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El jugador del América que se negó a ser desechable

Carlos Sánchez se formó como futbolista profesional desde las fuerzas básicas del América hasta que se integró como jugador. En 2008, durante un partido, chocó con un jugador contrario y a partir de entonces su estado de salud se fue agravando hasta que sufrió un infarto cerebral. Pese a las promesas del equipo y sus directivos –incluido el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga–, se le escatimaron las atenciones médicas, no fue inscrito en el Seguro Social y, finalmente, se le demandó por un presunto fraude procesal.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A nueve años de haber sufrido un infarto cerebral durante un entrenamiento con el Club América, lo cual lo incapacitó de por vida, la situación legal del exfutbolista Carlos Alberto Sánchez Romero dio un viraje insospechado: ahora es buscado por la justicia por una millonaria demanda que emprendió su anterior patrón, el equipo propiedad de Televisa.

El exjugador que en 2010 firmó un convenio con Grupo Televisa para desistirse del juicio que inició contra el Club América ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) porque la directiva se niega a cubrir las cuotas de sus jugadores, enfrenta una denuncia por fraude procesal promovida por el equipo, al extremo de que el Ministerio Público giró dos órdenes de aprehensión en su contra sin previa notificación.

Se trata de la denuncia interpuesta por América el 9 de octubre de 2015. El despacho de abogados que defiende al exfutbolista la descubrió por azar 11 meses después, en septiembre de 2016, durante una búsqueda realizada en internet, revelaron el litigante Alfredo Massad y Sánchez Romero.

De acuerdo con la acusación radicada en la Fiscalía Desconcentrada en Cuauhtémoc 4 (Agencia Investigadora del MP CUH-4), en la averiguación previa FCH/CUH-4/T2/00627/15-10, el club de Emilio Azcárraga Jean pretende que Sánchez Romero le pague 13 millones y medio de pesos.

El equipo acusa a Sánchez Romero de haber cobrado doble salario como “jugador” durante su segundo ciclo contractual con el club. Pero el inculpado rechaza los señalamientos al sostener que cuando firmó el segundo convenio laboral lo hizo en su carácter de asesor técnico de futbol, actividad por la que percibió 30 mil pesos mensuales, a diferencia de los 120 mil que cobró en su última etapa de futbolista.

En la querella América desacredita al imputado; asegura que “nunca fue un buen jugador”, pese a que formó parte del club desde su ingreso a las fuerzas básicas, en 1986, hasta diciembre de 2010, cuando la empresa y el agraviado convinieron ponerle fin a su contrato de prestación de servicios profesionales.

Por parte del América firmó tal convenio la sociedad Televisa Talento, S.A. de C.V., representada por Jorge Lutte­roth Echegoyen y José Antonio Lara del Olmo, y por la otra parte Carlos Alberto Sánchez Romero, que en el documento se designa como “el jugador”.

Entre las cláusulas del referido documento, del que Proceso tiene copia, Televisa Talento “se compromete por sí misma, o a través de cualquiera de sus empresas filiales, a celebrar un Contrato de Trabajo con el Jugador por una vigencia de dos años, corriendo del 1 de enero de 2011 al 31 de diciembre de 2012, fechas que comprenden los próximos cuatro torneos de la Liga Mx, llamadas de Apertura y Clausura, y siendo éste el motivo de la contratación del jugador para que, de acuerdo a sus posibilidades, brinde asesoría técnica a la empresa que se establezca en dicho contrato”.

También se acuerda “como salario la cantidad bruta de 30 mil pesos mensuales, con prestaciones que señala la Ley Federal del Trabajo, así como la inscripción al Instituto Mexicano del Seguro Social e Infonavit, al término del cual se firmará un nuevo contrato, por el mismo periodo, tomando en consideración las posibilidades del jugador”.

Con el título de entrenador que obtuvo de la Federación Mexicana de Futbol en diciembre de 2012, Sánchez Romero firmó formalmente el convenio con el equipo América el 13 de enero de 2011 como asesor técnico de futbol a través de la empresa denominada Corporatel S.A. de C.V., también de Grupo Televisa, la cual le asignó el número de empleado 1201719.

Por la compañía contratante firmó el representante Mario A. García, acusado por Sánchez Romero de haberle entregado sólo una parte del documento de este acuerdo, según consta en el oficio que el abogado de la televisora turnó al exfutbolista el 13 de enero de 2011: “Estimado Carlos: adjunto al presente encontrarás (1) un tanto en original del convenio que celebraste con Televisa Talento, S.A. de C.V., en relación a los servicios de asesoría técnica”.

