¡Hola, Mr. Trump! “Mexamérica” te saluda…

Son ya tres décadas las que Fey Berman lleva viviendo en Estados Unidos, razón más que sobrada para hacerse acreedora a la enigmática cuidadanía mexamericana; 30 años de observación profunda que quedó registrada en Mexamérica. Una cultura naciendo…, publicado por Ediciones Proceso y en el que la autora agrupó sus reseñas, apuntes, entrevistas, ensayos y reflexiones sobre ese fenómeno sociocultural, etnológico, antropológico y, desde luego, migratorio. He aquí la introducción y un capítulo –“¿Du yu spic Spañish?”– del volumen que comenzará a circular en los próximos días.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- 1. Son tiempos difíciles para los mexamericanos. Tiempos en que una narrativa llena de odio y sustentada en la ignorancia nos describe como criminales y como ladrones de empleos. Una retórica que, además de falsa, nos simplifica: da a entender que somos una masa uniforme, uno idéntico al otro, y que podemos ser fácilmente definidos con una simpleza anecdótica: “son mexicanos que cruzaron la frontera para trabajar en los EUA”.

Porque somos muy diversos, porque el cruce de la frontera, legal o ilegal, es apenas un detalle de lo que somos y en lo que nos hemos ido convirtiendo, porque somos de cierto participantes de una cultura naciente, y distinguible, decidí publicar este libro de ensayos acerca de la presencia mexicana en Estados Unidos. Un tema que, por cierto, hasta ahora ha sido escasamente abordado.

Probablemente soy yo quien ha escrito de una forma más constante y abundante sobre los diversos aspectos de esa presencia compleja, animada, burbujeante.

¿Por qué razón se ha escrito tan poco sobre nosotros los mexamericanos?

Es simple. Justificadamente, lo primero que resalta de ambos lados de la frontera, y a donde la atención de la mayor parte de los observadores se ha enfocado, es la ola de inmigrantes indocumentados, los mexicanos que permanecen en Estados Unidos sin documentos y en la sombra de la ilegalidad.

Claro, uno no puede dejar de sorprenderse de que desde los años ochenta, una década después de que la oleada actual de la migración mexicana despegó, y hasta el 2000, la mayor parte del crecimiento de la población mexamericana se atribuye a la llegada de inmigrantes. Tampoco puede uno dejar de sorprenderse de que en solamente 20 años, entre 1990 y 2010, más de 7.5 millones de mexicanos inmigraron a Estados Unidos.

Cierto, no debe quitarse el dedo respecto de la situación ilegal de los indocumentados, de su sufrimiento al vivir en familias divididas, del impacto de los muchos pueblos abandonados que han dejado atrás, de la urgente necesidad de su regularización, del trágico destino de los deportados.

Pero hablar de Mexamérica refiriéndose únicamente a los migrantes sin papeles es limitar la visión de una realidad multicolor a uno de sus matices.

Más bien, y especialmente ahora, tiempo de las vergonzosas deportaciones, es momento para narrar cuán larga es la historia de los habitantes de origen mexicano al norte del río Bravo. Una historia que se inicia aun antes de que ambos países tuvieran los nombres que hoy tienen, cuando eran parte del Imperio Español y del Reino Británico. Una historia que además se torna compleja con sólo recordar que alguna vez una tercera parte de Norteamérica fue México. Una historia larga, continuamente moldeada por circunstancias que han ido cambiando de forma radical. Si entre 1990 y 2010 más de 7.5 millones de mexicanos inmigraron a Estados Unidos, a partir de 2010 la inmigración neta ha sido cero. Y desde hace cinco años se ha vuelto negativa.

Es decir que ya para 2017, incluso antes de las deportaciones de Mister Trump, había más mexamericanos que volvían a México que los que llegaban a Norteamérica. Y ya desde el inicio de este siglo los nacimientos de niños norteamericanos de origen mexicano superaban a la inmigración como el principal motor del crecimiento de la población mexamericana.

Otra vez: el fenómeno mexamericano es diverso. Y es de una vastedad inigualable al de otras comunidades nacidas de la migración. Algunos datos solamente para dar una idea de su dimensión. Datos que confío resultarán sorprendentes para el lector:

Hoy los indocumentados representan solamente 16% de la población mexamericana.

