Recuento de los días aciagos en San Lázaro

Superado el vacío de poder en San Lázaro, los diputados del PRI y sus aliados lograron imponer a Jorge Carlos Ramírez Marín. Y aunque destrabaron temas capitales, como la aprobación del presupuesto para 2018, no obtuvieron los votos suficientes para el “pase automático” que convertiría en fiscal general a Raúl Cervantes Andrade. Pese a todo, el líder de la diputación priista, César Camacho Quiroz, se muestra triunfalista. La crisis vivida, dice, es un preludio de los comicios presidenciales del próximo año.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Durante siete días, la Cámara de Diputados estuvo al borde de una crisis constitucional. Las diferencias entre panistas y priistas pusieron al Poder Legislativo contra las cuerdas. Los primeros se negaban a reconocer al priista Jorge Carlos Ramírez Marín como presidente de la nueva Mesa Directiva; los segundos aseguran que se trató de un preludio de lo que serán los comicios presidenciales de 2018.

Ramírez Marín, quien finalmente tomó protesta el jueves 7, declaró: “Estamos reflejando la pugna electoral por la Presidencia de la República”. De no haberse resuelto el diferendo legislativo, la aprobación del presupuesto de 2018 se hubiera demorado, en perjuicio de las entidades federativas.

Durante los primeros siete días de septiembre los partidos Nueva Alianza y Encuentro Social (Panal y PES, respectivamente) refrendaron su cercanía con el PRI, en tanto que PRD y MC se estrenaron como nuevo Frente junto al PAN, partiendo en dos a San Lázaro. En medio de ese tenso receso, Morena se convirtió en el fiel de la balanza.

En el recinto de San Lázaro, el viernes 1 los 109 diputados del PAN, por decisión de su dirigencia nacional, tomaron partido en la crisis vivida la noche anterior en el Senado de la República y encontraron en el nombramiento del fiscal general un resquicio político para condicionar la instalación de la Mesa Directiva.

Los panistas centraron su resistencia en la eliminación del “pase automático” por medio del cual el procurador general de la República, Raúl Cervantes Andrade, se perfilaba para ocupar el nuevo cargo.

El coordinador del PRI en San Lázaro, César Camacho Quiroz, comenta a Proceso: la crisis vivida “es el preludio” de la elección presidencial de 2018; lo secundó Ramírez Marín, quien agregó: “estamos reflejando la pugna electoral por la Presidencia (de la República)”.

En contraste Clemente Castañeda, coordinador del Movimiento Ciudadano puntualiza: “El tema de la fiscalía es tema por sí mismo”, se trata de “impedir la impunidad por nueve años”.

Reclamos y acusaciones resonaron en San Lázaro la semana pasada. Por vez primera, el V informe presidencial no fue recibido por el presidente de la Mesa Directiva –el cargo estaba acéfalo–, sino por el secretario general de la Cámara, Mauricio Farah.

Consumado el nombramiento del panista Cordero en el Senado, el coordinador de los diputados de Acción Nacional, Marko Cortés, demandó al priista Camacho Quiroz eliminar el pase automático para el nombramiento del nuevo fiscal como única condición para que Ramírez Marín presidiera la nueva Mesa Directiva.

Imposible negociar eso, fue la respuesta del priista Camacho Quiroz, ése es un asunto que está en el Senado y nada tiene que ver con los diputados.

Al iniciar la sesión del 31 de agosto a las nueve de la noche, ante la falta de respaldo del PAN, la presidenta saliente de la Mesa Directiva, la también panista Guadalupe Murguía, anunció que, ante la falta de acuerdo, la sesión se posponía para el viernes 1 a las tres de la tarde.

Sin embargo, ese viernes 1 al mediodía, Marko Cortés habló con los coordinadores del PRD y del MC, Martínez Neri y Castañeda, respectivamente, y los convenció de que no podían permitir que Cervantes Andrade fuera nombrado fiscal general. Ambos respaldaron a su par del PAN, pese a que ya habían firmado la aprobación de Ramírez Marín como nuevo presidente de la Mesa Directiva.

