“La piel de Venus”, una mirada al masoquismo

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Juego de roles, juego de poder y varias capas de realidades, es lo que nos encontramos en la puesta en escena de La piel de Venus, protagonizada por Gabriela Zas y Gerardo Trejo Luna bajo la dirección de Angélica Rogel, en el Teatro la Capilla.

La situación parte del encuentro de una actriz que llega tarde a un casting y un director agotado por la infructuosa labor de buscar actriz para su nueva obra, de la cual también es el autor. Ella, que llega sin estar en la lista y cuando todo ha concluido, se impone frente al autor y abre una gran interrogación acerca de quién es ésta mujer y qué pretende.

La pieza que el director prepara es una adaptación –hecha por él mismo– de la novela de Leopoldo von Sacher-Marsoch La Venus de las pieles, escrita en 1870 a raíz de la cual surgió el concepto del masoquismo. Para conocer la capacidad actoral de la joven que se presenta de improviso, representan diversos fragmentos, combinándose así la realidad de la protagonista del siglo XIX y la de la mujer contemporánea que lo interpreta.

Es sorprendente cómo el autor de La piel de Venus, el estadunidense David Ives, juega con las dos realidades a partir de giros y sorpresas constantes que mantienen intrigado, todo el tiempo, al espectador. Los planteamientos que desarrolla son varios y giran en torno a la impugnación que ella hace de la misoginia del director teatral y del texto que interpreta, y que se manifiestan abiertamente o casi siempre de manera sutil; la necesidad del masoquista de ser lastimado y humillado; las intenciones ocultas que ella va develando; la fascinación y sometimiento progresivo del director teatral a la fuerza abrasiva de ella; los giros que se suceden y la fuerza que adquiere la historia conforme avanza la relación de estos dos personajes.

Es admirable la estructura donde se sale y se entra de una ficción a otra sin previo aviso e integrar distintos niveles de reflexión. La historia se va volviendo cada vez más compleja, tanto por los acontecimientos y los temas que se discuten.

Gabriela Zas y Gerardo Trejo Luna están a la altura de esta complejidad y llegan a momentos extraordinarios. No sólo logran caracterizar a su personaje en cada una de las capas que maneja la obra, sino sobre todo vivenciar los conflictos que suceden en una y otra realidad. Son personas distintas en el mundo contemporáneo y el que sucede en 1870, pero se van mezclando imperceptiblemente hasta dejarnos con un sin fin de preguntas sobre el tiempo y las personalidades duplicadas.

Angélica Rogel, la directora, conduce la obra hasta el paroxismo y es capaz de dar forma a la progresión dramática y la superposición de realidades. Su trabajo es sutil y contundente. Hace que la obra sea profunda en cuanto a la condición humana y la lucha entre los géneros, la rebelión de la mujer y la ambigüedad del hombre. Juega con el tono dramático y cómico e imprime misterio a los sucesos con los que gira la historia.

La escenografía e iluminación de Víctor Padilla no ayuda en nada a la propuesta escénica. El mal gusto se refleja en la chocante paleta de colores utilizados, y en los objetos que, más que ambientar, empeoran el paisaje visual al que nos enfrentamos.

La piel de Venus realizada con el estímulo fiscal Efiteatro y que presenta Petit Comité, es una obra de teatro con un tema que los actores y la directora logran transmitir de manera apasionada y que nos llevan por vericuetos emocionales maravillosos.

Esta reseña se publicó el 3 de septiembre de 2017 en la edición 2131 de la revista Proceso.

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