Se estima que la población mexamericana llegó ya a los 37.5 millones. Es decir, si la población mexamericana fuera un país, en la lista de países ordenados según el número de sus habitantes, Mexamérica seguiría a Irak, ocupando el lugar 38, y precedería a Canadá.

Más sorpresas: De cada nueve personas en los Estados Unidos, una es mexamericana (no en vano el noveno apellido más frecuente en Norteamérica es García). O visto desde el otro lado de la frontera, por cada 10 mexicanos hay tres mexamericanos.

En pocas palabras, el fenómeno mexamericano es resultado de la diáspora más grande del planeta. No exagero: la diáspora más grande de la historia en el planeta.

Y se trata de una diáspora que no es temporal: 25 millones de los mexamericanos nacieron ya en Estados Unidos, y de los 12.5 millones que son inmigrantes, más de la mitad son residentes legales.

Valga la redundancia: la comunidad mexamericana tiene una larga historia, es enorme, y aunque le disguste al norteamericano xenófobo, está para quedarse en los Estados Unidos.

Además, Mexamérica seguirá creciendo. Por más que en algunos sectores de la población estadunidense se siga soñando en Make America White Again, con o sin inmigración la comunidad mexamericana seguirá agrandándose y a grandes pasos. Y por otro lado, dado que es la población más joven de Estados Unidos, su participación en la fuerza laboral de este país, que hoy es de casi 10%, aumentará considerablemente, haciéndola indispensable.

2. ¿Pero existe de verdad algo que se pueda llamar Mexamérica? ¿O eso que llamamos así es México trasplantado a Norteamérica?

Déjeme asegurarle al lector que existe Mexamérica. Que la cultura mexamericana no es la cultura mexicana en suelo gringo. Aunque sin duda está muy coloreada por lo mexicano, Mexamérica tiene colores de otros orígenes.

Naturalmente en ella se ha infiltrado de forma poderosa el mundo anglosajón. Es decir, los valores y las formas del American way of life.

Naturalmente también, ha sido polinizada por las otras culturas latinoamericanas: en los vecindarios latinos se cumple de forma inesperada el sueño de Simón Bolívar: una cultura mestiza hispanoamericana, una mezcla de todas las nacionalidades que hablan el español en el continente.

Menos notable, pero igual de real, es la influencia afroamericana, asiática y judía en nuestros paisanos.

¿Por qué sin embargo no se reconoce a la cultura mexamericana en ninguno de los dos lados de la frontera como eso: una cultura? ¿Por qué no se le nombra como una idiosincrasia definida?

En México persiste la necia ilusión de que los que se fueron siguen siendo como los que se quedaron, de que nada les ha pasado en el viaje, nada les ha pasado en décadas de vivir en Los Ángeles o en Chicago. Hablan spanglish pero son idénticos a sus familiares de Pátzcuaro, quiere esa necia ilusión. Y tampoco se reconoce lo mexamericano en Estados Unidos. Cuando acá se habla de lo mexamericano no se le distingue ningún sincretismo entre lo gringo y lo mexicano. Como si los mexamericanos vivieran totalmente aislados de los anglosajones, asiáticos, afroamericanos y judíos.

Para muestra de la incomprensión de lo mexamericano está el hecho de que no existe ni en Estados Unidos ni en México un solo museo dedicado a la herencia mexicana en Gringolandia. Fundarlo ha sido un proyecto antiguo pero que todavía no logra tracción.

¡Qué desapointin!, diría cualquier mexamericano. Nos watchean,­ pero no nos quieren ver.

Cierto, los mexamericanos parecen ser invisibles: en la periferia de la cultura norteamericana y en la periferia de la cultura mexicana.

Este libro busca iluminar esa periferia. Hacerla visible. Hacerla real al lector. Haciendo reconocibles y comprensibles sus sabores, olores, sus formas peculiares, sus sonidos característicos; es decir: su música, su idioma, su colorido único.

