Aquellas palabras de aliento de Merkel

BRUSELAS (apro).- En su gira de trabajo por México, realizada en junio pasado, la canciller alemana Angela Merkel tomó una decisión excepcional: reunirse con activistas proderechos humanos, a quienes pidió mantener su valentía, seguir trabajando y no quedarse callados, según platicó Abel Barrera Hernández, presente en el encuentro, a la reportera de Proceso Gloria Leticia Díaz.

El estado de los derechos humanos en México –especialmente el asesinato de periodistas y las desapariciones— también fue un tema que tocó Merkel durante su encuentro con el presidente Enrique Peña Nieto, a quien habría externado su “gran preocupación”.

Esa sensibilidad política de quien es considerada “la mujer más poderosa del mundo”, no parece, sin embargo, ser compartida por sus propios correligionarios de partido, la Unión Democratacristiana (CDU), ni por sus aliados de gobierno, la Unión Socialcristiana (CSU).

Los diputados de ambos partidos alemanes en el Parlamento Europeo forman una fracción importante, por su número e influencia, dentro del grupo del Partido Popular Europeo (PPE).

Y como lo ha documentado Proceso, esta agrupación política de centroderecha y mayoritaria ha protegido a los gobiernos de Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto contra cualquier resolución que los inculpe, por acción u omisión, de la crisis de derechos humanos en que está sumido México.

Con el aval de los eurodiputados del partido de Merkel y sus aliados, la fracción europarlamentaria del PPE se ha encargado de suavizar o eliminar de tales pronunciamientos las referencias a la conducta criminal de las fuerzas de seguridad, o a la ineficiencia de la justicia para frenar la impunidad y acabar con tales excesos.

Actualmente hay 29 eurodiputados de la CDU y cinco de la CSU. Entre éstos últimos está Manfred Weber, un político de la poderosa región de Baviera que escaló a altos puestos desde muy joven.

Weber es eurodiputado desde 2004 y presidente del PPE en el Parlamento Europeo desde junio de 2014.

En 2008 participó en la elaboración de la controvertida directiva del retorno de la UE, también llamada por sus opositores “la directiva de la vergüenza” por permitir abusos de la autoridad contra los migrantes ilegales.

Esta legislación generó fuertes protestas de varios dirigentes sudamericanos, así como expresiones de “preocupación” del entonces presidente Felipe Calderón.

Weber también es conocido por ser un incondicional defensor del primer ministro populista de Hungría, Viktor Orbán, sobre cuyo gobierno la Comisión Europea ha abierto “procedimientos de infracción” por implantar normativas que ponen en riesgo el Estado de derecho en su país y en la UE. En ese caso, Weber ha llegado a declararse favorable a copiar a nivel europeo una polémica ley húngara contra las ONG que reciben fondos extranjeros, implementada porque éstas resultan ser críticas e incómodas, al gobierno de Orbán.

Las referencias a Weber vienen a colación porque él encabezó una visita a México de la dirigencia del grupo popular del Parlamento Europeo, la cual tuvo lugar entre el 17 y el 19 de julio pasado.

Fue una visita precedida por una nueva operación de apoyo al gobierno peñanietista.

El 7 de junio, tres días antes del apreciable encuentro de la canciller alemana con activistas mexicanos, el grupo del PPE bloqueó el intento por discutir un resolutivo que propuso la oposición europarlamentaria. Ese proceso corría el riesgo de terminar cuestionando al gobierno mexicano por los crímenes de periodistas y defensores de derechos humanos. Y lo volvió a impedir el 28 de junio. Su justificación: evitar incomodar al gobierno peñanietista y afectar así la ronda de negociaciones políticas México-UE, que ya estaba programada para el 10 de julio.

El hecho que había motivado ese intento de resolución fue el homicidio del periodista Javier Valdez, ocurrido el 15 de mayo en Culiacán, Sinaloa.

Dicho sea de paso, unos días antes del asesinato, la periodista y activista mexicana Dianeth Pérez Arreola, radicada en Holanda, escribió al jefe de la unidad para México del Servicio Europeo de Acción Exterior, Aldo Dell’Ariccia. Le preguntó si la publicación de un reporte del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), que colocó a México como el segundo país más violento del mundo, ameritaba por fin la aplicación por parte de la UE de la cláusula democrática del acuerdo.

Arreola quedó sorprendida con la respuesta del funcionario europeo: una copia y pega del boletín de prensa del gobierno mexicano en el que desacredita el conteo del IISS.

(El instituto rectificó sus resultados, pero eso fue hasta el 23 de julio y aseguró que México de cualquier modo quedaría entre los 10 países más violentos).

Los líderes europarlamentarios del PPE –presidida por el alemán Weber–, lograron bloquear dos veces una resolución sensible para el gobierno priista.

Con ese antecedente, Weber y otros cuatro compañeros suyos fueron recibidos por el presidente Peña Nieto; el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, y el procurador general, Raúl Cervantes.

En contraste, otras delegaciones europarlamentarias que anteriormente han visitado el país, como la del subcomité de derechos humanos o del grupo de los verdes, han sido atendidas sólo por funcionarios subalternos.

En un breve comunicado de prensa, la delegación del PPE presume que mantuvo “conversaciones fructíferas e inspiradoras” con Peña Nieto y con miembros de su gabinete.

Se menciona que las relaciones entre México y la UE “también tienen que ver con el respeto de los valores comunes, la democracia y los derechos humanos”. Y usa la palabra “también” porque la gira –que integró reuniones con representantes de ONG como Amnistía Internacional o Artículo 19–, en realidad se centró en otro aspecto: la renegociación del tratado comercial, que pretenden finalizar este año ambas partes.

El mismo boletín afirma: “El grupo del PPE apoya la conclusión exitosa de la actualización del acuerdo de asociación con México. La asociación comercial que se está negociando va mucho más allá del comercio. Es un acuerdo comercial con alma”.

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