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Mancera, primero él y al último… también

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, no tiene remedio. Alejado de lo que se podría denominar estadista, el mandatario capitalino tiene muy claros sus intereses: los suyos propios, nada más pero nada menos. Y no es, en modo alguno, una conjetura mía basada en algún tipo de fobia, sino en elementos que permiten sustentar mi anterior aserto. Veamos.

Primero. En una lógica del absurdo, Miguel Ángel Mancera tiene una importante –si bien no decisiva– influencia en el PRD, partido al que no pertenece y al cual nunca se ha afiliado, lo que exhibe su desprecio por esa marca que va en caída libre, pero que él usa como moneda de cambio para trascender 2018 en el servicio público. Hombre al que todos califican de muy buen colaborador, a su llegada al poder en el entonces Distrito Federal se sintió huérfano por su lejanía cada vez más clara de quien lo puso en el cargo, Marcelo Ebrard. Buscó cobijo y guía en el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, de ahí que su gobierno no haya seguido la línea de izquierda de sus antecesores, sino sea una capirotada (una suma de todo) que cada día demuestra ser un proyecto de gobierno fallido.

Segundo. Miguel Ángel Mancera promueve el Frente Amplio Opositor con el PAN a través de su empleada, Alejandra Barrales, en funciones de presidenta del PRD (quien por cierto enfrenta varias demandas dentro y fuera de su partido que neutralizan sus propias aspiraciones personales), lanzando el burdo señuelo de que él podría ser el mejor candidato de ese frente porque es un “ciudadano independiente”. El jefe de Gobierno de la CDMX sabe que esa iniciativa que ha enviado a sus esbirros a publicitar, carece de viabilidad y tiene sólo efectos de negociación política. Se trata de un señuelo para Ricardo Anaya, el dirigente panista.

Lo que en realidad busca Mancera es nada más y nada menos ser el primer fiscal general del Estado, o al menos una secretaría en un hipotético gabinete panista con lo que quedaría del PRD si ese frente –que se ve cada vez más lejos– pudiera concretarse y ganar las elecciones presidenciales de 2018.

Tercero. Desde hace algunos años Mancera ha dejado en bancos, bajo la figura de inversión, cantidades que promedian los 16 mil millones de pesos del presupuesto de la CDMX. No se trata de recursos etiquetados para proyectos plurianuales que justificarían que esos montos se mantuvieran a resguardo en las instituciones financieras, sino simple y sencillamente son unos “guardados”, porque año con año, al final del ejercicio presupuestal, esos grandes saldos se mantienen invertidos en los bancos que manejan las cuentas del Gobierno de la Ciudad de México, como lo demuestran los datos que tengo en mi poder.

Resulta cínico, por decir lo menos, que habiendo recursos públicos disponibles Mancera quiera pedir un apoyo extraordinario para hacer frente al mal trabajo de mantenimiento de las vialidades en la CDMX –que debió haber hecho, porque hay partidas presupuestales para ese efecto– que un día se inundan y otro también, con grandes perjuicios para los habitantes de la capital. Lo dicho: primero él y después él. ¿Y los habitantes de la capital? Bien, gracias.

Cuarto. Un tema sabido, pero no de forma exhaustiva, es el relativo al peligroso manejo de la contaminación ambiental. El científico mexicano Julio Gómez Mancilla, del Instituto Politécnico Nacional (IPN) ha inventado, con esa institución, una fórmula química para reducir significativamente los gases contaminantes emitidos por el parque vehicular de la CDMX que podría, incluso, eliminar el programa Hoy no Circula, o minimizarlo a una simbólica expresión.

En una entrevista que le hice a este investigador (quien, dicho sea de paso, es el único mexicano que forma parte de la Red Mundial contra el Cambio Climático Global que dirigen, junto con él, los premios Nobel Al Gore y Rajendra Kumar Pachauri, quienes han avalado su iniciativa) me dice que Mancera no sólo no ha acudido con él para buscar asesoría en el tema para el flagelo que azota a la CDMX, sino que ni siquiera se ha dignado recibirlo.

El experto mexicano de reconocimiento mundial afirma que en seis años, si las cosas siguen con la política pública de Mancera, habrá zonas de la CDMX que serán inhabitables por la alta densidad de contaminantes.

Si eso no le importa a Mancera, sí debería significar mucho a quienes habitamos la capital del país, incluidos [email protected] [email protected] de oposición e incluso del propio PRD, tanto en la Asamblea Legislativa como en el Congreso de la Unión. Y en su afán de poder por el poder, Miguel Ángel Mancera desoye a quien tiene la solución del problema y se aferra a la visión cortoplacista que privilegia la recepción de los fondos federales para “enfrentar” ese problema a cambio de que no se resuelva, porque se acaba esa partida.

Quinto. Proceso ha dado cuenta ya de que Miguel Ángel Mancera había querido tapar el sol con un dedo, negando que hubiera cárteles del crimen organizado en la CDMX o se hubiera salido de control la inseguridad creciente que se vive en la capital del país. No le quedó más remedio que hacerle segunda al comisionado nacional de Seguridad Pública, Renato Sales Heredia, quien dirigió la operación para abatir al Cártel de Tláhuac.

La erosión de la paz social y, por ende, el incremento de la delincuencia en la CDMX sigue en aumento por la corrupción e impunidad del sistema policial y de procuración de justicia del jefe de gobierno. Si esa parte era el punto fuerte del exprocurador y se ha caído a pedazos, qué esperar de las otras aristas de un gobierno donde Mancera no había tenido experiencia alguna.

Lo anterior pinta de cuerpo entero a Miguel Ángel Mancera, quien no sólo no debería ser candidato presidencial o alto funcionario federal, sino llamado a rendir cuentas de un gobierno que va de mal en peor en perjuicio de la sociedad entera. Lo que la sociedad no haga por sí misma, téngalo por seguro, nadie lo va a hacer.

@evillanuevamx

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