Canadá: la extrema derecha sale de las sombras

MONTREAL (apro).— El clima de xenofobia en Estados Unidos y la llegada de miles de solicitantes de refugio, han detonado en Canadá –y particularmente en la provincia de Quebec– las manifestaciones públicas de los grupos de extrema derecha.

Estos colectivos –minoritarios, pero con años de existencia en este país– están encontrando un ambiente propicio para salir de sus espacios tradicionales –internet, pequeñas poblaciones, bares, conciertos- y expresar mensajes cargados de intolerancia.

Grupos como La Guardia Aria, La Coalición Internacional contra el Islam y Los Soldados de Odin, están presentes en las provincias anglófonas, mientras que La Manada, La Federación de Quebequenses Originarios, Atalante y otras asociaciones actúan en Quebec.

De acuerdo con un estudio elaborado por Barbara Perry, del Instituto Universitario de Tecnología de Ontario, y Ryan Scrivens, de la Universidad Simon Fraser, hay más de un centenar de grupos canadienses de extrema derecha, sobre todo en Columbia Británica, Alberta, Ontario y Quebec.

Según Perry y Scrivens, algunos de estos colectivos están conformados por un puñado de individuos, mientras que otros tienen a cientos e incluso miles de miembros. El más numeroso es La Manada: su grupo cerrado en Facebook ha llegado a contar con más de 50 mil seguidores y ha logrado convocar a cerca de 500 de personas en manifestaciones públicas.

No toda la extrema derecha en Canadá es homogénea: hay neonazis, ultranacionalistas, fundamentalistas cristianos, entre otros. Sin embargo, sus grupos comparten varios elementos comunes. Muestran rechazo a una o varias comunidades: musulmanes, judíos, personas LGBT, inmigrantes africanos y asiáticos.

También los pueblos indígenas están en el radar: el pasado 1 de julio, fecha que marcó los 150 años de la fundación del país, miembros de una comunidad autóctona organizaron en Halifax una ceremonia para recordar los crímenes cometidos por el colonialismo canadiense. Los participantes fueron confrontados por seguidores de Juventud Orgullosa, agrupación que se define como defensora de los “valores occidentales”.

Este punto es también un rasgo general: las supuestas amenazas hacia la población “blanca”. Otros más son el recelo a la clase política y a los principales medios de comunicación y la simpatía por agrupaciones de otros países, como el Frente Nacional en Francia y Amanecer Dorado en Grecia.

Para Maxime Friset, miembro del Centro de Prevención de la Radicalización de Quebec, el clima político en Estados Unidos ha hecho ganar confianza a estos grupos, ya que sienten que sus reivindicaciones ganan legitimidad. Así, los discursos del presidente estadunidense, Donald Trump, y los recientes incidentes en Charlottesville, Virginia, han dado un espaldarazo a la extrema derecha canadiense. A este respecto, la prensa ha reportado que algunos miembros de estas agrupaciones estuvieron presentes en Charlottesville.

“Remigración”

Desde finales del año pasado, miles de individuos han cruzado de Estados Unidos a Canadá para solicitar refugio. En un primer momento de esta ola migratoria, la mayor parte de estas personas eran de confesión musulmana y provenían de países de África y Medio Oriente. Sin embargo, en las últimas semanas han llegado sobre todo haitianos, quienes temen ser deportados de suelo estadunidense. El mayor número de estos cruces fronterizos ha tenido lugar en la provincia de Quebec. De acuerdo con datos del Ministerio de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá, en 2015 hubo 2 mil 920 peticiones de refugio en Quebec, 5 mil 505 en 2016 y 6 mil 505 entre enero y junio de este año. Asimismo, en las últimas semanas, el promedio ha sido de 200 solicitudes por día.

Grupos de la extrema derecha han aprovechado esta coyuntura para expresarse públicamente, acusando a las autoridades de propiciar un escenario caótico y peligroso para la sobrevivencia de lo que ellos consideran sus pilares de identidad. De la participación en pequeñas reuniones, recorridos por las poblaciones para apoyar a itinerantes “blancos” y actividades en el ciberespacio, estos colectivos han pasado a organizar manifestaciones y a pegar carteles con la palabra “remigración”, término que se emplea para referirse a la vuelta de los inmigrantes a sus países de origen.

El pasado 6 de agosto, unas 300 personas realizaron frente al estadio olímpico de Montreal, uno de los sitios de acogida, una manifestación para expresar su apoyo a los recién llegados. Grupos de la extrema derecha convocaron a un acto de protesta en el mismo lugar, pero la reunión fue anulada por la policía ante el riesgo de enfrentamientos.

Sin embargo, el 20 de agosto, el colectivo La Manada se manifestó en las calles de la ciudad de Quebec para mostrar su rechazo a la acogida de solicitantes de refugio. Asociaciones antirracistas iban a comenzar una marcha paralela, pero provocaron actos vandálicos y las fuerzas del orden detuvieron a algunas personas.

¿Por qué hay un alto número de grupos de extrema derecha en la provincia de Quebec? Friset responde que hay que considerar ciertos elementos de la lucha por la independencia. La mayoría de los soberanistas defiende su causa desde canales moderados, pero algunos individuos culpan a los inmigrantes del fracaso de esta empresa y, a su vez, los ven como una amenaza para la sobrevivencia de una idea específica de nación.

Otro factor citado por Friset es que, desde hace varios años, hay un debate político sobre la laicidad en las instituciones públicas. El problema es que los grupos de extrema derecha exponen planteamientos alejados de la realidad. Por ejemplo, afirman que la ley islámica tendría cabida dentro de la sociedad quebequense.

