El Papa pide a obispos alzar la voz contra narco y corrupción

BOGOTÁ (apro).- El Papa Francisco exhortó hoy a los obispos colombianos a alzar la voz contra el narcotráfico y la corrupción y pidió no actuar como políticos, sino como pastores que deben ayudar al país a alcanzar la paz definitiva y la reconciliación.

Durante un encuentro con 130 obispos de la Conferencia Episcopal Colombiana, Francisco pidió no tener miedo “de alzar serenamente la voz para recordar a todos que una sociedad que se deja seducir por el espejismo del narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno, y siembra por doquier la corrupción y, al mismo tiempo, engorda los paraísos fiscales”.

En su segundo día de visita a Colombia, el Papa dijo a los obispos que deben sostener al país “en el coraje del primer paso de hacia la paz definitiva, la reconciliación, la abdicación de la violencia como método y la superación de las desigualdades, que son la raíz de tanto sufrimiento”.

Además, los llamó a propiciar entre sus fieles “la renuncia al camino fácil, pero sin salida, de la corrupción”.

Al referirse a la reconciliación de Colombia, un país dividido entre quienes respaldan y quienes rechazan los acuerdos de paz con la exguerrilla de las FARC, Francisco recordó a los obispos que ellos “no son técnicos ni políticos; son pastores, y Cristo tiene la palabra reconciliación escrita en su corazón. Ustedes tienen la fuerza de poder pronunciarla”.

Antes, en un acto en la Presidencia de Colombia, el Papa había exhortado a los colombianos a dar el primer paso hacia la reconciliación nacional tras la paz lograda con la exguerrilla de las FARC y llamó erradicar la exclusión social y la pobreza que causan la violencia.

Francisco, quien llegó el ayer miércoles a Colombia para realizar una visita de cinco días, insistió en sus llamados a la paz, el perdón y la reconciliación.

A lo largo de la jornada se reunió con el presidente colombiano Juan Manuel Santos, con 22 mil jóvenes que abarrotaron la céntrica Plaza de Bolívar y con obispos de Colombia y de América Latina. Además, ofició una misa ante un millón de personas.

Al ser recibido por Santos en la explanada del presidencial Palacio de Nariño, el jerarca católico pidió a las élites colombianas, que tradicionalmente han excluido del desarrollo a amplios segmentos rurales, “a poner la mirada en todos aquellos que hoy son excluidos y marginados por la sociedad”.

También dijo que la sociedad incluye a todos y ésta no sólo se construye “con algunos de pura sangre, sino con todos”. En eso, añadió, radica la grandeza de un país, en que todos tengan cabida y todos sean importantes.

“Y, por favor, les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos, déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes. En ellos se aprenden verdaderas lecciones de vida, de humanidad y de dignidad”, señaló.

De acuerdo con el Papa, es mucho el tiempo en que Colombia ha pasado en el odio y la venganza.

“La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años –dijo parafraseando la novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad–. No queremos que cualquier tiempo de violencia restrinja o anule una vida más, y quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso”.

Este viaje, aseguró Francisco, “quiere ser un aliciente para ustedes, un aporte que en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz”.

El jerarca católico reconoció los esfuerzos que se han hecho en las últimas décadas para poner fin a un conflicto armado que estalló hace 53 años luego de que el Ejército masacró a un grupo de campesinos sin tierra cuyos sobrevivientes fundaron la guerrilla de las FARC.

En esa búsqueda de la paz y de caminos de reconciliación, añadió el Papa, se ha avanzado en el último año.

En diciembre pasado, el gobierno y las FARC suscribieron un acuerdo de paz que posibilitó el desarme de esa exguerrilla y su transformación en partido político legal.

Sin embargo, esos acuerdos polarizan al país. El expresidente Álvaro Uribe ha desarrollado una campaña contra esos pactos con el argumento de que es injusto que los excomandantes de las FARC no vayan a la cárcel y puedan participar en política.

El Papa dijo a los colombianos que deben apartarse “de toda tentación de venganza” y combatir los factores que generan la violencia.

“Se necesitan –dijo– leyes justas, que puedan garantizar esa armonía y ayudar a superar los conflictos que han desgarrado a esta nación por décadas; leyes que no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad, sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia”.