3. El método para armar este libro me lo ha dictado mi historia personal, más que una decisión tajante. Nací en México y, sin embargo, he vivido más de la mitad de mi vida adulta del Otro Lado, al norte de la frontera. Y viviendo aquí he escrito sobre lo mexamericano durante más de 10 años, a trozos, enfocándome cada vez en un evento particular: la crónica de una obra de teatro, la reseña del concierto de un grupo que toca jazz jarocho, el perfil de una academia de mariachis con alumnos de distintos orígenes, el relato de la historia del primer pintor mexamericano, el reportaje de un día de elecciones en un barrio de indocumentados… Y he ido publicando estos ensayos, entrevistas y crónicas en las revistas Nexos, Letras Libres, Emeequis, Día Siete y Proceso, y en los periódicos Milenio y Reforma.

Ahora selecciono entre todos ellos los que forman este libro. Me parece que esta selección retrata algo más que la suma de sus contenidos. Retrata el fascinante fenómeno de una nueva cultura naciendo. La formación de una nueva identidad.

Mexamérica.

4. He dividido este libro en cinco secciones:

Retratos de inmigrantes trazados en las artes.

El contexto político y social en el que viven los mexamericanos, incluyendo un apartado dedicado a la frontera, otro al fenómeno mexneoyorquino, otro a Chicago y uno más a Los Ángeles.

Artistas mexicanos que han dejado huella en los Estados Unidos.

Mexamericanos notables (más que remesas y folclor).

Y, por fin, el castellano en Estados Unidos.

Pienso que vale la pena chequear este escrito. ¿Está usted redi? (Espero no disapointear).

Una nota sobre el término Mexamérica

Los individuos de origen mexicano en Estados Unidos se autodenominan de varias maneras: latinos, hispanos, chicanos, mexicanos, méxico-americanos y hasta mexamericanos.

Ninguno de estos gentilicios es correcto. El término exacto para referirse a los pobladores de Estados Unidos de origen mexicano debería ser mexicano-estadunidense, mex-estadunidense o algo similar. Sin embargo, quisiera aquí disculparme por rechazarlo.

Es por buenas razones que no existe la costumbre de utilizar este gentilicio. El término es largo, fonéticamente torpe y difícil de pronunciar.

Al adoptar Mexamérica en este manuscrito no se trata de someterme al imperialismo yanqui que se apropió del nombre de todo un continente, América, para referirse a la tierra gringa, hace mucho, mucho tiempo. Más bien, es adoptar el término más descriptivo, y más importante, el que la gente de origen mexicano que vive en los EUA usa para autonombrarse.

Lo que no es casual: la palabra Mexamérica embona en la terminología que alude al origen de las distintas poblaciones que forman los Estados Unidos: mexamericano, afroamericano, asiático-americano.

Así que queda Mexamérica. Con disculpas a la corrección política. (…)

¿Du yu spic Spañish?

Incredibl. Estados Unidos le va pisando los talones a España en cuanto a número de hispanics. En Spein hay 46 milions, en el Yu es of ey (o sea, USA) 45. En poco tiempo Gringolandia será el second pleis de hispanics after México. Pero se pone más incredibl: como se estima que para 2050 acá habrá 132 milions de hispanics, para entonces los USA serán el first pleis.

Caray, la mayoriti de los hispanics del planeta Tierra vivirán en un país anglosajón. Y la tercera parte de este país será hispanic.

Bueno, lets teic it isi. Eso dosnt min que esos hispanics gringos del futuro hablarán realmente el Spanish. Los datos de los censos de hoy afirman que hay “35 millones de hispanohablantes en Estados Unidos”, pero eso debe mantenerse entrecomillado, ya que muchos “hispanohablantes” gringos de hoy hablan así:

-Bróder, voy a regar la yarda con el jous.

-Tengo sed, dame una coca pero que este cul.

-Voy a hangear en el mol. Si ya leiter.

-Departamento de soporte al cliente

-Cambie de mente.

-No voy a salir, es que hay lluvia mojada.

-Me toca mopear el piso, pasar el vaquiumcliner en la carpeta y hacer londri.

-Los jombuyers y los renters anticipados ahora tienen una segunda manera para accesar a los millares de anuncios clasificados.