Perry y Scrivens señalan en su estudio que las fuerzas policiacas y los servicios de inteligencia canadienses han minimizado el riesgo de estos grupos durante años, ya que han preferido concentrarse en el yihadismo. Sin embargo, las cifras indican que la amenaza de la extrema derecha es de importancia. De acuerdo con Canadian Incident Database, del 2001 al 2015 estos colectivos participaron en 64% de los incidentes discriminatorios a personas e instituciones. Al parecer, la poca atención gubernamental está cambiando.

“Cualquier grupo o individuo que vea a la violencia como una forma legítima de expresión política, incluyendo a los que apoyan el extremismo de derecha, es preocupación para nosotros”, declaró la semana pasada al diario The Globe and Mail de Toronto un representante del Servicio Canadiense de Inteligencia y Seguridad.

De hecho, han ocurrido actos vandálicos en mezquitas y sinagogas. El pasado 29 de enero, Alexandre Bissonnette ingresó en la mezquita de la ciudad de Quebec con armas de fuego. Mató a seis personas e hirió a ocho. Las pesquisas indicaron que Bissonnette simpatiza con la extrema derecha. Los grupos de esta ideología expresaron que nada tenían que ver con el ataque. Sin embargo, han favorecido la difusión de mensajes de odio hacia los musulmanes durante años. “Quema tu mezquita local”, aparecía en las calcomanías que ha pegado la agrupación Atalante en varias poblaciones de Quebec, a manera de ejemplo.

Días después de la masacre, el Parlamento canadiense aprobó una moción que condena los actos de islamofobia. Miembros del grupo La Manada marcharon para reprobar esta decisión, ya que según ellos limitaba las críticas hacia el islam radical.

Odio en la red

El Centro de Prevención de la Radicalización de Quebec –con sede en Montreal– ha tenido un aumento considerable respecto a llamadas vinculadas con la extrema derecha. En 2016 fueron 52, en lo que va de este año la cifra alcanza 183 (23% de las llamadas totales).

Las expresiones de odio también han ocupado amplios espacios en las redes sociales. Las páginas de Facebook y las cuentas de Twitter de estos colectivos difunden virulentos mensajes. El Centro de Prevención de la Radicalización de Quebec anunció hace unos días su intención de abrir una antena en esa ciudad, capital de la provincia. Poco tiempo después, Herman Deparice-Okomba, director de esta institución, recibió amenazas en internet. Deparice-Okomba ha comentado que contactará a la policía para que inicie una investigación.

Maxime Fiset trabaja en el Centro de Prevención de la Radicalización de Quebec atendiendo a las personas que llaman para pedir apoyo por el temor de que algún familiar o amigo se radicalice por motivos religiosos o políticos. Fiset conoce el tema en carne propia: fue un reconocido militante de la extrema derecha. Cuenta que comenzó a simpatizar con estas ideas a los 17 años.

“Desconfiaba de los anglófonos, pero luego llegó el odio racial y la creencia en una serie de teorías de la conspiración. Detestaba sobre todo a los quebequenses que no compartían mi visión de la pureza de la nación”, afirma. Posteriormente, fue fundador de La Federación de Quebequenses Originarios.

Hace cinco años, Fiset tuvo una hija con su pareja: “Comencé a hacerme preguntas sobre el mundo en el que le tocaría vivir. Me fui alejando de mis antiguas amistades, me inscribí en la universidad, tuve acceso a conversaciones y reflexiones más profundas. Me di cuenta que hay que buscar respuestas más elaboradas, investigar”.

Fiset añade: “La extrema derecha se nutre de cualquier contexto favorable. Cuando un debate social comienza a polarizar, los miembros de estos grupos aprovechan la oportunidad para hacerse escuchar y buscar nuevos miembros”.

Insiste sobre el rechazo de los grupos de extrema derecha a la ola de solicitantes de refugio: “Los temas migratorios pueden, por supuesto, debatirse de forma democrática. El problema es toda la cadena de argumentos que usan estos colectivos. Se nutren de noticias falsas y luego las difunden, hablan de inmigración ilegal cuando no es el caso. Las personas que cruzan la frontera de forma irregular siguen después los lineamientos que impone el gobierno. Las leyes son muy claras. La extrema derecha mezcla toda una serie de conceptos, desconfía de las instituciones, busca sembrar el miedo”.

Insiste, sin embargo, en que la inmensa mayoría de los canadienses no comulga con los extremistas. Menciona las grandes expresiones de rechazo entre muchos ciudadanos frente a los discursos de odio y, de igual forma, el hecho de que las manifestaciones para denunciar la intolerancia han sido más numerosas respecto a las convocadas por grupos como La Manada y Atalante.

David Morin, miembro del Observatorio sobre la Radicalización y el Extremismo Violento de la Universidad de Sherbrooke, señaló al diario La Presse que censurar a estas agrupaciones no sería la medida más efectiva. Es fundamental que las autoridades y los medios de comunicación expliquen los hechos de manera clara y precisa a la población, a modo de combatir la desinformación difundida por la extrema derecha.

Los principales actores políticos no han demorado en pronunciarse. Philippe Couillard, primer ministro de Quebec, declaró a propósito de las posturas de los extremistas sobre la ola de refugiados: “Tengo sobre todo confianza en los quebequenses. Ellos serán capaces de diferenciar entre quienes hablan seriamente y con conocimiento de causa de aquellos que dicen cualquier cosa y cuyas palabras buscan atizar la situación”.

Por su parte, el primer ministro Justin Trudeau, uno de los políticos más criticados por estas agrupaciones, ha pedido a los ciudadanos creer en los procedimientos migratorios para resolver la situación de los recién llegados. “Esa pequeña minoría, el grupo de racistas enojado y frustrado no define quiénes somos como país”, afirmó Trudeau ante un grupo de periodistas.

tm

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