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Modelo educativo: de Juárez y Ariel al “mejor vendedor de empanadas”

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A finales de octubre, un joven se hizo famoso a través de un video que se viralizó en redes sociales, gracias a un guión memorizado de operaciones aritméticas y nociones de mercadotecnia expuestas con picardía para vender empanadas. El caso fue abordado por los medios de comunicación, hubo ofertas de beca y luego versiones un tanto atropelladas de su condición personal y familiar que fueron dejando atrás su ingenio y carisma. Episodio efímero, como casi todo lo viral.

Él y su familia tienen derecho, como todos, a la intimidad. Sin embargo, la historia se apagó en un despliegue informativo que, entre otras cosas, reveló que el joven no asistía a la escuela y, según su familia, “estudiaba en casa”, algo que es asunto privado y por tanto, incontrovertible.

Lo que sí es cuestionable es que la SEP, al implementar el “Nuevo Modelo Educativo”, presentado en marzo pasado por el presidente Enrique Peña Nieto y el titular de Educación, Aurelio Nuño, tome al llamado “mercadólogo del futuro”, como “el ciudadano del Siglo XXI” y modelo a formar en la escuela pública.

En documento titulado “La ruta de mejora escolar”, elaborado para orientar a los maestros en una “Fase Intensiva” de aplicación del modelo educativo peñista, tiene un capítulo titulado “El perfil de egreso en la educación obligatoria”, donde el protagonista del video “El mejor vendedor de empanadas del mundo”, es considerado “ciudadano del siglo XXI”, sobre el que los profesores de primaria deben realizar un amplio ejercicio y encontrar los “rasgos, conocimientos, habilidades y actitudes” (no aptitudes) para determinar los retos escolares.

El niño vendedor de empanadas, un ejemplo para la SEP.

El niño vendedor de empanadas, un ejemplo para la SEP.

En este sexenio, desbordado de ignorancia y desprecio por el conocimiento y las finas disciplinas de la cultura, hay como nunca una reacción natural a lo viral, tanto que ya se han documentado los ejércitos y granjas de ataque a los críticos, así como el posicionamiento de temas en medio de crisis.

Pero de eso –con todo y lo reprobable que es la represión virtual y el intento de manipulación a la opinión pública– a incorporar un episodio viral como elemento relevante de una política pública de especial relevancia sexenal –o al menos planteada así a costa de muertos, heridos, presos, torturados y desempleados–, hay una diferencia que va más allá de montarse a la tendencia, al “tren del mame” que le dicen, pues implica una exhibición de la escasa calidad política, administrativa y metodológica de quienes tienen a su cargo la educación de la infancia.

Este modelo educativo pasó del culto a Juárez –el niño pobre, indígena, que estudió y se superó hasta ser Presidente— que se inducía en la primaria del pasado, y de la lectura del Ariel de José Enrique Rodó –que con el entrañable Próspero, ilustraba la virtud de Ariel frente al materialismo de Calibán— que leíamos en secundaria, a tener por ideal a un joven vendedor ambulante que no asiste a la escuela.

Quizás no es de extrañar, cuando el propio secretario de Educación se ha viralizado por su persistente convocatoria a “ler”, corregida por una pequeña en noviembre, o por confundir astrología con astronomía el pasado lunes, episodios que, a la luz de los hechos, ya no pueden pasar por desliz y ante los cuales sólo queda esperar que la huella que Nuño y Peña Nieto dejen en el sector educativo, sea tan efímera como cualquier “tren del mame”.

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