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Colombia: un Papa en busca del milagro de la reconciliación

BOGOTÁ (apro).- El Papa Francisco cumplió con las expectativas de millones de colombianos que respaldan los acuerdos de paz con la exguerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y que esperaban que el jerarca católico se ocupara, durante su visita al país, de arropar esos pactos que pusieron fin a una guerra de 53 años que dejó 220 mil muertos.

El primer Papa latinoamericano de la historia no tuvo necesidad de mencionar siquiera esos acuerdos que disgustan a amplios segmentos de la sociedad colombiana y que tienen en el expresidente Álvaro Uribe a su principal opositor.

Francisco sólo repitió una y otra vez en sus discursos, en sus homilías y en improvisados mensajes pastorales, que Colombia merece la paz, la reconciliación y el perdón mutuo de los bandos en disputa.

“Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza”, afirmó el jueves 7, el segundo día de una visita pastoral. Con ella busca, según dijo, ser un aliciente para que “en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz”.

En noviembre pasado, el gobierno de Colombia y las FARC pusieron fin a un conflicto armado de 53 años mediante un acuerdo de paz. Esa exguerrilla ya dejó las armas y la semana pasada se transformó en un partido político legal que tiene asegurados 10 escaños en el Congreso. Unos 12 mil excombatientes y sus excomandantes colgaron sus fusiles y se están reinsertando a la vida civil.

La derecha política, encabezada por el expresidente Uribe, rechaza esos acuerdos por considerar que son un “pacto de impunidad” y que los excomandantes de las FARC no deben participar en política. Pero no existe ninguna negociación de paz en el mundo que haya concluido con los comandantes insurgentes presos y condenados al ostracismo político.

Uribe es un personaje político que polariza. Según una encuesta de Gallup del mes pasado, 46% de los colombianos tiene una opinión favorable de él, pero 50% lo rechaza.

Ha sido un enconado adversario de los acuerdos de paz y de las FARC. Esa exguerrilla asesinó a su padre, Alberto Uribe Sierra, el 14 de junio de 1983, cuando se resistió a un secuestro en su finca. Así como el expresidente ha sido víctima de la guerra, lo han sido excomandantes de esa organización, como Pablo Catatumbo, cuya hermana, Janeth, fue ejecutada por paramilitares.

“Perdonar lo imperdonable”

Esos hechos de violencia dividen. Hay millones de colombianos con dolores similares a cuestas. A lo largo de 53 años de conflicto armado, nadie se salva. Todos son víctimas y victimarios: la guerrilla, los paramilitares y los policías y soldados, incluso aquellos que desataron una guerra de exterminio contra líderes sociales y militantes de izquierda en los ochenta y noventa, con saldo de más de 4 mil muertos.

Y porque todos son víctimas y victimarios, el Papa Francisco le pidió a Colombia: déjate reconciliar.

En un acto realizado en Villavicencio –ciudad ubicada a 75 kilómetros al suroriente de Bogotá– al que asistieron unas 6 mil víctimas de la guerra, Francisco les dijo a los colombianos: “No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón, no se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades”.

Es hora, agregó, “de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias; es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.

Eso ocurrió el viernes 8 en el “Encuentro de oración por la reconciliación nacional”. En la ceremonia hablaron cuatro víctimas.

Una de ellas fue Pastora Mira García, quien dijo que la reconciliación pasa “por poder decir lo indecible y perdonar lo imperdonable”. A ella le mataron a su padre y a su marido. Los paramilitares desaparecieron en 2001 a su hija Sandra Paola, y cuatro años después asesinaron su hijo menor, Jorge Aníbal.

“Yo perdoné para romper el ciclo de la violencia”, dijo al Papa, y éste le respondió que hizo lo correcto, porque la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte.

“Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación. Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que es posible”, aseguró Francisco, quien llegó a Bogotá el miércoles 9 y terminará su visita a Colombia este domingo 10.

El jerarca católico aseguró que el testimonio de las víctimas –en un país donde el 20% de la población lo es, en la mayoría de los casos por desplazamiento forzado– es la esperanza de que la paz termine por triunfar definitivamente en Colombia.

Pero al mismo tiempo advirtió que “todo esfuerzo de paz, sin un compromiso sincero de reconciliación, siempre será un fracaso”.

Un país polarizado

La visita del papa a Colombia hizo que se expresaran con fuerza los dos bloques en que está partido el país. De un lado, están quienes respaldan el fin de la guerra y los acuerdos de paz con las FARC, sin que eso signifique que todos ellos simpatizan con esa exguerrilla. De otro, están quien no le perdonan a esa organización los secuestros y las masacres de población civil que cometió.

José Galat, un abogado católico ultraconservador, es uno de los pocos seguidores del expresidente Uribe que se atrevió a decir en público y dando la cara lo que piensa del papa Francisco: que es un “hereje” y que sus enseñanzas son “contrarias a la palabra de Dios”.

Y aunque miles de uribistas más insultaron y descalificaron al Papa en los días previos a su visita –lo llamaron desde “comunista” hasta “falso profeta” –, la mayoría de ellos lo hizo desde la masividad sin rostro de las redes sociales o escudados en falsos perfiles de Twitter y Facebook.

Otros más, como el presidente honorario del uribista partido Centro Democrático, Fernando Londoño, hicieron preguntas que dejaron ver los recelos de ese sector político con la visita del Papa.

