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Los 150 años de la Nacional Preparatoria, una verdadera reforma educativa

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Además de ser ahora un consolidado espacio cultural para exposiciones y otras manifestaciones artísticas, el Antiguo Colegio de San Ildefonso resguarda la memoria del inicio del movimiento pictórico más importante del país: el muralismo mexicano.

Pero sus paredes albergaron también uno de los proyectos culturales esenciales del liberalismo del siglo XIX: La Escuela Nacional Preparatoria (ENP), por cuyas aulas desfilaron varias generaciones de jóvenes ya en los albores del siglo XX.

Destacan, por ejemplo, los nombres del poeta Octavio Paz, a la postre Nobel de Literatura; la pintora Frida Kahlo y su novio Alejandro Gómez Arias, quien fue un reconocido intelectual y periodista décadas más tarde; Alfonso García Robles, también Premio Nobel, aunque de la Paz; e impartieron clases el ingeniero Javier Barros Sierra, quien llegaría a ser rector de la UNAM, o el escritor Carlos Monsiváis.

Fundada el 2 de diciembre de 1867 en el marco de la Ley Orgánica de Instrucción Pública del Distrito Federal, promulgada por el presidente Benito Juárez, la ENP celebra 150 años de existencia. Con ese motivo se presenta la exposición Orígenes. 150 años de la Escuela Nacional Preparatoria, que estará abierta hasta el próximo 1 de septiembre, en su antigua sede.

Según información del propio Colegio de San Ildefonso, se trató del “proyecto educativo más ambicioso del siglo XIX” y desde su creación fue albergada por dicho recinto ubicado en la actual calle de Justo Sierra 16, Centro Histórico, que durante un tiempo fue conocido como el barrio universitario, pues alojó también otras escuelas de la Universidad Nacional, como la de Jurisprudencia y la de Medicina (http://www.sanildefonso.org.mx/expos/preparatoria/).

El edificio, se cuenta, ha sido protagonista y testigo de diversos acontecimientos en el devenir del tiempo. En 1968, durante el movimiento estudiantil, su puerta original de estilo barroco fue derribada de un bazucazo, durante la madrugada del 30 de julio de ese año por el Ejército.

Construido por la Compañía de Jesús, una de las instituciones religiosas más importantes de la Nueva España, fue testigo también en 1767 de la expulsión de los miembros de esa orden, ordenada por el rey Carlos III en todos los territorios del reino, incluidos los del continente americano.

Un siglo después el colegio abrió sus puertas como sede de la Escuela Nacional Preparatoria. Las clases comenzaron el 3 de febrero de 1868:

“Los espacios, que antes fueran para el alojamiento de los jesuitas, se adaptaron gradualmente en aulas, laboratorios y gabinetes. Se instalaron también un jardín botánico y un invernadero, así como un pequeño zoológico. La biblioteca se ubicó en la capilla y se construyó un observatorio. En la década siguiente, Gabino Barreda autorizó la realización de la obra El triunfo de la ciencia y el trabajo sobre la envidia y la ignorancia del pintor Juan Cordero, en el descanso de las escaleras, que años más tarde se demolió para instalar el vitral La Bienvenida. A principios del siglo XX, el último elemento arquitectónico construido para la preparatoria fue el Anfiteatro Simón Bolívar, a cargo del arquitecto Samuel Chávez.”

Proyecto positivista

Gabino Barreda fue el primer director de la ENP, nombrado por Juárez. Se cuenta en la historia de dicha instancia, compilada por la Universidad Nacional Autónoma de México, que hacia 1857 las principales escuelas de educación media y media superior estaban en manos del clero. Era el caso de los colegios mayores de San Pedro y San Pablo, y mismo San Ildefonso, donde prevalecía una preparación dogmática.

Al restaurarse la República, tras el fusilamiento del emperador invasor Maximiliano de Habsburgo, (acontecimiento que también cumple 150 años), Juárez encomendó al ministro de Justicia e Instrucción, Antonio Martínez de Castro, reestructurar la enseñanza.

La básica se declara entonces laica, gratuita y obligatoria, y se asienta, con base en lo establecido en 1861 por Ignacio Ramírez El Nigromante, entonces ministro de Juárez, que la educación depende en primer término de los maestros, a quienes se deben todas las consideraciones, pues desempeñan “la noble misión de sacar al pueblo del sepulcro de la ignorancia, para traerlo a la vida de la inteligencia”. (http://aridiuxhistorydelaeducaciondemexico.blogspot.mx).

La investigadora Guadalupe Muriel expone en un ensayo titulado “Reformas educativas de Gabino Barreda”, que Maximiliano intentó organizar la educación en México con una ideología liberal “que desconcertó a sus partidarios”. El caos político impidió que los proyectos tanto de un bando como del otro pasaran del papel a los hechos:

“Le tocó al ilustre médico positivista Gabino Barreda la elaboración del siguiente plan educativo. Barreda, estudiante de leyes, graduado en medicina y discípulo de Augusto Comte en París, ocupó el puesto de reformador de la educación mexicana bajo el gobierno juarista.”

