costoso para bancos europeos que busquen mantener acceso a los mercados del Reino Unido. Para ello deberán inyectar al menos 40,000 millones de euros en capital adicionales a sus operaciones en Gran Bretaña, para poder seguir haciendo negocios en el país luego del “divorcio” del bloque.

En junio, el “tanque de ideas” Centre for London estimó que al menos 70,000 puestos de trabajo serán transferidos de la ciudad londinense a otras ciudades de la UE como consecuencia del “divorcio” británico, mientras que la firma EY advirtió que hasta 83,000 empleados del sector financiero podrían ser perdidos en el Reino Unido.

Mientras tanto, el negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier, advirtió que la falta de concreción en la posición británica sobre la factura a pagar a la UE podría retrasar hasta diciembre las discusiones sobre un acuerdo comercial.

Bruselas reclama “progresos significativos” sobre la cuenta a saldar por Londres, así como en la cuestión de los derechos de los ciudadanos europeos en Reino Unido tras el Brexit y la frontera en la isla de Irlanda, para empezar a conversar sobre las relaciones a futuro.

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