Godzilla o el imperio estadunidense

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Alegoría del poder devastador de los Estados Unidos, “el monstruo-saurio mutante” Godzilla fue creado por el cineasta japonés Ishirõ Honda (1911-1993), como evocación aterradora de las bombas atómicas sobre Nagasaki e Hiroshima en agosto de 1945.

“Godzilla es hijo de la bomba atómica. Es una pesadilla surgida de las tinieblas del alma. Es la bestia sagrada del Apocalipsis. Mientras la arrogancia humana exista, Godzilla sobrevivirá”, declaró el productor de las películas de este fenómeno cinematográfico en Asia, Tomoyuki Tanaka (1910-1997), director de los estudios Toho, al historiador fílmico David Kalat.

Godzilla es el título que los estadunidenses dieron a la película japonesa de 1954 (apenas después de relanzarse King Kong y la cinta hollywoodense La bestia de 20 mil brazas en Japón), que costó la friolera de 60 millones de yens. En japonés original se llamó Gojira a la cinta, “apodo de un agente de prensa obeso en los estudios Toho, combinando las palabras gorira (gorila) y kujira (ballena)”, a decir de William M. Tsutsui, hitoriador de la Universidad de Kansas, para quien la génesis de Godzilla se vio “asimismo condicionada por tensiones de la Guerra Fría y las preocupaciones de la era nuclear”.

En marzo de 1954, el atunero japonés Daigo Fukuruyu Maru (Dragón de la suerte) navegaba por aguas cercanas al Atolón Bikini, donde los gringos efectuaban pruebas nucleares, quedando la tripulación expuesta a cantidades masivas de radiación, al punto de que un miembro murió y la noticia fue catalogada como “el último bombardeo de EU al Japón” por la prensa local.

La película de horror Gojira comenzaba con una referencia directa al incidente del Dragón de la suerte. El monstruo pariente de los dinosaurios “despierta” en 1954 reactivado por la radiación; emerge con su cabeza cual hongo letal desde las profundidades del mar y, furioso, emprende ataques nocturnos a la ciudad de Tokio sin que ejército ni policía puedan frenarlo. La destrucción es mostrada de manera tan brutal en el filme, que hizo recordar a los espectadores los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y las masacres de Hiroshima y Nagasaki.

Cuando la cinta Gojira se proyectó en Estados Unidos hacia 1956 (rebautizada Godzilla, Rey de los monstruos), buena parte de las alusiones al sentimiento anti-imperialista yanqui fueron suprimidas (el editor Joseph E. Levine le quitó 40 minutos a la original) y, para colmo, se agregó al actor Raymond Burr (Perry Mason) como un periodista atestiguando la destrucción de Tokio por las garras del gigantesco monstruo reptiliano de ciencia ficción y sus bocanadas de llamas atómicas azotando la población nipona.

Toho creó 28 películas de Godzilla hasta 1975, y en 1984 la franquicia se renovó para comenzar el nuevo siglo con Godzilla 2000: Millenium y Las guerras finales de Godzilla (2004). En opinión del catedrático Tsutsui:

“A través de la saga que comenzó en 1954 con Gojira, observamos una expresión constante de los sentimientos en contra del imperio norteamericano y al mismo tiempo un fuerte sentido de orgullo en los logros del Japón.”

No obstante, son películas que sugieren el fracaso de las figuras tradicionales de gobierno en tiempos de crisis, “al poseer un subtexto mucho más oscuro y conservador, incluso reaccionario”. Godzilla fue el monstruo favorito en la infancia de Guillermo del Toro, realizador mexicano de cintas de terror, y según declaró la actriz Mia Farrow en una ceremonia de los Oscar, su película consentida. Pero como señaló Ishirõ Honda, quien colaboró en la dirección de Sueños con Akira Kurozawa (1910-1998), sobreviviente del terremoto de Tokio y Yokohama en 1923:

“Los monstruos son seres trágicos. Nacen demasiado altos, fuertes y pesados. No son malos por convicción. Esta es su tragedia. No atacan a las personas porque deseen hacerlo; pero debido a su tamaño y poderío, la humanidad no tiene otra salida mas que defenderse. Las personas terminan sintiendo simpatía por ellos y los protegen.”

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