Destaca además la historiadora, en su texto publicado en El Colegio de México:

“Al inaugurarse la Segunda República, México poseía una Constitución, la de 1857, integrada con las leyes de Reforma; un grupo de dirigentes, tal vez el mejor que ha producido la nación, formado por: Benito Juárez, Jesús González Ortega, Manuel Negrete, Guillermo Prieto, Lerdo de Tejada, José María Iglesias, Vicente y Mariano Riva Palacio, Justo Sierra, Porfirio Díaz, Antonio Martínez de Castro, Ignacio Vallarta, Ezequiel Montes, Francisco Gómez de Palacio y otros; una vida democrática y una libertad reales.” (http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/M54K4NDH6SPU6EUM33SCJQE36V31PB.pdf)

Luego añade que como resultado de las guerras la República estaba devastada económicamente y con muchos problemas, de comunicaciones, desigualdad social, insalubridad, abandono de niños y ancianos, entre otros:

“La instrucción y la enseñanza preocupaban particularmente al gobierno, porque de ellas se esperaba todo: la asimilación del indio, la redención del peón, rematar la victoria sobre la Iglesia, el éxito de la colonización, la sabiduría general del país y su vida internacional en un plan de igualdad con las demás naciones.”

Se nombró a Martínez de Castro como ministro de Justicia e Instrucción Pública, y se conformó un equipo plural, con positivistas, liberales y científicos, encabezado por Barreda, quien “se encontraba en plena madurez intelectual” y tuvo frente a sí la oportunidad de implantar las ideas positivas en la educación. Se elaboró así la ley del 2 de diciembre de 1867 para reglamentar la educación en el entonces Distrito Federal y los territorios mexicanos.

Educación enciclopédica

En ese contexto Barreda se encarga del proyecto de creación de la ENP. La ley contempló en su capítulo II la enseñanza secundaria y profesional. Se establecieron así las escuelas de Jurisprudencia, Medicina, Agricultura y Veterinaria, de Ingenieros, de Artes y Oficios, entre otras. Y se consideró la formación de la mujer “hasta donde era posible en la época”, refiere Muriel.

Enfatiza luego de citar las cátedras que se incluyeron en el plan de estudios, entre ellas los idiomas, latín, griego, francés, inglés, alemán e italiano; en la rama de matemáticas, aritmética, álgebra, trigonometría, cálculo infinitesimal; historia natural, general y nacional; literatura, poética, y elocuencia, entre otras:

“Esta escuela es la obra de Gabino Barreda, en ella concentró todo su saber, esfuerzo y por ella luchó con tenacidad hasta su muerte.”

El positivista resumía en un lema sus propósitos en la integración de ese plan, sigue la especialista:

“Saber para prever, prever para obrar”, pues para él todo era ciencia. Y el fin era una educación enciclopédica, concibió hasta el orden en cual debería impartirse cada materia y dio prioridad al método que le parecía más importante incluso que el conocimiento.”

En el sitio web de la ENP se relata que en la primera generación se matricularon 900 alumnos, 200 de los cuales eran internos del Antiguo Colegio de San Ildefonso. Y que su plan de estudios fue el resultado de fuertes controversias entre positivistas, católicos y metafísicos.

Muriel resume:

“Toda la reforma de Barreda representó una reacción violenta contra la educación tradicional, lo cual lo llevó al extremismo; al exceso de especulación metafísica en los estudios, reaccionó con el desecho total de ella; al cultivo exhaustivo de las humanidades clásicas, con su olvido absoluto; a los insignificantes estudios científicos, con el enfoque total hacia esas actividades; al método silogístico que imperaba en la investigación, con los métodos inductivos, la observación y la experimentación.”

La nueva institución educativa dio cabida a la clase obrera para la cual abrió cursos dominicales libres de física, química e historia natural y tuvieron tal éxito que la prensa lo destacó en su momento. Ya con Porfirio Díaz en la Presidencia, Ignacio Ramírez es nombrado secretario de Justicia e Instrucción Pública, se dice en el web de la ENP.

El 10 de marzo de 1881 murió Gabino Barreda “sin ningún reconocimiento de las autoridades gubernamentales del país”. No obstante, “en la biblioteca de la escuela, académicos, alumnos e intelectuales le rinden un impresionante homenaje póstumo”. Justo Sierra fue uno de los oradores del acto y destacó en su discurso:

“Tu espíritu aquí queda, mientras la Escuela Nacional Preparatoria viva, –y vivirá–, lo juramos en esta hora solemne, no llegará a apagarse la lámpara que hoy encendemos en tu tumba.”

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