“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

La inestabilidad de las coaliciones PAN-PRD

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los frentes amplios o las coaliciones PAN-PRD han ganado gubernaturas en ocho estados; pero en ninguno de los cinco casos en los cuales esos gobiernos ya concluyeron –los otros tres los obtuvieron en 2016, así que están en curso–, han podido refrendar la alianza o alcanzar de nuevo el triunfo.

En 1999 Nayarit fue la primera entidad ganada con un frente amplio –lograron el acuerdo PAN, PRD y PT como partidos nacionales, más el estatal Partido de la Revolución Socialista–; su candidato fue Antonio Echevarría Domínguez, empresario local que obtuvo 52.9% de los votos y derrotó a Lucas Vallarta, del PRI, que consiguió 44.8%.

Sin embargo en 2005 ya no pudieron sostener la coalición y Ney González, dirigente obrero y abanderado tricolor, ganó con apenas 46.2% de los votos frente al 42.3% de Miguel Ángel Navarro Quintero, postulado por el PRD, y 6%, de Manuel Pérez Cárdenas, del blanquiazul.

Para este año se formó la misma alianza de hace 18 años y para la elección del 4 de junio postularon a Antonio Echevarría García, hijo de quien en aquel entonces lograra arrebatarle al PRI el gobierno estatal.

En el año 2000, aunque la elección se celebró unos meses después de la presidencial, un frente amplio integrado por PAN, PRD, PT, PVEM, Convergencia Democrática, PCD, PAS y PSN ganó el gobierno de Chiapas con Pablo Salazar Mendiguchía como abanderado. En 2006 se rompió el frente amplio, pero se mantuvo la coalición PRD, PT y Convergencia y su abanderado, Juan Sabines, derrotó a la Alianza por Chiapas, formada por el PRI y el PVEM; sin embargo, en 2012 Manuel Velasco Coello, militante del Partido Verde, encabezó la coalición Compromiso por Chiapas –PVEM, PRI y Panal– y ganó con más de 67% de los sufragios.

En 2010 PAN y PRD (coaligados con algunos otros partidos en diferentes estados) ganaron las gubernaturas de Puebla, Oaxaca y Sinaloa (de mayor a menor en número de electores) que hasta esos momentos habían sido bastiones del tricolor. Sin embargo en la primera renovación de las mismas en 2016 perdieron Oaxaca y Sinaloa, mientras en Puebla, aunque el candidato panista refrendó el triunfo, la alianza con el PRD se rompió.

En Oaxaca se mantuvo la alianza PAN-PRD, pero Morena y el PT, cada uno por su lado, postularon a sendos experredistas como candidatos y pulverizaron el voto. José Antonio Estefan Garfias, de la coalición Con Rumbo y Estabilidad para Oaxaca, obtuvo 24.96% de los sufragios; Salomón Jara Cruz, de Morena, 22.81%, y Benjamín Robles Montoya, del PT, 10.93%. Por lo tanto a Alejandro Murat Hinojosa, de la coalición Juntos Hacemos Más –PRI, PVEM y Panal– le bastó 32.02% de los votos para ganar.

Aunque la principal razón del triunfo tricolor fue la división de la izquierda, es importante destacar que el gobierno de Gabino Cué no satisfizo las expectativas que despertó su triunfó en 2010.

En el caso de Sinaloa, Mario López Velarde fue postulado en 2010 por una coalición PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, y obtuvo 51.8% de los votos para derrotar a Jesús Vizcarra, candidato de la alianza PRI, PVEM y Panal; para 2016 la coalición triunfadora seis años antes se rompió, mientras la encabezada por el tricolor se mantuvo y le bastó 41.73% de los votos para recuperar la gubernatura.

En 2010 la coalición Compromiso por Puebla –PAN, PRD, Convergencia y Panal– triunfó con más de 50% de los votos y con el expriista Rafael Moreno Valle como su candidato. A pesar de que seis años después el PRD abandonó la coalición y Morena participó por primera vez con candidato propio, Moreno Valle logró formar una alianza con el PT y el Panal, más dos partidos locales, lo que fue suficiente para darle el triunfo a su delfín José Antonio Gali Fayad, con 45.3% de los sufragios.

En 2016 la alianza PAN-PRD derrotó al tricolor en tres de sus bastiones históricos: Veracruz, Quintana Roo y Durango, en todos los casos con candidatos que habían sido priistas. Los gobiernos todavía están en los inicios de su gestión y no es posible evaluarlos; sin embargo, en la renovación de las presidencias municipales en Veracruz se presentaron en coalición total y lograron el triunfo en 107 de las 212.

Aunque en general puede decirse que las alianzas electorales entre estas dos fuerzas políticas han sido exitosas, también hay ejemplos de intentos fallidos.

Destacan Chihuahua en 2004, cuando Javier Corral encabezó la alianza PAN, PRD y Convergencia pero perdió frente a José Reyes Baeza, a quien abanderaron PRI, PVEM y PT. En 2010 Xóchitl Gálvez sucumbió en Hidalgo y en 2016 la alianza Unidos por Zacatecas (PRD-PAN) quedó en el tercer lugar, detrás del priista Alejandro Tello y del morenista David Monreal.

El balance indica que las alianzas electorales entre el PAN y el PRD son exitosas sólo cuando tienen un candidato indisputado y que antes militó en el PRI (con la única excepción de Antonio Echevarría García); pero que una vez que llegan al gobierno no cumplen las expectativas que despertaron y eso se traduce en un rompimiento de la coalición en la siguiente elección (dos de los cinco casos) o en la recuperación de la gubernatura por el tricolor (en los otros tres).

Así que más allá de los evidentes ­obstáculos que enfrenta el llamado Frente Amplio Opositor, convocado por las dirigencias nacionales del PAN y del PRD, hasta hoy no parece vislumbrarse al candidato indisputado que pudiera concretar un triunfo. Y de lograrse, no hay razones para tener altas expectativas, sino todo lo contrario.

Este análisis se publicó en la edición 2128 de la revista Proceso del 13 de agosto de 2017.

Comentarios