Los emecistas asumieron como suyo el condicionamiento del PAN porque no podían permitir el “pase automático” que establece la ley para la nueva fiscalía, comentó Castañeda a Proceso.

Aunque en la agenda del Senado nunca se especificó que se elegiría al nuevo fiscal, iba implícito que la reforma constitucional establece que éste entrará en funciones en 2018, lo que obliga a los senadores a designarlo mediante pase automático o mediante una propuesta.

Ajetreos legislativos

El viernes 1, la Cámara se paralizó, mientras el Ejecutivo Federal viajaba a China. La crisis política amenazaba con convertirse en constitucional, pues la Ley Orgánica de San Lázaro establece que la Mesa Directiva concluía el martes 5, pero no define qué pasaría si su nuevo presidente no asumía.

El domingo 3, PAN, PRD y MC anunciaron su primera acción pública: invitaron al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a un diálogo para destrabar la crisis.

Desde las nueve de la mañana, el Frente Amplio, junto con la secretaría de Morena en la mesa directiva, Ernestina Godoy, esperaron a Osorio Chong, quien nunca llegó. Una hora después recibieron un documento en el que el funcionario decía que sólo iría si lo convocaba la Jucopo.

En el otro extremo de San Lázaro, el PRI convocó a la Jucopo. Acudieron los integrantes del PVEM, PES, Panal… y los de Morena. “Tenemos 61.3% de la representación, es legal la convocatoria que hicimos y el acuerdo tomado”, declaró Camacho Quiroz.

Los miembros del Frente enfurecieron, no sólo los desairó Osorio Chong, sino que el PRI avanzaba en su intento de avalar a su correligionario Ramírez Marín como el presidente de la nueva Mesa Directiva.

El emecista Castañeda se radicalizó y elaboró un escrito dirigido al PRI y sus aliados: “No hay posibilidades de que quien no tiene esa representación (la presidencia de la Jucopo) pueda convocar a este tipo de reuniones”. Sin embargo, el documento nunca fue enviado, pues el panista Cortés lo impidió por sus desacuerdos; el PRD lo secundó.

Reacios a votar y desairados por Gobernación, los integrantes del Frente se negaron a sesionar. Ernestina Godoy, de Morena, pidió a sus pares hablar con el PRI y sus aliados. Ellos aceptaron y designaron a la perredista Nahle, coordinadora de Morena, para que convocara a los ocho coordinadores parlamentarios.

A su vez, PAN, PRD y MC emplazaron a Morena a definirse, a “poner las cartas sobre la mesa y a decir cómo votaría”. Nahle aceptó la invitación del panista Cortés para dialogar en las oficinas de la Mesa Directiva. Tres minutos después llegaron Camacho Quiroz, Ramírez Marín, varios priistas e integrantes del verde y sus otros aliados, “dando un portazo”.

“Esas no son las formas –les reclamó Castañeda–. Además, ustedes no están invitados a esta reunión.”

“Yo los invité –respondió Nahle–, Ernestina me dijo que podía buscar un encuentro entre los ocho coordinadores”. Al final sólo quedaron los ocho coordinadores, quienes arrancaron la sesión del martes 5, de las tres a las cinco de la tarde.

Y mientras eso ocurría en el segundo piso del edifico H, los diputados seguían registrando su asistencia.

“No te registres, tenemos mucho interés de que este asunto salga. Te damos 1 millón de pesos”, escuchó al oído un diputado de MC. “La oferta vino de un operador del PRI”, relató un legislador emecista, pero se negó a dar nombres.

Del lado del PAN, la presión a los legisladores de ese partido llegó presuntamente de un gobernador.

Y les ardió 

Terminado el encuentro de los ocho coordinadores y a punto de arrancar la sesión, el panista Cortés denunció en conferencia: “Debemos decirles con absoluta claridad el tamaño del miedo que tiene el PRI, pero también de las prácticas que están dispuestos a usar; ha provocado hoy en algunas de nuestras bancadas la incitación, la provocación y el ofrecimiento para que integrantes se ausenten cuando ya estaban aquí. Esto es muy preocupante”.

