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Mariano Soto: “Mis años con El Tri”

CIUDAD DE MÉXICO, (apro).- A partir del jueves 31 de agosto, medios electrónicos difundieron el deceso de Mariano Soto, baterista de la banda de rock “El Tri” (con la cual grabó discos entre 1984 y 1988), de manera escueta, señalando que padecía “problemas de salud” y falleció de “un paro respiratorio”.

Desde Salt Lake City, Alejandro Alex Lora, el líder de ese conjunto que fundó en 1968 bajo el lema original “Three Souls in My Mind”, este jefe mayor de “El Tri” le dedicó a Soto la pieza “Cuando tú no estás” en un concierto estadunidense y manifestó condolencias: “Estamos consternados y sacados de onda de que el maestro se nos haya adelantado. Mariano era el más chavo de todos y siempre con buena actitud”.

(https://es-la.facebook.com/marianosotosimplemente/)

Para suerte de los fans, existen en red, audio y videos de pláticas muy suaves con él acerca de su trayectoria musical; una de ellas realizada el año pasado para “El templo del rock”, donde presenta al bataquero despidiéndose:

“Quiero que me entierren con ‘Moby Dick’ [rola de Led Zeppelin], y no me toquen ‘Las golondrinas’ ni ‘De qué manera te olvido’… Muchachos, sean felices, no se droguen, y si se drogan, no se gasten todo…”.

(https://www.youtube.com/watch?v=r9-42mu1D9Y)

Por entonces, el también profesor de la Academia de Música Fermata se declaró “humilde, carismático y muy sencillo”, “totalmente autodidacta”, en fin: un “simple obrero de la música”. También dijo que su modo de golpetear la “Triste canción de amor”, clásica de Alex Lora en el primer álbum cañonazo de “El Tri” Simplemente (Come Rock, 1985), lo tomó del estilo de John Bonham Bonzo en “La canción del inmigrante”, del LP Led Zeppelin III.

(http://www.youtube.com/watch?v=STygXjW9Wps)

Sin embargo, también reconoció estar “ensimismado” durante las sesiones del segundo álbum Hecho en México (al cual considera “malo” igual que el LP “pirata” de 1989 El Tri en el Hip 70, “muy buen documento histórico”, aunque “material muy didáctico de cómo no tocar en vivo”. Dijo haber bebido mucha cerveza, tener problemas de salud por ingerir alcohol durante aquel lustro glorioso de fama, y andar de “calavera, picaflor, infiel” hasta grabar el último LP que realmente disfrutó en “El Tri”: Niño sin amor (1986), y Otra tocada más (1987).

Hacia abril de 2012, Mariano Soto declaró:

“Mira, cuando yo toqué con ‘El Tri’ me dedicaba de tiempo completo a la composición. Disfruté de mis años jóvenes hasta que salí de la banda. Luego, después me reuní con ellos para la gira del 30 aniversario… Fue ahí cuando miré para atrás y vi como la música se había distorsionado totalmente; me di cuenta que todo el trabajo que hicimos al final no valió la pena, porque otros que se hacen llamar ‘músicos’, como Café Tacvba, llegaron y te quitan del centro. Aparte de eso, todavía dicen que tocan ‘rock’, [pero]en mis buenos tiempos el rock se tocaba bien. La gente ahora no sabe distinguir entre lo que es rock y lo que son cumbias y el problema es ese, que ahora con tanta variedad dizque ‘fusionada’ tienes que estar constantemente recordándole a la gente la manera en la que se toca tu género”.

Ruta de la onda

En el colorido libro estilo scrapbook conjuntado por Chela Lora en septiembre de 2014, Que viva el rocanrol Alex Lora (Producciones Lora, 235 páginas), existen dos fotos tomadas tres décadas atrás donde aparece el recién fallecido baterista Mariano Soto, mismas que hoy resultan memorables.