Casi un año tardaron Sánchez Romero y su grupo de abogados en denunciar la inesperada querella por fraude procesal. El litigante Alfredo Massad, quien defiende al jugador, ya inició las medidas cautelares con la finalidad de asegurar que no se sustraiga la acción de la justicia ni se ponga en riesgo la integridad física de su representado.

“La denuncia por fraude procesal en contra de Carlos Alberto Sánchez fue presentada desde octubre de 2015, pero la descubrimos por casualidad en septiembre de 2016 mientras revisábamos información en internet. Luego, por medio de una investigación, detectamos que el Ministerio Público de la Delegación Cuauhtémoc ya había solicitado dos órdenes de aprehensión en contra de Carlos Alberto Sánchez, una en febrero y otra más en agosto pasado”, relata Massad.

A decir de Massad, América realizó un peritaje contable para sustentar su versión de que se cometió fraude procesal porque Sánchez Romero ya había cobrado las cantidades demandadas. Sin embargo, sostiene que eso “es absolutamente falso. América denunció a Carlos después de otorgarle su finiquito como jugador, y resulta que la demanda laboral que posteriormente promovió Carlos Sánchez no fue presentada en su carácter de futbolista, sino como asesor técnico, es decir como personal administrativo del equipo de futbol”.

El litigante agrega que el equipo despidió “injustamente” a Carlos Sánchez a mediados de 2013, “por lo que sólo estuvo seis meses trabajando”. Aun así, ilustra, América le dice: “Ahora te voy a demandar porque ya no tienes derecho a pedirme indemnización; ya te pagué”, pero esta acción del equipo se hizo “infringiendo la ley, justificándose a través de un falso derecho y utilizando además una herramienta que el antiguo sistema permitía: la averiguación previa. Actualmente no es así.

“Ahora el Ministerio Público tiene que demostrar que notificó al acusado y que éste no se presentó. Sin embargo, utilizaron esa laguna del derecho para meterse por ahí: ‘Pido de una vez la consignación y cuando te tenga adentro (de la cárcel, te digo) desístete de cualquier acción y te saco’”.

Para Massad, la cantidad exigida por América es irrisoria porque a Carlos no le dieron esa indemnización como futbolista. “La realidad es totalmente diferente”, dice.

En el convenio con que América da por concluido su vínculo contractual con el entonces jugador a partir del 31 de diciembre de 2010, el club dispone el pago de 6 millones de pesos a Sánchez Romero como “una gratificación especial”. Las partes también convienen en dejar sin efecto cualquier otro acuerdo, verbal o escrito, celebrado con anterioridad.

Pero las cuentas del América no cuadran, porque el segundo contrato entre el club y Sánchez Romero, en su faceta de asesor técnico, tuvo una vigencia mínima.

Negligencia y simulaciones 

Sánchez Romero formó parte del América 22 años, desde sus fuerzas básicas. Durante el partido de cuartos de final de la Copa Libertadores frente a Santos de Brasil, el 15 de mayo de 2008, recibió un golpe en la espalda, tras chocar con el adversario Mariano Trípodi. El americanista cayó en mala posición y se golpeó en la cabeza, por lo que fue reemplazado 10 minutos después del encontronazo.

Al momento, Sánchez Romero sólo recibió la asistencia médica en el Estadio Azteca, pero no fue trasladado al hospital pese a los fuertes dolores que sufría. Tres meses después, el 12 de agosto, en pleno entrenamiento, sufrió un infarto cerebral que lo alejó de por vida de la práctica del futbol a raíz de complicaciones que el afectado y su abogado defensor, Alfredo Massad, atribuyen a una deficiente atención del cuerpo médico americanista.

Ante su incierto futuro fuera de las canchas y los incumplimientos del propietario del equipo, Emilio Azcárraga Jean, quien le había prometido darle las atenciones médicas y recursos a su alcance, Sánchez Romero presentó una denuncia contra América ante el IMSS, de la que se desistió tras la firma del primer convenio.

La segunda oferta laboral de América únicamente empeoró la tensa situación. La sorpresiva denuncia del equipo surge cuando Sánchez Romero y sus abogados esperan el fallo del Juzgado de Primera Instancia en Materia Civil de la Ciudad de México, en la denuncia por daño moral contra Corporatel que presentaron el 10 de julio de 2015.

“A raíz de estas acciones legales emprendidas para no quedarme sin exigir justicia y por levantar la voz, América acometió pretendiendo ingresarme directamente al reclusorio de manera dolosa, en una situación desleal y deshonesta, buscando perjudicarme todavía más, no conforme con haberme dañado y propiciado el fin de mi carrera deportiva. La directiva de este equipo también ha afectado mi vida exponencialmente”, afirma Sánchez Romero en entrevista.

“El error crítico que América cometió contra mi persona y que me acompaña para siempre es la forma en la que intenta encubrirlo con este tipo de acciones desleales”, enfatiza.