“¿A qué viene el papa –preguntó Londoño hace unos días en su programa radial–, a hacer de pastor o a darle un espaldarazo a los acuerdos de Juan Manuel Santos (el presidente colombiano) con una guerrilla (las FARC) marxista-leninista y anticatólica?”

Lo cierto es que el Centro Democrático, el partido que promovió el ‘No’ a los acuerdos de paz con las FARC en el plebiscito de octubre pasado, y que hizo ganar esa opción en las urnas con el 50.21% de los votos, observa al Papa Francisco como un adversario de su agenda política, que se basa en el rechazo total a lo negociado con la ahora exguerrilla de las FARC.

Y es que los uribistas no olvidan que, unos días antes del plebiscito, el líder de la Iglesia católica prometió viajar a Colombia cuando el acuerdo “sea blindado por el plebiscito, y sea reconocido internacionalmente”. Cuando eso ocurra, señaló el Papa en un mensaje, “yo estaré en Colombia para enseñar la paz”.

Desde entonces, el jefe del Estado vaticano no goza del afecto de los uribistas. Tampoco de la mayoría de cristianos y evangélicos que vieron a muchos de sus pastores hacer alianza con el expresidente Uribe para rechazar en las urnas los acuerdos de paz.

A unos y otros los unió una falsedad: que los acuerdos con las FARC incorporaban la “ideología de género”, un término acuñado por teólogos más conservadores del catolicismo para definir la cada vez más aceptada idea de que la identidad sexual de las personas se basa en diferencias biológicas, pero también en nociones que se construyen día a día en la interacción social.

Aunque ellos lograron que en el plebiscito del 2 de octubre pasado la mayoría de votantes dijera ‘No’ a lo negociado durante casi cinco años con las FARC, el acuerdo fue modificado y en noviembre lo refrendó el Congreso, con lo cual está en plena vigencia y ya produjo el desarme de esa exguerrilla y su transformación en partido.

Además, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la guerrilla colombiana que aún protagoniza un conflicto armado con el Estado, está en negociaciones con representantes del gobierno del presidente Santos en Quito, y con motivo de la visita del Papa acordó con el gobierno un cese bilateral del fuego y de hostilidades que, en principio, se prolongará hasta enero de 2018.

Respaldo a la paz

Tanto las FARC como el ELN han saludado la visita del Papa a Colombia y han manifestado su deseo de que contribuya a la paz y a la reconciliación nacional.

El líder de las FARC, Rodrigo Londoño, Timochenko, envió el jueves 7 una carta a Francisco en la que le expresa su admiración y reitera que esa exguerrilla pide perdón a las víctimas que causaron en la guerra.

La carta agrega que luego de más de medio siglo en armas, las FARC decidieron reincorporarse a la sociedad y están dispuestas a perdonar “a quienes fueron nuestros enemigos”, así como a “reconocer nuestros errores y pedir perdón a todos los hombres y mujeres que de algún modo fueron víctimas de nuestra acción”.

El exjefe guerrillero le dice al Papa que está seguro de que su paso por Colombia dejará una marca profunda en el país.

El uribismo ha sido parco. Ninguno de sus líderes había respondido hasta el viernes 8 a los llamados de Francisco a la reconciliación y al perdón y, por el contrario, han reiterado su rechazo a los acuerdos con las FARC.

Y es que el uribismo considera que la presencia de Francisco en el país es un espaldarazo a esos pactos.

El expresidente Uribe y sus seguidores han tenido éxito en hacer creer a un segmento importante de colombianos que lo negociado con las FARC es un “pacto de impunidad”, a pesar de que el acuerdo incluye un complejo sistema de justicia y de reparación a víctimas. Los guerrilleros que hayan cometido delitos graves serán juzgados y pagarán sus crímenes con trabajo comunitario.

El doctor en ciencia política y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Juan Gabriel Gómez Albarello, dice a Apro que la visita del Papa tiene una indudable dimensión política, “a pesar de que la Iglesia católica quisiera que fuera más pastoral por la cantidad de fieles que ha perdido en los últimos años”.

Según un estudio realizado en junio pasado por el Centro Nacional de Consultoría, 72% de los colombianos se declara católico y 15 de cada 100 son cristianos, evangélicos o protestantes. Hace dos décadas, el porcentaje de católicos llegaba al 90%.

Gómez Albarello afirma que Francisco “está comprometido con la paz de Colombia y con promover la reconciliación, pero esto es algo que no creo que pueda capitalizar políticamente el gobierno (del presidente Santos, quien tiene una popularidad de apenas 25%) por la debilidad que viene arrastrando”.

En cambio, dice, la visita de Francisco puede afectar al partido Centro Democrático, del expresidente Uribe, “si este sector ultraderechista no sabe manejar su evidente oposición al mensaje de reconciliación que trae el Papa”.

Francisco se reunió el jueves 7 con Santos en el presidencial Palacio de Nariño, donde dijo que, más allá de la reconciliación, Colombia debe erradicar los factores que causan la violencia.

“Se necesitan –aseguró– leyes justas, que puedan garantizar armonía y ayudar a superar los conflictos que han desgarrado a esta nación por décadas, leyes que no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad, sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia”.

Sólo así, añadió, “se sana de una enfermedad que vuelve frágil e indigna a la sociedad y siempre la deja a las puertas de nuevas crisis. No olvidemos que la inequidad es la raíz de los males sociales”.

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