La de la página 116 muestra a Mariano con Lora, Arturo Labastida El papayo y Rafael Salgado El WEA, ilustración previa a la siguiente anécdota del gritón de “El Tri”, intitulada “Los apendejados”:

En una tocada, el pedal de la batería se madreó, y Mariano, el baterista, les gritaba a los secres por sus apodos: “¡Loquillo, Fantini, Chino!” Y ninguno le hacía caso porque estaban los tres cabrones clavados viendo a unas pinches viejas que estaban bailando en el desmadre del slam y ya enojado aquel cabrón empezó a gritar: “¡Pendejo, pendejo!”, y ahí fue cuando Loquillo reaccionó y le contestó: “¿Qué necesitas, mi niño?”

La primera de las dos fotografías en el orden de Que viva el rocanrol… es verdaderamente histórica, pues sirve para abrir el capítulo dedicado a la cervecería La Curva (que daría pie a la rola de Lora “Agua mi niño”, del primer gran LP Simplemente El Tri de 1984): ahí, en la página 98, festejan en brindis chelero Lora, Rockdrigo González, el músico tapatío Toncho Pilatos, el peliculero Sergio García y el armónica Rafael Salgado El WEA (por entonces apodado El Mayall), con la mano sobre el hombro de su cuate Mariano Soto, quien se ve sonriendo con mirada indulgente hacia el suelo, cual intuición de los buenos tiempos que estaban por venir para el rock nacional (luego de una década de censura gubernamental a la juventud tras el Festival de Avándaro 1971).

De Canadá a “El Tri”

El documento más significativo de su pensamiento en red corresponde a Ulysses Ozaeta desde Los Ángeles, California, durante la entrevista que sostuvieron por más de dos horas y transmitió La Cloaca Internacional, “Mariano Soto, de “El Tri” a la independencia profesional”.

(https://www.youtube.com/watch?v=Rdz0QpHlBDY)

Ahí nos enteramos de la primera pieza enseñada a Mariano en la guitarra por su hermano Juan Soto, “Because”, de Dave Clark Five.

(https://www.youtube.com/watch?v=1_FIAhjqqcE)

Por Juan dejó de estudiar en la Vocacional y se metió a la Escuela Superior de Música, tocando en el examen inicial la instrumental “‘Till There Was You”, de Los Beatles, en la lira. Soto canta: There were bells on a hill…

(https://www.youtube.com/watch?v=VeYSUPQVoRI)

Su primera batería fue una Mapex Rebel “negra de seis mil pesos” que le obsequió su madre y la segunda, una Ludwig (“de 29 mil y tantos pesos, todavía tengo la factura”), asimismo regalo de su mamá. Cuando Juan se lanzó a probar suerte musical a Montreal, Canadá, Mariano (ya casado y con un bebé) lo alcanzó permaneciendo un par de años allá, donde aprendió la esencia de las percusiones del rock gracias a un californiano de nombre Johnny…

A su regreso capitalino, consolidaron Living Soul con el bajista sinaloense José Luis Moreno, alias El blues, y comenzaron a actuar en el Wendy’s Pub de la glorieta Insurgentes en la Zona Rosa. Allí fue abordado por Rafael Salgado (El Mayall, El WEA), roadie o “secre” de Alex Lora con Three Souls in my Mind (“hijo adoptivo de mi mamá”), el cual cuidó a su chavito mientras estuvo lejos de su familia, en Canadá, y quien le concertó una tocada como baterista cuando una noche faltó a un compromiso el antiguo bataquero Charlie Hautvogel (compadre de Lora).

Para entonces la añeja amistad entre Charlie y Alex (desde que se conocieron chavales en el Instituto Fray Juan de Zumárraga) se había deteriorado y en 1984 Lora invitó a Soto para integrarse al nuevo Tri de tiempo completo (“un lunes a la medianoche”, entre “caguamas” y “mezcal”).

Desencuentros

Llegada la hora y media, esta charla radiofónica del joven Ozata y Soto agarra fuerza insospechada, pues el músico va descarnando su personalidad y cuenta sin tapujos anécdotas de los años inolvidables que vivió con “El Tri”, épocas de “completa libertad” que le permitieron “crear mi propio estilo”.

