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Trump y la industria de la guerra

WASHINGTON (apro).- La advertencia del presidente Donald Trump al líder norcoreano Kim Jong-un, de que el Pentágono tiene el dedo en el gatillo y está listo para dispararle ante cualquier intento de ataque a Guam, tiene feliz a la industria estadunidense de la guerra.

El intercambio de lenguaje belicoso entre Trump y Jong-un no es como los ladridos de perros que no muerden.

Como candidato a la presidencia, Trump hizo toda una serie de advertencias y propuestas para solucionar viejos conflictos de Estados Unidos con países como Corea del Norte, Irán, Siria y Rusia, entre otros. Antes del 6 de noviembre de 2016 nadie los tomaba en serio por tratarse del magnate multimillonario fanfarrón e inexperto en política exterior y asuntos de guerra.

Ahora es distinto: Trump es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y puede oprimir a su antojo el detonador para lanzar una lluvia de misiles sobre Corea del Norte si se empecina en jugar al mariscal de guerra.

El líder norcoreano llevaba años queriendo demostrarle al mundo que contaba con un arsenal tan poderoso que podría destruir a sus vecinos de Corea del Sur a la hora que quiera.

Kim Jong-un ya tiene un arsenal con misiles de alcance intercontinental y con cabezas nucleares, de acuerdo con la Agencia de Inteligencia (DIA, por sus siglas en inglés) del Departamento de Defensa de Estados Unidos que lo reportó y aseguró la semana pasada.

El carácter impredecible de Trump y de Jong-un puede provocar la primera guerra del siglo XXI y el primer enfrentamiento nuclear entre dos naciones en la historia del planeta.

La paz, la diplomacia y la cordura a Trump le tienen sin cuidado. El belicoso presidente de Estados Unidos quiere pasar a los libros de la historia (como ya lo logró) pero no por ser una anomalía de la democracia estadunidense; quiere encumbrarse como el redentor del mundo que puede acabar con los bad hombres y tiranos del calibre de Jong-un.

Los tambores de la guerra suenan en Washington y la industria de la guerra cruza los dedos para que Trump lance una guerra innecesaria contra el país que dirige otro irresponsable como él.

No están en duda las catastróficas consecuencias humanas y materiales de una guerra entre Estados Unidos y Norcorea.
Si el Pentágono jala el gatillo por orden de Trump y a Jong-un le llueven misiles nucleares, la Península Coreana puede desaparecer del mapa. Si Jong-un lanza un misil intercontinental con cabeza nuclear sobre Guam o Hawai, la crisis alcanzaría niveles impensables en esta época. Nada que ver con el ataque de Japón a Hawai durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué haría China, Rusia u otras potencias nucleares y mundiales? ¿Se abstendrían de intervenir para parar a dos desquiciados?

Con la guerra no es ni recomendable hacer hipótesis, la humanidad siempre sale perdiendo. Los que nunca pierden son los fabricantes de armas. La industria de la guerra quiere ver sangre y Trump tiene ínfulas de policía del mundo.

Los empresarios de la guerra de Estados Unidos apoyan a Trump e incluso son capaces de hacerle soñar y creer que tiene garantizada la reelección si acaba con Jong-un.

Estos son los costos de los errores democráticos y los estadunidenses lo saben. Hay que ver si quieren pasar por otra recesión por una guerra inútil, como las que lanzó George W.Bush contra Afganistán, en 2001 y contra Irak, en el 2003.

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