La delegación mexicana en el congreso de las FARC

BOGOTÁ (apro).- Aunque la vocación latinoamericanista de la izquierda mexicana ha menguado con los años por la intensidad de la agenda interna y por el provincianismo de algunos de sus líderes, algo queda de ella todavía.

Al menos eso es lo que se vio en el congreso que realizó la semana pasada la exguerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para transformarse, luego de 53 años de guerra, en un partido político legal que se llamará Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común y conservará las siglas de la organización insurgente.

Fue un evento de trascendencia histórica no sólo para Colombia, sino para Latinoamérica entera, porque al convertirse en partido, las FARC terminaron de dar el paso de la política con balas a la política con votos. Con ello, se selló el fin del conflicto armado más prolongado de la región y se acabó la guerrilla más antigua y poderosa del hemisferio.

Todo eso ocurrió la semana pasada en el Centro de Convenciones de Bogotá, donde mil 200 exguerrilleros y exmilicianos de las FARC procedentes de todo el país, y en representación de unos 12 mil excombatientes, definieron los estatutos, plataforma, programa y nombre del nuevo partido: la FARC, en singular.

Ese acontecimiento contó, al igual que todo el proceso de negociaciones entre esa exguerrilla y el gobierno colombiano, con un fuerte apoyo y acompañamiento internacional.

En el congreso de las FARC estaban presentes 58 invitados procedentes de varios países de América Latina, Europa y Asia. Tres de ellos eran mexicanos: el coordinador nacional del Partido de los Trabajadores (PT), Alberto Anaya; el senador de ese partido, Benjamín Robles, y el secretario general de las juventudes del Partido de los Comunistas de México, Héctor González Baldizon.

Anaya, quien fue el primer orador en la ceremonia de instalación del congreso de las FARC, el domingo 27 de agosto, dijo que los objetivos agrarios y de justicia social que se plantearon las FARC al constituirse como guerrilla, hace 53 años, pueden ser conseguidos por la vía electoral con su transformación en partido político.

Este debutará en las lides electorales en los comicios legislativos y presidenciales del año próximo.

Anaya recomendó a los excomandantes y exguerrilleros de las FARC que se cuiden. “Guarden sus precauciones –les pidió–, porque la derecha fascista no renuncia a su apuesta por acabar con su proyecto revolucionario y a sus intenciones de querer asesinar a algunos de sus líderes”.

Cuando el dirigente del PT mexicano dijo eso, el segundo hombre en la jerarquía de las FARC, Iván Márquez, asintió varias veces con la cabeza. Él fue uno de los sobrevivientes del exterminio que sufrió en los años 80 la Unión Patriótica (UP), un partido político de izquierda surgido de un proceso de paz con esa guerrilla que, finalmente, resultó fallido.

Iván Márquez era incluso congresista de la UP cuando varios de sus compañeros de partido comenzaron a caer ejecutados, uno tras otro, por grupos paramilitares aliados a oficiales del Ejército, policías y agentes del DAS, la policía política.

En ese entonces, a fines de los 80, los escoltas de Iván eran, precisamente, agentes del DAS. Un día les dijo: “Déjenme en mi casa y mañana nos vemos”. Nunca más lo vieron. Esa noche, el congresista de la UP huyó al monte a reincorporarse a las filas de las FARC.

Hoy, tanto Iván Márquez como los excomandantes de esa exguerrilla son custodiados por sus propios hombres. Se trata de excombatientes que fueron habilitados como escoltas de la Unidad Nacional de Protección (UNP), como parte de los acuerdos de paz que firmaron con el gobierno en noviembre pasado. Además, cuentan con camionetas blindadas y con la protección de policías.

Pero Alberto Anaya insistió: “Cuídense mucho”.

Anaya, quien tiene relación con dirigentes de las FARC desde que esta exguerrilla tenía una oficina en México –cerrada por el gobierno de Vicente Fox, en 2002–, dice a Proceso que para Colombia y América Latina es “muy importante” que a esa organización le vaya bien en la política legal.

Eso, explica, llevaría implícito el mensaje de que es posible luchar por un ideario político en el marco de la legalidad y del sistema electoral.

Para el coordinador nacional del PT, el fin del conflicto armado con las FARC y la transformación de este grupo en partido político son hechos que tienen una dimensión regional.

“En México –afirma— no se valora esto. Yo creo que desde el gobierno de Ernesto Zedillo (1994-2000) ha habido una regresión en la política exterior de México. Vergonzosamente, dejamos de ser latinoamericanistas y dejamos de defender principios que nos dieron un gran prestigio en el mundo, como la no intervención en asuntos de otros países y la autodeterminación de los pueblos. Tuvimos un gran retroceso en esto”.

Espaldarazo internacional

En el congreso constitutivo de las FARC como partido político estuvieron también presentes representantes de las embajadas en Colombia del Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Chile y Cuba, entre otros países, así como invitados de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Ecuador, Brasil, Argentina, Uruguay, Perú, Grecia, Suiza, España, Portugal y varias naciones más.

El mexicano Héctor González Baldizon –secretario general de las juventudes del Partido de los Comunistas– y otros invitados internacionales no sólo solo estuvieron en el congreso fariano, sino que visitaron algunos de los campamentos donde los excombatientes de la organización hicieron su entrega de armas y donde ahora se capacitan en diversos oficios para incorporarse a la vida productiva.

Para González Baldizon, también integrante del comité internacional del Partido de los Comunistas de México, existen muchos puntos de confluencia entre las realidades de su país y de Colombia.

“En México sufrimos una colombianización desde el Plan Mérida (estrategia antinarcóticos que pusieron en marcha en 2008 los entonces presidentes George Bush y Felipe Calderón), que militarizó al país y se usó como pretexto para atacar al movimiento social para criminalizar a quien luchaba, y encima de todo no logró contener a los cárteles de las drogas”, asegura.

Eso, indica, “nos tiene en un escenario similar al que Colombia vivió hace 15 años, con masacres, fosas clandestinas y desapariciones forzadas”.
González Baldizon sostiene que el Partido de los Comunistas es aliado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y apoya a la candidata presidencial indígena de la exguerrilla del subcomandante Marcos, María de Jesús Patricio Martínez.

El congreso constitutivo del partido político de las FARC terminó el viernes pasado con un concierto en la Plaza Bolívar del Bogotá, epicentro del poder político en Colombia.

Allí estuvo presente Latinoamérica a través de los dirigentes políticos de toda la región que asistieron al evento y que se confundieron entre la muchedumbre que llenó la plaza.

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