Sólo así, añadió, “se sana de una enfermedad que vuelve frágil e indigna a la sociedad y siempre la deja a las puertas de nuevas crisis. No olvidemos que la inequidad es la raíz de los males sociales”.

En el Palacio de Nariño, el Papa y el presidente Santos encendieron un pebetero con el símbolo de la paloma de la paz y luego tomaron asiento frente a la entrada del inmueble presidencial, donde fue colocada la escultura de una paloma de la paz realizada por el artista plástico colombiano Fernando Botero.

La Orquesta Sinfónica Nacional entonó el himno del Vaticano y acompañó el cantante colombiano Fonseca en la interpretación del himno de su país y de la pieza “Puede ser”, compuesta para la ocasión.

Después actuaron el coro infantil de la Escuela de Música Desepaz y el coro de la ópera de Colombia.

Varios niños, algunos con síndrome de Down y discapacidades motrices, le hicieron regalos al Papa, quien los saludó y bendijo.

En la explanada del Palacio de Nariño estuvieron unos 750 invitados, entre miembros del cuerpo diplomático acreditado en Colombia, autoridades políticas, líderes religiosos, empresarios y representantes de la sociedad civil.

En su discurso, Santos dijo que gracias a los acuerdos de paz con las FARC miles de colombianos se han salvado de morir en la guerra, “pero nos falta dar el primer paso hacia la reconciliación, que es el más importante de todos, porque de nada vale silenciar los fusiles si seguimos armados en nuestros corazones”.

Luego el Papa sostuvo una reunión privada con el presidente Santos y, al terminar, se trasladó a la Catedral Primada de Colombia, que queda a cuatro cuadras de la sede presidencial.

Francisco hizo el corto recorrido en el papamóvil y aprovechó para saludar a unos 22 mil jóvenes que estaban congregados en la Plaza de Bolívar, frente a la catedral, donde siguieron a través de pantallas gigantes la ceremonia que encabezó el líder religioso en el interior del templo, donde rezó frente a un cuadro de la Virgen de Chiquinquirá, la Patrona de Colombia.

Después, Francisco se trasladó al Palacio Cardenalicio, contiguo a la catedral, y desde un balcón saludó a los jóvenes que estaban en la plaza.

A ellos les dijo que mantengan viva la alegría, que es signo de un corazón joven, que no tengan miedo al futuro y que se atrevan a soñar en grande.

También los conminó a no dejarse engatusar con historias viejas del conflicto que dividió a los colombianos y que, por el contrario, ayuden a los colombianos a sanar su corazón y a perdonar. “Ustedes nos ayudan a dejar atrás lo que nos ofendió, porque ustedes nos hacen ver todo el mundo que hay por delante”, aseguró.

Francisco sostuvo después una reunión con los obispos colombianos en el Palacio Cardenalicio, donde aseguró que Colombia los necesita para tener el coraje de dar el primer paso hacia la paz definitiva, la reconciliación y “hacia la abdicación de la violencia como método.

El Papa conminó a los obispos a estar atentos a sus sacerdotes, a verlos como sus hijos y a evitar que caigan en la búsqueda de “la estabilidad económica, la ambigüedad moral, la doble vida”.

Por la tarde, el pontífice se reunió con cardenales y obispos latinoamericanos y ofició una misa ante un millón de personas en el Parque Bolívar de Bogotá.

Durante su encuentro con los obispos y cardenales que forman parte de la directiva de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam), Francisco abogó por el papel de las mujeres en la Iglesia católica y dijo que “no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo”.

La esperanza en América Latina, añadió, tiene rostro femenino.

“De sus labios –dijo– hemos aprendido la fe. Casi con la leche en sus senos hemos adquirido los rasgos de nuestra alma mestiza y la inmunidad frente a cualquier desesperación. Pienso en las madres indígenas o morenas. Pienso en las mujeres de la ciudad, con su triple turno de trabajo. Pienso en las abuelas catequistas, pienso en las consagradas y en las tan discretas cortesanas del bien”.

Agregó que “sin las mujeres, la Iglesia católica del continente “perdería la fuerza de renacer continuamente”.

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