“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

Del “pase automático” y otras falacias

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En días pasados en el Senado de la República fuimos testigos de un hecho por demás lamentable: la intervención descarada del PRI en el tema de la presidencia de la Mesa Directiva de esta legislatura. Sin duda, lo que se presumía como la integración de un grupo plural para encauzar los trabajos legislativos se convirtió en una imposición, dejando a un lado los acuerdos internos de los grupos parlamentarios.

Distintas voces quisieron definir que lo sucedido en el Senado se refería directamente a un tema de género y misoginia. No puedo negar que algo hay de eso: las palabras que directamente dijo Emilio Gamboa a una servidora, fueron claramente discriminatorias y en todo momento demeritaron el trabajo que he realizado durante mis 23 años de participar en la vida política y pública de este país.

“Son muy pequeñitas, necesitamos alguien de mayor estatura”, dijo Gamboa. Este argumento resulta igual de ofensivo para cualquier mujer u hombre que aspirara a presidir el Senado. Reitero, no lo considero sólo un asunto de género, sino de discriminación. Asimismo, el coordinador de la fracción del PRI me comentó que yo era la panista más “antipriista” del Senado, lo cual no me avergüenza, al contrario, incongruente sería ser una panista “pro-priista”.

Otro de los argumentos dados a manera de justificación por parte de Emilio Gamboa, fue que las senadoras del PRI habían votado en contra de nosotras. Incluso, después de mi participación en tribuna, la senadora Hilda Flores –de Coahuila–, argumentó públicamente que “Adriana Dávila nunca realizó el cabildeo entre nosotras y nuestro coordinador es un hombre que cree en las mujeres”.

Respecto a este punto destaco dos aspectos: Primero, me parece una cobardía que se quiera hacer ver esto como un pleito entre mujeres. Y segundo, ¿de cuándo a acá, las y los priistas tienen derecho a opinar sobre las instrucciones de sus líderes? En el PRI no existe consenso, existe línea, por más que quieran negarlo. Y en ningún otro año, en la elección de la Mesa Directiva del Senado de la República, se ha cabildeado el nombre de quien ocupará su presidencia; son los grupos parlamentarios los que toman las decisiones de quién los representará en los distintos órganos de gobierno de la Cámara Alta.

Sin embargo, estoy convencida que detrás de todo esto no se encuentra más que una estrategia perversa para ocultar y desviar la atención de otros temas realmente trascendentales para el país. Y aunque mi aspiración –y la de Laura Rojas– es legítima y apoyada por nuestros compañeros de bancada, estoy consciente de que este tipo de cargos son pasajeros. Lo que el PRI quería era, en realidad, dar una muestra de quién manda en el Senado y de lo que es capaz de hacer con tal de mantener el poder.

1.- Todos los medios y la opinión pública, incluso miembros de mi partido político se han volcado sobre uno de los motivos por los que se requería una presidencia más “amable”: el nombramiento del fiscal general.

Por supuesto el PRI, en este caso –como en muchos otros– hizo una doble jugada: apoyar por un lado a un militante del PAN para después decir que el resultado se dio así por un pleito interno de Acción Nacional, entre “Anayistas” y “Calderonistas”, lo cual es una falacia porque para todos es conocida mi afinidad política, se supone pertenecíamos al mismo equipo.

Y por el otro lado, exacerbar los ánimos sociales en contra de Raúl Cervantes Andrade, pues aunque hay una defensa pública en su nombre, no sería la primera vez que desde dentro del PRI se boicoteen entre ellos para allanar el camino a otros personajes, que pueden no estar expuestos al escrutinio público. En el PRI son capaces de todo… ¿O se nos olvida lo ocurrido en Lomas Taurinas, o en el Hotel Casa Blanca?

No nos extrañe que ahora que el PRI decidió dar paso a la discusión a las modificaciones legislativas con respecto al nombramiento del fiscal general, surjan algunos nombres que “bondadosamente” estén dispuestos a ocupar dicha posición por el “bien de la nación”… Nombres como el de Humberto Castillejos, exconsejero jurídico de la Presidencia de la República; Felipe Muñoz, exprocurador en Aguascalientes, o Renato Sales, por sólo mencionar algunos. Vaya, tampoco dudo que quieran empujar como una concesión generosa a nuestro compañero Roberto Gil Zuarth.

2.- No tengo duda, como tampoco creo que la tengan otros actores políticos, que el nombre de José Antonio Meade haya influido, pues para el PRI no es tema sencillo la elección de su candidato presidencial en 2018.

3.- El PRI requiere forzosamente la aprobación de la Ley de Seguridad Interior, que presentó en la Cámara de Diputados y con la que ha chantajeado a los gobernadores del país, con el argumento de la defensa de las Fuerzas Armadas, pues se niega a discutir el Mando Mixto y para completar la jugada necesita también la aprobación del Mando Único.

4.- La Cámara de Diputados está por iniciar la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, y como siempre, la distribución de los recursos será una forma de presión y chantaje para el tema electoral venidero.

Ninguno de estos temas es aislado, el PRI siempre ha privilegiado la política electoral por encima de la política pública, saben del enorme rechazo que los ciudadanos tienen ahora de su gobierno federal y de sus gobiernos estatales. Llevamos décadas y décadas, siendo manejados por los mismos grupos políticos tanto en la federación como en los estados, a los que no les importa camuflajearse de distintos colores e introducirse en los partidos políticos, aunque todos pertenezcan al mismo grupo.

En el fondo, el PRI de siempre usó a esta “nueva generación de priistas”, llamados “el Nuevo PRI”, para conseguir sus objetivos. Finalmente, los nombres que ostentan el poder en el país siguen siendo los mismos: Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, César Camacho, Beatriz Paredes, Jorge Carlos Ramírez, Carlos Salinas de Gortari y los caciques estatales que han heredado los cargos a sus parientes.

Ante todo este panorama, lo único que lamento, es que los cinco compañeros que votaron junto al PRI, digan ahora que a Laura Rojas y a una servidora “nos chamaquearon”, fortaleciendo con ello el argumento de que “no estábamos a la altura del cargo”…

Pregunto: ¿En realidad fuimos nosotras las “chamaqueadas”? ¿O quienes han ocupado cargos tan importantes como secretarías de Estado, y fueron parte de esta generación nueva a la que el presidente Calderón dio oportunidad de crecer? ¿De verdad no se han dado cuenta de cómo juega el PRI? De ser así, sería una pena tanta ingenuidad política, y de ser lo contrario… sólo podría llamársele complicidad.

*Senadora del Partido Acción Nacional

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