Aeropuerto de Agualeguas, un proyecto comercial que fracasó

MONTERREY, NL. (apro).- El Aeropuerto de Agualeguas fue construido por disposición del presidente Carlos Salinas de Gortari, para revitalizar la tierra de sus ancestros.

Inaugurado a principios de los 90, el aeródromo, propiedad del Ayuntamiento, recibió en su pista de casi tres kilómetros al avión presidencial Emiliano Zapata, para las visitas que hacía su más ilustre figura histórica junto con su parentela, que pasaba las vacaciones de Semana Santa en este municipio rural del norte de Nuevo León.

Cuando terminó el sexenio salinista, hubo intentos por convertir el punto en un aeropuerto comercial, de carga y para pasajeros, con hangares y salas de espera, que diera servicio al estado y a los municipios de la frontera de Tamaulipas.

Las instalaciones, ubicadas a un par de kilómetros al norte de la cabecera municipal, fueron concesionadas en 1999 por 10 años, pero en esa década el predio de 63 hectáreas fue abandonado.

Para el 2012, la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) creó ahí una base estratégica para la región, y desde entonces llegan ahí aviones y también drones. El terreno, que fue dado inicialmente en comodato, fue posteriormente cedido en propiedad por el alcalde priista José Israel González Rodríguez.

Por ese tiempo, el entonces mandatario Rodrigo Medina contempló la rehabilitación de la pista dentro del plan estatal 2030. Sin embargo, ahora, el Aeropuerto Militar de Agualeguas no figura en ninguna proyección.

El actual edil panista, José Luis García Montemayor, considera que todo el manejo administrativo que se hizo de la instalación fue erróneo, pues el concesionario pagó por los derechos del lugar, pero no hizo nada sobre él. En toda esa década se aproximaron otros inversionistas que no pudieron echarle mano, porque alguien más tenía derechos sobre el lugar.

Luego se le entregó en regalo a las Fuerzas Armadas, cuando, a decir del munícipe, pudo haber un arreglo más beneficioso para la comunidad, pues no era necesario que el polígono fuera cedido en su totalidad.

De aquella época de esplendor, en la que llegaba el presidente con su gran avión, y el posterior plan de hacerlo punto aéreo para pasajeros y carga, no quedó nada. Ahora, el sitio está ocupado por soldados que resguardan al personal administrativo y aviadores de la FAM, institución dependiente, junto con el Ejército, de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Proyecto frustrado

Agualeguas, municipio de cinco mil habitantes ubicado 130 kilómetros al norte de la capital, ha sido tradicionalmente beneficiado por la cercanía de los Salinas. Ahí está el rancho el Guajolote, donde el expresidente sus hermanos y toda la parentela pasa las vacaciones. A Raúl, hermano del exmandatario, se le ve seguido en la casa familiar, ubicada en el casco municipal, sobre la calle Zaragoza, dicen los vecinos.

Por oficios de los antepasados funcionarios de la dinastía, el municipio fue de los primeros en el país de contar con electrificación y agua potable. Desde que Carlos era Secretario de Programación y Presupuesto de Miguel de la Madrid (1982-1988), hubo importantes contribuciones al poblado, como lo exhibe una placa en el exterior de la presidencia municipal, que describe más de 40 obras, principalmente de servicios primarios, que llegaron en tiempos del entonces funcionario presidenciable.

Instalaciones del aeropuerto de Agualeguas. Foto: Especial

Instalaciones del aeropuerto de Agualeguas. Foto: Especial

Ya como mandatario, Salinas construyó el Aeropuerto que le sirvió para acceder hasta el municipio de sus antepasados, donde pasaba sus vacaciones. El 26 de noviembre de 1990, hasta este municipio el priista se reunió con su homólogo George Bush y juntos acudieron al Lienzo Charro ahora llamado Adriana Margarita Salinas, hermana del mandatario.

Al finalizar el sexenio salinista, en 1994, el Aeropuerto quedó en desuso, recuerda García Montemayor, quien tiene en la pared de su oficina la foto oficial de CSG, como un santo patrono político. También están las de Enrique Peña Nieto, de Jaime Rodríguez y de Porfirio Díaz.

Recuerda que había planes permanentes por darle vida a la instalación, pues estaba desaprovechada y sólo se mantenía ahí un campamento de militares.

Al recordar los antecedentes del Aeropuerto, el alcalde panista menciona que, al pasar el auge presidencial, la pista era empleada únicamente por autoridades federales de Recursos Hidráhulicos, que llegaban en sus aviones pequeños a hacer trabajos en la presa Raúl Salinas Lozano.
El municipio le daba mantenimiento al área de los despegues. Eventualmente era utilizado por los lugareños como pista de carrera de autos. Luego, cuando la superficie no podía ser utilizada, algunos pilotos utilizaban la Carretera a Nogales para poder bajar en naves pequeñas. El municipio atravesaba a los extremos camionetas, para impedir la circulación de coches y ahí aterrizaban.