Massad detalla que el equipo le provocó daños a su jugador “por simples omisiones, al no brindarle la atención médica y el apoyo necesarios, que debió prever y no lo hizo. Esto ocasionó el infarto cerebral a mi cliente, a pesar de tratarse de una institución que alberga a jugadores de alto rendimiento. No conforme con esto, ahora resulta que América denunció penalmente a Carlos Sánchez fabricándole un fraude procesal.

“El equipo está confundiendo una figura con otra y se está apoyando en supuestas figuras o hechos para defender un injusto derecho. En otras palabras, el club denuncia a su exjugador con la excusa de que ya le pagó.”

Massad sostiene, en primer lugar, que el club americanista no indemnizó a Carlos Sánchez como trabajador. “América reparó el daño para que su exfutbolista se desistiera de la denuncia, porque tenía derecho al Seguro Social, y lo indemnizó por una omisión del club durante el tiempo en que Carlos fue su jugador. En segundo lugar, no hay una indemnización como empleado. Por eso no hay fraude procesal. Lo más sorprendente es que el acusado no fue notificado formalmente, siendo que ya había notificaciones expresas contra él. No hay constancias de las notificaciones porque el objetivo era consignarlo con la firme intención de perjudicarlo”.

En entrevista, el exjugador recuerda que en diciembre de 2010 llegó a un acuerdo con el América a cambio de desistirse de la denuncia que interpuso ante el IMSS porque nunca lo dieron de alta como trabajador.

“Me ofrecieron el cargo de asesor técnico, simulado en una especie de pensión, porque al no contar con Seguro Social el equipo se comprometió a absorber esa parte, en teoría. Así quedó plasmado en el convenio en el que me crearon ese cargo para que me fuera desarrollando en sus equipos, que para entonces incluían al Necaxa y al San Luis, o en el mismo América ya como entrenador”, relata Sánchez Romero.

Para eso se firmó el segundo contrato, ya sin los derechos y obligaciones de un futbolista profesional. “Me pagaron mis salarios y las atenciones médicas se valoraban conforme a la situación de mi estado de salud, porque unas veces los costos disminuían y otras se incrementaban. Sin embargo, cuando llegó el momento de firmar el segundo periodo laboral, de manera abrupta y unilateral el equipo me despidió sin respetar el convenio firmado que tenemos”.

Según Sánchez Romero, el América le exigió terminar su curso de entrenador de futbol como única condición para integrarlo en el nuevo puesto y obtener una mejoría económica. “Pero no sólo me bloquearon en la segunda etapa laboral, sino que ahora buscan otra manera de perjudicarme”.

Expone: “Todavía le pedí al abogado del equipo, Mario A. García, que me permitiera hablar con Emilio Azcárraga Jean, quien expresó que yo sería gente de casa, que tendría las puertas abiertas para continuar desarrollándome en mi nueva faceta. Pero el abogado del club objetó de inmediato: ‘¿Quién crees que nos dio la orden? Casualmente, trabajamos para el dueño del club’. Abiertamente, este licenciado me dijo que ellos ya habían cumplido conmigo”.

No obstante, el exfutbolista y su abogado insisten en que hubo negligencia médica de los doctores del América, Alfonso Díaz y Joaquín Velázquez, en complicidad con los directivos Michel Bauer y Yon de Luisa, respectivamente presidente y vicepresidente del club, a quienes acusa de negarse a autorizar los trámites de sus estudios clínicos.

Por secuelas del infarto cerebral, Sánchez Romero no puede mover bien sus extremidades y deberá tomar anticoagulantes el resto de su vida. “Además de ser amenazado y engañado por el equipo, perdí la tranquilidad de llevar una vida normal. Ya cambió totalmente la forma en que tenía concebida mi vida; me la cambiaron América y sus abogados de una forma totalmente drástica. Me siento totalmente bloqueado por Televisa, propietaria del equipo y la empresa más importante que maneja el futbol mexicano.

“Ahora ya no sólo temo por mi vida, sino también por mi libertad”, admite.

Al respecto dice Massad: “Con lo anterior (la acusación de fraude procesal), el club sigue actualizando el daño moral, que continúa firme al tratarse de un ejercicio de derecho tan incipiente, tan beligerante, tan irresponsable contra Carlos Sánchez. América continúa ese detrimento a la afectación de sus bienes patrimoniales”.

Este reportaje se publicó el 20 de agosto de 2017 en la edición 2129 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Reportero con 30 años de experiencia en temas deportivos, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha cubierto Copas del Mundo de Futbol, Gran Premio de Fórmula Uno, peleas de boxeo de título mundial, mundiales de ciclismo, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos.

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