Familia de filántropo se declara beneficiaria de la Fundación Mary Street Jenkins

PUEBLA, Pue. (apro).- Una parte de la familia Jenkins de Landa se llevó a Panamá la Fundación Mary Street Jenkins, para lo cual elaboró un reglamento en el que se declara beneficiaria del patrimonio que el filántropo William O. Jenkins dejó para obras de beneficencia, en concreto para el apoyo a la educación, la cultura, la salud y el deporte de México.

Guillermo Jenkins de Landa, primogénito de la familia, quien desde 2013 denunció la maniobra de sus padres y hermanos para consumar lo que ha llamado “la mayor defraudación filantrópica de la historia”, señala que los documentos que demuestran el saqueo de la Fundación Jenkins ya están en poder de la Procuraduría General de la República (PGR) y el Sistema de Administración Tributaria (SAT).

La ruta que siguieron los supuestos defraudadores quedó documentada: en 2014 donaron el patrimonio de la Fundación Jenkins a otra de nombre Bienestar de Filantropía, ubicada en Aguascalientes, y se llevaron 720 millones de dólares a Barbados. Posteriormente, en 2015, la llevaron a Panamá, donde le cambiaron el nombre: Fundación para el Desarrollo Latinoamericano.

En ese país, el 4 de agosto de 2016, el Consejo de dicha Fundación aprobó un reglamento en el que se establece que el “disfrute del patrimonio fundacional” y del producto del mismo le corresponde a Elodia Sofía de Landa Irizar, viuda de Guillermo Jenkins Anstead, y a cuatro de sus hijos (Roberto, María Elodia, Margarita y Juan Carlos Jenkins Landa).

Además, quedó determinada la forma en que los descendientes de los cuatro hijos podrán heredar el derecho a ese “disfrute” una vez que fallezcan los “beneficiarios”.

A Elodia de Landa, quien quedó viuda el 2 de diciembre de 2016, tras la muerte de Jenkins Anstead, se le autorizó disponer hasta de 600 mil dólares anuales, además de gozar de otra anualidad de 120 mil dólares, misma cantidad acordada para cada uno de sus cuatro de sus hijos, a excepción del primogénito Guillermo.

Por décadas, la Fundación Mary Street Jenkins ha sido la benefactora de instituciones como la Universidad de las Américas, el Colegio Americano, Club Alpha, Instituto Nacional de Cardiología e Instituto Nacional de Nutrición, además de financiar la restauración de templos y monumentos históricos, principalmente en la ciudad de Puebla.

Guillermo Jenkins de Landa asegura que ahora está plenamente probado con documentos que sus familiares cometieron una serie de actos de abuso de poder, administración fraudulenta, desfalcos, fraudes, crimen organizado para saquear y “dejar en la calle” a la institución de beneficencia que en octubre de este año cumpliría 63 años de existencia.

Herencia

El 1 de octubre de 1954, William Oscar Jenkins formó una fundación con el nombre de su fallecida esposa Mary Street Jenkins, y estableció que serviría para promover la cultura, la educación, la salud y el deporte en México.

Al morir, en 1963, William O. Jenkins dejó un testamento en el que explicó las razones por las cuales no contemplaba a sus hijos en su herencia, y decidió dejar todo su patrimonio a la Fundación creada con el nombre de su esposa.

“…que siempre he tenido la firme convicción de que, en bien de sus hijos, los padres no deben dejarles grandes fortunas como herencia, sino más bien enseñarlos y ayudarlos a trabajar para que ellos mismos ganen lo que necesiten, teniendo la creencia del propio señor testador, que nadie con capacidad de trabajar debe gastar dinero que no haya ganado por su propio esfuerzo…”, argumentó.

Desde 1996, Manuel Espinosa Yglesias, quien en vida fue socio y amigo de O. Jenkins, denunció que William Jenkins Anstead y su esposa Elodia de Landa habían emprendido una campaña de desprestigio para desplazar a los patronos de la Fundación, a fin de adueñarse del patrimonio de la misma y recobrar lo que a su juicio les correspondía en herencia.

