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“La última sesión de Freud” y la discusión sin fin: ¿existe Dios?

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En un contexto de guerra, cuando la muerte se avecina en el mundo exterior y en el mundo interior, dos hombres, grandes intelectuales de su tiempo, como Sigmund Freud y Clive Staples Lewis, discuten sobre la existencia o la no existencia de Dios en la obra La última sesión de Freud, protagonizada por Luis de Tavira y Álvaro Guerrero, bajo la dirección de José Caballero.

No es casual que Freud, el padre del psicoanálisis, ateo y con un cáncer avanzado, invite a debatir sobre el tema a un joven lingüista y filósofo de la escuela de Oxford que se ha convertido al cristianismo y lo practica férreamente.

La muerte marca cualquier reflexión y la experiencia define el mundo intelectual de los personajes, aun a pesar de ellos mismos. Sigmund Freud, en este encuentro hipotético desarrollado dramatúrgicamente por Mark St. German, sostiene principios científicos para negar la existencia de Dios, planteamientos sólidos que la cuestionan, pero la muerte, el dolor profundo que le causa la enfermedad y su decisión de poner fin a su vida cuando él lo decida, abren una fisura por la cual el personaje respira y huele a humanidad.

Luis de Tavira interpreta magníficamente a un Freud enérgico, apasionado en sus argumentos, implacable y con un extraño humor que lo matiza. En contraste, lo vemos con su enfermedad a flor de piel y el dolor intermitente que lo carcome; vive la paradoja de su necesidad de hablar y el sufrimiento bucal que muestra irremediablemente su vulnerabilidad.

Álvaro Guerrero, por su parte, en el papel de C. S. Lewis, mantiene con brillantez el temple y la naturalidad, relajado en la discusión y atrevido en la contra-argumentación, y se ve afectado, al igual que los espectadores, por los efectos de la enfermedad de Freud y el temor de un bombardeo. Los personajes son complejos, y la situación extraordinaria que están viviendo enriquecen esta obra de tesis que se presenta en el Centro Cultural San Ángel (Teatro López Tarso). Freud y Lewis no sólo discuten sobre la existencia de Dios, la validez de la Biblia como relato, el deseo, las fantasías, el fetichismo, el suicidio o la figura del padre, sino que también se encuentran viviendo una situación límite: el principio de la Segunda Guerra Mundial:

Sigmund Freud está en Londres, pues viene huyendo de Viena donde han quemado sus libros, y Lewis devela su cercanía con la muerte en el campo de batalla donde vio morir a sus amigos despedazados. Ambos temen los bombardeos y sobre ellos se cierne la negrura de la devastación. El autor expresa a través de las intervenciones en el radio, la amenaza exterior y escuchamos también las sirenas, arribo de trenes y un toque de queda que los obliga a ponerse las máscaras anti-gas. Son momentos dramáticos que rompen la discusión y los enfrentan con su realidad amenazante frente a la cual comparten el miedo y el compromiso hacia el otro.

José Caballero dirige la puesta en escena de La última sesión de Freud, por segunda ocasión, producida también por Jorge Ortiz de Pinedo. Hace un par de años estuvo en cartelera en el Teatro Helénico con otro reparto y ahora nos sorprende con una propuesta soberbia: más ácida, intensa e impactante, con énfasis en el humor. Caballero mantiene un trazo conciso y certero, apoyado con la escenografía  realista y la iluminación de Alejandro Luna.

La última sesión de Freud es una atractiva puesta en escena que nos invita a adentrarnos en el mundo de las ideas de dos pensadores del siglo XX, y a ver cómo se enfrentan con la perspectiva de la muerte y la guerra, para hacernos vibrar y reflexionar sobre nuestro presente y nuestra finitud.

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