¿Por quién votan los tontos útiles?

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Recientes encuestas ubican al precandidato de Morena a la presidencia en la delantera y a la precandidata del PAN en segundo lugar. El caso del PAN desconcierta en el supuesto de que fueran serias y no inducidas. El derecho de aspirar a la presidencia se debe fundar en la aptitud probada para gobernar, en haber cumplido en tareas previas el deber de servir bien al pueblo; no en la exposición en los medios masivos por razón fortuita de rango.

Es el mérito el criterio, no el rango. Es la experiencia previa comprobada y puesta al servicio de los más, la medida a considerarse, no la mera apariencia de los rostros expuestos al público día a día, pues “caras vemos, corazones no sabemos”. Hay expertos en ocultar tras un rostro amable el apetito insaciable de poder, y sobre todo cuando se las dan de muy católicos como instrumento integrista (uso de la religión con fines políticos de dominación) para encandilar a católicos ilusos y tontos útiles.

Gobernar exige experiencia real de años- Aristóteles en su Ética a Nicómaco-, a través de los cuales se va adquiriendo la virtud de la prudencia para decidir lo mejor para los más: la esposa de un médico no puede aspirar a curar por el hecho de ser su compañera o por ser enfermera conocida, y sobre todo si el médico en lugar de curar, enferma más al paciente con ocurrencias en lugar de tratamientos serios; a mayoría de razón en el campo de la política donde se juega el porvenir de millones, el haber sido diputado o diputada es absolutamente insuficiente para obtener experiencia de gobierno a nivel local o nacional. No se puede experimentar con todo un pueblo.

El Tribunal Permanente de los Pueblos en 2014, condenó en conciencia a los responsables del sexenio pasado por delitos de lesa humanidad; además fueron demandados ante la Corte Penal Internacional por veinte mil ciudadanos mexicanos, a raíz de una guerra irracional que multiplicó los males, con decenas de miles de muertos y desaparecidos. Dice el genio de Tomás de Aquino que antes de emprenderse una guerra, se deben ponderar sus posibilidades de éxito; si ello no se hace, es ilegítima por dañina. Esa precandidatura equivale a la posibilidad de reentronizar la esterilidad política, incapaz de producir justicia social, concordia, independencia de los EU, crecimiento económico y paz.

En dicho sexenio se despilfarraron en gasto corriente (salarios suculentos por ejemplo a la alta burocracia) miles de millones de dólares provenientes del alto precio del petróleo en esa época, en lugar de haberlos invertido en proyectos de desarrollo humano a la luz de la doctrina social cristiana, despreciada por ellos en la práctica. Sería como dice el dicho, “la misma gata revolcada”. La mera precandidatura es una insolencia, una bofetada a la historia.

Dejó tal periodo, estelas de pobreza, desigualdad brutal y raquitismo económico que no de luz, astronómica deuda externa, luto, daño ecológico por mineras extranjeras consentidas, exentas de impuestos, discordia, violencia extrema. Con tal deuda es imposible que el país avance; cantidades no imaginables se destinan escrupulosamente al pago de intereses durante cien años o más, mientras en escuelas públicas -rurales sobre todo- hay falta de agua, pupitres, sanitarios; y en hospitales públicos de provincia con frecuencia faltan sábanas, medicamentos esenciales.

La precandidata y su partido, apoyan la misma estrategia fallida y anticristiana por injusta, en materia de seguridad y en la económica que sólo beneficia a un sector minoritario muy pudiente e indiferente al dolor ajeno de millones; y lo beneficia por ahora, pues la concentración escandalosa de poder económico, es una bomba de tiempo. Los que la secundan padecen la tara masoquista, la facciosa o la propia de la ignorancia culpable.

Ojalá que el pueblo sano y lúcido y la ciudadanía honorable, imperen; que la mayoría desamparada se dé cuenta de lo que está en juego: su decoro, su futuro personal y familiar. Repetir tal situación sería suicida.

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