En un desplegado que mandó publicar a raíz de sus desencuentros con Jenkins Anstead, Espinosa Yglesias aclaró que el nieto e hijo adoptivo de O. Jenkins no era una persona pobre, pues tenía una fortuna que estimaba en más de 30 millones de dólares, aparte de que cobraba pensiones para él y sus hijas de 2 mil dólares mensuales para cada uno, pagadas por la Fundación.

Luego de ello, a partir de 2013 el hijo primogénito de la familia Jenkins de Landa denunció que fue destituido como patrono y secretario de la Fundación por oponerse a los cambios estatutarios para introducir a sus hermanos como patronos. Desde entonces denunció que sus parientes pretendían desviar la voluntad de su abuelo.

De Aguascalientes a Barbados y Panamá

El 30 de abril de 2014, la Fundación Mary Street Jenkins donó a la Fundación Bienestar de Filantropía –fundada el 4 de septiembre de 2009 en Aguascalientes– 720 millones de dólares que formaban parte de su patrimonio. El 16 de diciembre de ese mismo año, Bienestar de Filantropía cambió su domicilio a Bridgetown, Barbados.

De acuerdo con la escritura 19887, protocolizada por el notario público primero Roberto René Rojas Contreras, con sede en Panamá, el 29 de noviembre de 2015 el Consejo del Patronato de la Fundación –formado por Alejandro González Muñoz como presidente, Virgilio Rincón Salas como vicepresidente y Carlos Román Hernández como secretario– sesionó en Barbados.

En esa sesión, el Consejo de Bienestar de Filantropía aprobó la propuesta de migrar de jurisdicción y transformar a la Fundación para que continuara como una fundación de interés privado en la República de Panamá.

En esa ocasión se hizo referencia a que en Barbados, donde supuestamente se migró con el fin de “internacionalizar” a la Fundación, se creó una entidad de caridad llamada Barbadense y luego se manifestó la necesidad de cambiar su domicilio a Panamá.

“…no obstante los importantes avances que se han logrado, también se ha detectado que la jurisdicción de Barbados no ha resultado la idónea para que esta Fundación Bienestar de Filantropía desarrolle sus actividades en condiciones óptimas en este país, razón por la cual se han evaluado otras jurisdicciones en las cuales existan condiciones legales propicias…

“En este sentido, se han realizado consultas con asesores legales especializados y se ha determinado que la jurisdicción panameña ofrece las condiciones que esta Fundación Bienestar de Filantropía requiere y, por ello, se propone a este patronato que la Fundación sea continuada en aquella jurisdicción y por lo tanto transformada”, señala la escritura.

Esta determinación, explica el acta, se toma con base en la Ley 25 del 12 de junio de 1995, vigente en Panamá, la cual regula fundaciones de interés privado.

De acuerdo con especialistas, esa figura es un offshore (inscrita en un paraíso fiscal) que se crea legalmente para administrar un patrimonio y cumplir objetivos en beneficio de un grupo familiar o general de individuos, a la vez que ofrece privacidad, anonimato y anonimato para los fundadores y beneficiarios.

De paso, el Consejo del Patronato resolvió revocar los estatutos de la Fundación que se opongan a esa transformación, y decidieron que en adelante se llamara Fundación para el Desarrollo Latinoamericano.

En el acta que crea este último ente, el 7 de diciembre de 2015, se aclara que los fines de esta fundación de interés privado estarán sujetos a lo que establezca el reglamento.

El primer reglamento fue acordado el 16 de diciembre de 2015, donde el fundador Antonio Obregón Barrena cede sus derechos a Guillermo Jenkins Anstead para el “disfrute del patrimonio fundacional y el producto del mismo”.

El 4 de agosto de 2016, el Consejo de la Fundación sustituye ese reglamento por otro cuya copia obtiene Guillermo Jenkins de Landa y que puso a disposición de las autoridades.

En el Artículo 3 del reglamento se precisa que el beneficiario principal de la Fundación era Jenkins Anstead, pero éste falleció el 2 de diciembre de 2016.