Pero también, de “fiestas, chicas y alcohol”, cuando “no pude controlar ni mi dinero, ni fama, ni mi potencial”, pues “era muy joven”, pese a haber llegado a ganar dinero “más que nadie en El Tri”. Alcanzar la cumbre en las arenas rocanroleras de México, Estados Unidos y Europa, le cobró caro su esfuerzo y fue hospitalizado “tres veces por deshidratación y tres por sobredosis”. Arturo Labastida, el saxofonista nombrado El papaíto o El papayo, dio su propia versión en 2015:

“Lo que pasa es que en esa época muchas chicas se nos acercaban. Y ellos siempre estaban con su cotorreo de si ‘vamos por unos chupes, unas chelas’, que esto y lo otro y acá. Y yo no tomo. Entonces todas las chicas se me acercaban…”

(Para el aniversario 40 de “El Tri”, en octubre del 2008, platiqué con Alex Lora. El autor de “Triste canción de amor” recordó los tiempos anteriores al sismo del 19 de septiembre de 1985, cuando por mayo consumimos cervezas y todo lo que hallamos a la mano, con mi amiga vocalista Nina Galindo (Callo y Colmillo), el rupestre Rockdrigo, y otra chiquilla de nombre Angelines, novia del baterista Mariano Soto –apodado Marrano y que a la postre tenía 26 años de edad– en las tertulias de su departamento de Gaby Antinea, chava de Jaime López, en Paseos de Taxqueña, donde yo vivía con ellas, ver http://www.proceso.com.mx/202151/los-origenes-de-el-tri).

Para entonces, Alex Lora se había casado con su amiga desde antes del Festival de Avándaro, Chela Lora, y tuvieron su hija (la actriz y modelo con nombre artístico igual a su progenitora Chela Lora, los tres presentes en el velorio de Rockdrigo González), por lo que la esposa de Lora comenzó a cuidar la salud y finanzas de “El Tri”. Soto no tiene pelos en la lengua y acusa: “Nunca le caí bien a la señora (Chela Lora)… me acusaba de ser yo muy irresponsable, borracho, indeseable para el grupo [pero]todos éramos así. Yo soy Leo. Llegué a perder el piso, a sentirme muy chingón: pero el mejor, no… A mis 50 años de edad he madurado un poco… Lora era genial, me dio tristeza cómo el dinero, la fama lo cambió, se convirtió en un cliché… un payaso… Ella trabajó sicológicamente a Alejandro…”

Y un día, cuando Alex Lora firmó solo un nuevo contrato de grabación con la disquera Warner, sin consultar a los demás miembros de “El Tri” (que incluían a Chela, el requinto Sergio Mancera El cóndor, el saxofón Labastida y El Wea, Soto quedó fuera y se sintió traicionado. El sueño había terminado.

Convocado en 2003 por los Lora para conmemorar a “El Tri” original, con El cóndor, El papayo y El WEA, dijo a Ulysses Ozaeta:

“Me pagaban 700 dólares por día, en giras del 35 años del TRI… Fueron dos años… Pero luego ya no me llamaron al 75 aniversario o lo que sea, y mejor, yo no me voy a presentar a los 50 años en silla de ruedas, es lastimoso. Soy un lobo solitario, no soy amiguero, soy simplemente un hombre, no soy el mejor, ni Virgil Donati [el baterista australiano]o Vinnie Colaiuta [bataquero estadunidense]… ¡qué bueno que quedó un legado de esos años de ‘El Tri’… me llena de satisfacción y orgullo!”

El periodista Salvador Ruiz Ibarra, Chava Rock, evocó:

“Soto era un joven muy alegre. Siempre fue muy animoso para estar arriba del escenario, le gustaban mucho las presentaciones en vivo, lo que resultaba un gran agasajo porque contaba con una gran técnica”.

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