En 1999 el predio, patrimonio municipal, fue concesionado por diez años a Juan Manuel Padilla, un empresario del ramo de la aeronáutica. Pero la transacción que parecía ser un movimiento ganador para la prosperidad de la región, terminó en un experimento fallido.

El munícipe señala que el empresario pretendía construir hangares, torres e instalaciones para recibir vuelos de carga y de pasajeros.

Pero el hombre de negocios se retiró y la pista quedó como un terreno abandonado. Hubo inversionistas que llegaron con proyectos, pero no pudieron arreglar con la persona que tenía derechos vigentes y el Ayuntamiento perdió valiosas oportunidades, dice.

A lo largo de la década perdida, el municipio tuvo que colocar, sobre el pavimento, material de construcción, maquinaria y otros obstáculos para que no pudiera ser utilizada con propósitos ilegales.

Al terminar el plazo de la concesión, el municipio optó por ofrecerlo para su compra o renta. Se veía como una buena oportunidad de negocios, pues no hay instalaciones como esta al norte de Nuevo León. Pero nadie se interesó.

En el 2010, cuando se recrudeció la crisis de inseguridad en Agualeguas. En marzo de ese año, el jefe de la policía, Heriberto Cerda fue atrozmente asesinado. Desde entonces, desapareció Seguridad Pública municipal y hasta ahora no hay uniformados. Para labores preventivas, el Ayuntamiento se respalda con una unidad de 100 elementos de la Policía Rural, adscrita a la Secretaría de Seguridad Pública de Nuevo León.

La violencia ahuyentó a los inversionistas, que ni siquiera quisieron adquirir alguno de los terrenos aledaños, que también podrían ser usados para construir más área de despegue y aterrizaje.

Con Rodrigo Medina hubo un intento por revivir el Aeropuerto de Agualeguas, que fue incluido en el Plan estatal de desarrollo urbano Nuevo León 2030, publicado en abril del 2012. El documento, que buscaba generar proyectos para el desarrollo sustentable en la entidad, estaba enfocado en facilitar relaciones comerciales del comercio exterior.

El gobierno estatal pretendía crear un corredor agroproductivo con innovación tecnológica, como un eje de desarrollo alterno a la zona metropolitana de Nuevo León y a la cercana frontera con Estados Unidos. El aeropuerto de Agualeguas estaba destinado a facilitar este nuevo rol regional, en una zona donde se desarrollaría el ecoturismo, con varios pueblos mágicos.

Para entonces, se daba por hecho que ya estaba en marcha la reactivación del puerto aéreo, que daría servicio al transporte comercial y de carga, con un área de influencia que abarcaba hasta el norte de Tamaulipas.

El entusiasta proyecto contemplaba equipar el predio con torre de control, estación de bomberos, cuarto de máquinas, zona de combustibles, estacionamiento, vialidad interna, pistas de aterrizaje, plataformas, hangares de mantenimiento, salas de espera, vestíbulos, sanitarios, oficinas de gobierno y administración, estacionamiento para el público, equipo de telecomunicaciones, radar e instalaciones complementarias.

Sería la Secretaría de Comunicaciones y transportes (SCT) la que encabezaría el proyecto que contaría con aportaciones federales del Fondo nacional de Infraestructura (Fonadin).

Pero la proyección nunca despegó. Fue por esos meses, en que fue lanzado el proyecto estatal, cuando la administración municipal priista 2012-2015, con José Israel González, le dio la bienvenida a la Fuerza Aérea Mexicana, que se instaló en el aeródromo. El Ejército Mexicano fue el encargado de cuidar el área.

Fue el mismo alcalde el que, con aval del cabildo, cedió el terreno en propiedad al gobierno federal.

García Montemayor considera que, en lugar de entregar el terreno, se le pudo dar en comodato a Sedena, para que otros inversionistas pudieran usar alguna parte del terreno, tal vez en un costado de la pista, para que construyeran sus propias instalaciones alternas.

Sin embargo, hacer esas gestiones, ahora, sería difícil, pues es complicado negociar con las Fuerzas Armadas en el más alto nivel, que es donde se podría discutir la posibilidad de compartir el polígono.

“Creo que no se debió haber dado en propiedad. Está bien que el Ejército tenga el terreno y le dé seguridad, pues al dejarlo abandonado se puede hacer mal uso. Nosotros le poníamos materiales a la pista, para que no se usara de noche”.

“Lo hubiéramos cedido en comodato una parte, pero que nosotros también tuviéramos derecho para invitar a gente a invertir y que compartieran la pista. Sergio Salinas, el hermano del presidente, siempre nos decía: ‘Esa pista le va a dar vida a Agualeguas, si la terminan como debe ser’, pero así se quedó”, recuerda.

Una visita al exterior del Aeropuerto confirma que está en excelentes condiciones. Como cualquier instalación militar está resguardada por soldados, que explican que el acceso al lugar únicamente puede ser otorgado por los mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional.

El gobierno de Nuevo León señaló que el aeródromo no figura ya en ningún programa a futuro de la actual administración y está ausente del Plan estratégico del estado 2015-2030.

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