Castañeda fue más audaz: “Lamento que hayan llegado al extremo de querer comprar la voluntad de distintos dipu­tados. ¡hay ofrecimientos concretos! Ofrecimientos económicos, de prebendas y canonjías, para tratar de doblar las voluntades… estamos juntando los elementos necesarios para interponer recursos legales”, dijo.

En entrevista, Camacho Quiroz se ríe del presunto intento de soborno, “¡No’mbre. Ése es un chiste de mal gusto. Los reto, a través de Proceso, a que pongan la denuncia. Si hacen la afirmación categórica, deben probarla… Lo que advertí (con la pretendida compra de legisladores), es que se trató de una argucia coyuntural para justificar la pérdida de algunos apoyos que tenían”.

De las conferencias y acusaciones se pasó a la sesión. Morena votó en contra, del lado del Frente, impidiendo que el PRI lograra los votos necesarios para instalar la Mesa Directiva. De haberse abstenido Morena, al PRI le hubieran bastado nueve legisladores para lograr su cometido.

Con el encono a flor de piel, las acusaciones mutuas y al borde de una crisis constitucional, el PAN y la presidenta saliente, Guadalupe Murguía, acordaron recurrir al “reloj legislativo”. Literalmente “pararon el tiempo”. Y el martes 5 fue más allá de las 12 de la noche.

El PRI dio visos de ceder. En la sede nacional del partido, Camacho Quiroz pidió a su homólogo en el Senado, Emilio Gamboa Patrón, hacer lo posible por discutir sobre el “pase automático”.

Al siguiente día, cuando integrantes del PAN, del PRD y del MC estaban reunidos en un restaurante de la colonia Del Valle, llegó la versión de que el PRI discutiría el tema con Peña Nieto una vez que llegara de China. Decidieron esperar la señal para el jueves 7.

Y llegó, a horas de que la crisis constitucional se consumara.

Los integrantes del Frente escucharon por el altavoz las palabras del priista Camacho Quiroz: “Es compromiso mío y ya lo platiqué con el presidente: se elimina el pase automático”, según narró uno de los asistentes.

“¡Falso!”, dice Camacho en entrevista.

¿Habló usted con el presidente Peña Nieto sobre la crisis de la cámara? -se le pregunta.

–El presidente ha estado al pendiente de la situación a través de la Secretaría de Gobernación. Y ha sido respetuoso, como en todas las ocasiones, de la vida interna del Poder Legislativo. Lo que hicimos fue dejar claro que no vamos con el pase automático, que es una posición unánime de los priistas de cualquier espacio de participación política.

Se acordó que nadie del Frente tomaría la palabra. El panista Cortés no pudo aguantarse y pidió la palabra. Enardecidos por la crisis en que los habían metido y porque habían cedido a las demandas del Frente, los priistas lo abuchearon, impidiéndole hablar, y terminaron corriéndolo. Cortés dejó el salón de plenos acompañado de su bancada.

“¡Les ardió el culo!”, dijeron algunos panistas al salir del salón de plenos. “MC se va a salir en este momento y el PRD está cabildeando. Creo que se van a salir, están bien encabronados”, aseguró Cortés a sus diputados.

Pero no se salieron. Incluso el vicepresidente del PRD, Arturo Santana Alfaro, tomó protesta, y los emecistas se retiraron tras la protesta de la nueva Mesa Directiva.

Camacho Quiroz comenta: “Huyeron del pleno camaral, se escurrieron porque no tenían nada qué decir. Advertí que Marko Cortés pretendió sumar a su actitud huidiza al PRD, pero se quedó. No vaya a ser que la alianza sea sólo una flor de dos días”.

El dirigente del PAN, añade el priista, “pretendió traer un conflicto doméstico, un asunto panista, a la Cámara. ¡Que diriman sus asuntos internamente en el PAN, que no le hagan daño a la representación nacional! Anaya quiere lavarse la cara frente a los panistas y la opinión pública, pero no hay como superar el déficit de imagen pública que pesa sobre él”.

E insiste: lo ocurrido en San Lázaro es el “preludio” de lo que ocurrirá en el proceso electoral de 2018.

Esta crónica se publicó el 10 de septiembre de 2017 en la edición 2132 de la revista Proceso.

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