“El amor es una nube viajera”, de Hernando Garza

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El amor es una nube viajera de Hernando Garza es un viaje por realidades paralelas. Universos que confluyen en un presente y que sin ninguna restricción transitan de la realidad a la ficción; del presente al pasado o a un futuro posible; de los sueños a una situación diurna.

Nos sorprende este libro que reúne cinco obras de teatro cortas, que  retan a nuestro presente con un sin fin de posibilidades alternas y simultáneas, como lo ha demostrado la física cuántica. La atmósfera que las permea es nostálgica, y la incertidumbre y la magia son las que mantienen atento al lector/espectador. Con gran habilidad Hernando Garza va creando expectativas y múltiples preguntas que no nos dejan en paz a lo largo de cada una de las obras:

¿Dónde están los personajes?, ¿qué es lo que buscan? ¿por qué están juntos y a la vez separados?, ¿qué secretos esconden?, o ¿cómo es posible que convivan simultáneamente una, dos o tres capas de la realidad? Hay tensión, suspenso y una transformación sutil de nuestra concepción hacia lo que observamos. Cada obra es como un cuadro cubista que nosotros vamos armando como un rompecabezas, sin que el resultado sea un paisaje naturalista ni mucho menos.

La riqueza de los universos que Hernando Garza propone nos maravilla. Y más aún porque nos remiten a nuestra idiosincrasia, a personajes del norte de nuestro país, a espacios desérticos, a  migrantes, campesinos o habitantes de pequeños poblados, que sin un lenguaje extremadamente coloquial, nos dan esa entrañable identificación hacia lo propio.

El amor es una nube viajera, Diarios de la canícula, La ciudad dorada, Brújulas de arena y La neblina, son las obras. El libro fue recientemente publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León y se presentó el mes pasado en la Casa Universitaria del Libro y en el Centro Cultural Fátima. En octubre tocará turno a la Feria del libro del Tec de Monterrey.

En El amor es una nube viajera, dos jóvenes parece que dialogan pero descubrimos que en realidad se encuentran en espacios distintos. A veces, sus diálogos confluyen, pero muchos no: apenas en presente y, sobre todo, en el recuerdo de su pasado infantil.

En Diarios de la canícula se alterna la realidad del desierto, donde dos personajes están perdidos, con la de una casa en la que una chica sirve café. Como si el autor viera con un ojo una realidad y otra con el otro, la historia se va armando sin que ésta deje de ser misteriosa.

La ciudad dorada es la obra donde Hernando Garza lanza lejos su imaginación y construye ciudades inventadas a las que sus personajes quieren ir, frente a la ciudad donde están, y en la que los habitantes han quedado petrificados.

En Brújulas de arena los personajes son como Avatars que viajan pero están en el mismo lugar de origen pero en otro tiempo o en otra dimensión.

La neblina, con la que cierra el volumen, nos remite a una realidad en tránsito, por donde han pasado otros después de morir.

¿De qué realidad nos está hablando el autor?, nos preguntamos y la constatación de la multiplicidad de realidades, paradójicamente, nos lleva a comprender que el compendio de El amor es una nube viajera, es una reflexión profunda a cerca de la muerte mostrándonos distintas perspectivas. ¿A dónde llegamos?, ¿cómo es ese tránsito?, ¿seguimos aquí, de una manera alterada o dejamos de existir?

El amor es una nube viajera es un teatro sobre la alteridad. Cinco obras de la mejor calidad que se hermanan con las nuevas corrientes del teatro contemporáneo.

Este texto se publicó en la edición 2127 de la revista Proceso del 6 de agosto de 2017.

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