¿Contrato laboral a empleadas del hogar?

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hace seis años el gobierno de México suscribió el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, que plantea que hay que tratar a las empleadas del hogar como trabajadoras igual que las de otros gremios u oficios. Sin embargo, para que dicho Convenio se ponga en marcha y opere, el Senado lo debe ratificar. Y la resistencia que hay se debe a que esa medida implicaría definir legalmente las condiciones de empleo en contratos de trabajo, con horarios de labores y otorgamiento de vacaciones pagadas, más el ingreso de las trabajadoras al Seguro Social. Eso significa un cambio impresionante en los usos y costumbres mexicanos y conlleva alinear la legislación, los programas y políticas públicas.

Tal vez esto último explica la resistencia del gobierno a la ratificación del Convenio.

Desde que ingresé al movimiento feminista –¡hace ya 46 años!– nos preocupó la situación de las mujeres que trabajaban en nuestras casas. Empezamos por dejar de llamarlas “sirvientas” o “muchachas” para denominarlas “empleadas domésticas”, y buscamos la manera de establecer una relación laboral más justa con ellas. En 1974, un año antes de que se llevara a cabo la Primera Conferencia de la Mujer de la ONU, algunas feministas propusimos reformar el artículo de la Ley Federal del Trabajo donde se otorga a los trabajadores domésticos sólo “el tiempo necesario para tomar sus alimentos y su descanso por la noche”. La reacción fue: “¡Eso no se puede cambiar!”.

En enero de 1980 Mary Goldsmith y otras feministas formarían el Colectivo de Acción Solidaria con las Empleadas Domésticas (CASED), y un año después, el número 16 de la revista fem (enero de 1981) estaría dedicado al “servicio doméstico”. Ahí publicamos varios textos de escritoras e investigadoras, entre ellos uno de Gloria Leff, que registraba que el 27 abril de 1980 apareció publicado en un diario nacional que las “sirvientas” celebraban su día patrocinadas por una Asociación Nacional de Trabajadoras Domésticas, ¡que cumplía 32 años de haberse fundado! Leff finalizaba su artículo preguntando: “¿Podrían ustedes imaginar las consecuencias políticas, económicas, ideológicas y familiares que ocasionaría un paro nacional de empleadas domésticas?”

Esperanza Brito de Martí, quien luego sería la directora de fem. más de 20 años, planteó en su artículo lo insuficiente que era la legislación, que “desgraciadamente la lucha individual es lenta y penosa. Solamente las mujeres más decididas o aquellas que cuentan con un gran apoyo familiar, logran superar las barreras que se enfrentan día a día en cuanto a horario, desgaste físico, exigencias del estudio y del trabajo, etcétera.” También en ese número de fem. reprodujimos un texto de Augusto Monterroso que se inicia con una línea provocadora: “Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque no les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones”. Precisamente esa falta de contratación, de Seguro Social y prestaciones se ha convertido en el eje de la lucha que ellas emprendieron.

En 1987 se creó ATABAL, una organización que estableció una bolsa de trabajo. Allí arrancó el liderazgo de Marcelina Bautista, quien en el año 2000 fundó la primera organización exclusivamente de empleadas del hogar: el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH). Quince años después (2015), junto con trabajadoras de Colima, Chiapas, Puebla, Estado de México y la Ciudad de México, se constituyó el Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho), bajo la dirección de la propia Marcelina.

El proceso que llevó a formar el Sinactraho ha sido largo, pero en el camino se han ido sumando aliados, entre los que destacan las y los empleadores que apoyan el proceso de formalización. Maite Azuela coordina una organización de empleadoras llamada “Hogar Justo Hogar”, que el 18 de julio pasado arrancó la campaña “Empleo Justo en Casa”.

Algo notable en esta campaña es el tipo de personajes de alto nivel que participan; por ejemplo, varios empresarios de la iniciativa ciudadana “Méxicos Posibles”. Entre ellos destaca Julio Madrazo, quien ofreció un coctel de recaudación en sus oficinas e hizo un potente discurso sobre el hecho de que si queremos transformar nuestro país, una acción inicial es la de establecer una relación laboral más justa con quienes trabajan en nuestras casas.

El pasado domingo 23 de julio se llevó a cabo un acto donde trabajadoras y sus patronas firmaron los primeros contratos laborales. Esta firma es una intervención política y simbólica de primer orden. Por un lado, porque muestra que las trabajadoras se comprometen a defender sus derechos laborales, y por otro, porque ya hay empleadores que aceptan formalizar una relación laboral que los ata a ciertas obligaciones (que, por cierto, muchos de ellos ya están cumpliendo sin el contrato).

En el acto Marcelina Bautista subrayó que la firma de un contrato beneficia a ambas partes al especificar con claridad derechos y obligaciones mutuas. El Sinactraho tiene página en Facebook y el Twitter @un trabajodigno. Su correo es sinac­[email protected]

Este análisis se publicó en la edición 2126 de la revista Proceso del 30 de julio de 2017.

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