A su muerte, sus derechos se repartieron para la beneficiaria derivada “A”, que es la viuda Elodia de Landa; los beneficiarios derivados “B”, que son cuatro de los hijos, Roberto, María Elodia, Margarita y Juan Carlos, y los descendientes de los beneficiarios “B”, que heredarán los derechos de sus padres al fallecer.

El reglamento marca que Elodia de Landa podrá disfrutar de una cantidad de hasta 600 mil dólares anuales, así como del pago de sus gastos médicos, cuando su póliza de seguro no los cubra.

A partir del segundo semestre de 2016, tanto a la viuda como sus hijos, el Consejo de la Fundación les autoriza el derecho de disfrutar de 120 mil dólares anuales, cantidad que sería actualizada a partir de este 2017 y en los años subsiguientes conforme al Consumer Price Index for All Urban (CPI-U) de Estados Unidos.

“Los recursos se obtendrán de cualquiera de las inversiones de la Fundación, o de sus empresas o sociedades subsidiarias”, detalla el reglamento.

Además, indica que el Consejo de la Fundación se reunirá al menos una vez al año “con la finalidad de determinar las distribuciones que sean necesarias del disfrute del patrimonio fundacional y del producto del mismo” en favor de los beneficiarios.

Incluso, en el Artículo 12 se abre la posibilidad de que los bienes que constituyen el Patrimonio de la Fundación puedan ser transferidos al patrimonio individual con el consentimiento de los beneficiarios.

En este documento sólo se menciona la posibilidad de donaciones a instituciones de asistencia en caso de que dejara de haber descendientes o beneficiarios de la familia Jenkins Landa.

“Si después de haber hecho una investigación cuidadosa, no se encontrara ningún beneficiario en el sentido de los artículos 1 al 5 (descendientes cuatro de los hijos de la familia Jenkins Landa), el patrimonio fundacional neto existente se entregará en beneficio de alguna institución de asistencia privada mexicana”, precisa el reglamento.

En un anexo se enlistan los bienes y propiedades que fueron “donadas” a la Fundación, entre las que se encuentran 19 inmuebles, la mayoría de ellos ubicados en Puebla; 21 vehículos; un helicóptero Augusta; casi 60 obras de arte; acciones en las sociedades Proyectos Nuevo Siglo, Reforma Bicentenario y Katzi LLC, así como cuentas bancarias y valores, que a julio de 2016 reportaban 81 millones 358 mil 525 de dólares.

En su Estado de Situación Financiera de junio de 2016, la Fundación para el Desarrollo Latinoamericano reporta un balance entre activos y pasivos de 387 millones 258 mil 632 dólares, cantidad que si bien es exorbitante, representa una disminución casi de 50% respecto de los 720 millones que la Fundación Jenkins donó en 2014 a Bienestar de Filantropía.

En la fracción Décimo Octava de la escritura para la creación de la Fundación para el Desarrollo Latinoamericano se establece la posibilidad de que este ente pueda ser disuelto en cualquier momento y que el patrimonio sea distribuido entre los beneficiarios conforme al reglamento.

En declaraciones anteriores, las denuncias de Jenkins Landa sobre este caso han apuntado el posible involucramiento del ahora exgobernador Rafael Moreno Valle en el saqueo de esa en institución en perjuicio de la beneficencia privada en México.

Y es que por años la Junta de Beneficencia de Puebla, encargada de vigilar a este tipo de instituciones, fue omisa ante las denuncias, a la vez que Moreno Valle apareció en público con Roberto Jenkins de Landa.

El denunciante advierte que sus padres y hermanos recurrieron a estas maniobras “ansiosos por heredar una fortuna que jamás les correspondió”, con lo que ahora resulta que tanto ellos como sus hijos y generaciones venideras, serán los únicos beneficiarios de ese patrimonio.

En un comunicado, pide a la Junta de Beneficencia de Puebla y a las autoridades “poner orden en esta serie de movimientos ilegales y que todo pueda regresar al estado en el que se encontraba desde el año 2013”.

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