¿Necesita usted traducción? Esta es una manera sincrética de expresión lingüística de algunos de los hispanics gringos: españolizan palabras en inglés; traducen literalmente frases en inglés al español; alternan entre una y otra lengua, y fusionan la gramática y la sintaxis de ambas lenguas.

-Voy por las grocerías a la marqueta. 

-Hice mi aplicación al armi. 

-Te llamo para atrás. 

-Seil de carros pre-poseídos. 

-Está corriendo para mayor. 

Se han publicado decenas de libros en inglés que usan o analizan este híbrido al que algunos denominan genéricamente spanglish o espanglís o ingañol y que lo consideran un nuevo dialecto. O incluso la primera etapa de un nuevo idioma.

Sin embargo, en la recién publicada Enciclopedia del español en los Estados Unidos, editada por el Instituto Cervantes de Nueva York, se asevera que lo que algunos insisten en llamar spanglish es simplemente un español popular empapado de inglés y que no se trata de otra lengua. Se alega además que el español no está desapareciendo al sumergirse en las aguas del inglés.

Imposible no tomar este texto en cuenta. La Enciclopedia del español en los Estados Unidos recopila ensayos escritos por 40 académicos expertos en nuestra lengua, todos ellos hispanos de Estados Unidos.

Esto es lo que la Enciclopedia propone. En Estados Unidos se está viviendo una época de transformación de nuestra lengua similar a la que ocurrió cuando el español viajó de la Península Ibérica al Continente Americano y se impregnó de las lenguas indígenas.

La transformación es, además, doble. Cada grupo hispano en Estados Unidos maneja otra jerga de español con elementos de inglés, de acuerdo con su lugar de origen. Hay una jerga puertorriqueña de Nueva York, una jerga mexicoestadunidense, una jerga cubanoamericana y otras.

A través de los medios de comunicación en español, la televisión y la radio latinas, esa diversidad se está conjugando en un español estándar.

¿Pero por qué están tan esperanzados los autores de la enciclopedia en que el español no desaparecerá en Estados Unidos? Se trata de una cuestión de números. Los hispanos representan 15% de la población estadunidense. Son la minoría más grande y con el mayor índice de natalidad. Y 53% de su crecimiento se debe a la inmigración. Es decir: este grupo crece a pasos agigantados y, por lo pronto y para el futuro previsible, la mayoría en él tiene mayor dominio del español que del inglés.

Como grupo, los hispanos tienen ya un enorme poder adquisitivo y su poder político está creciendo. Los candidatos políticos se esfuerzan en atraer a los hispanos mediante campañas en español. Muchas empresas hacen lo propio. Continuamente aparecen nuevos programas de radio y de televisión en español, o revistas y periódicos en español. Los servicios al cliente bilingües son ya de rigor en hospitales, iglesias y oficinas gubernamentales.

En Estados Unidos, y a pesar de la oposición de los estadunidenses conservadores, muchos ciudadanos consideran hoy indispensable ser bilingüe. Así, la enseñanza del español ha aumentado y sigue aumentando para los adultos y para cada vez más jóvenes y niños. Que Latinoamérica esté a la vuelta de la esquina sólo añade razones para aprender español.

Parece entonces que el español llegó a Estados Unidos para quedarse. No son sólo los académicos quienes lo piensan. En su campaña presidencial Barack Obama aconsejó a los estadunidenses que aprendieran a hablar español.

Además, el Latin flavor está de moda. Por ejemplo: el año pasado el escritor estadunidense de origen dominicano Junot Díaz ganó el premio Pulitzer por La maravillosa vida breve de Oscar Wao, novela escrita en inglés pero salpicada de español. Este año en Broadway se reestrena West Side Story (Amor sin barreras) en versión bilingüe y con la mitad del reparto hispano, con el deseo de hacer una interpretación más auténtica que la versión original. El papel protagónico lo encarnará la argentina Josefina Scaglione.

Pero tampoco es tan simple como decir que el español se quedará en Estados Unidos. La pregunta que matiza la afirmación es: ¿qué español?

Los directores de las academias de nuestra lengua creen que un día se hablará del español de Estados Unidos en lugar del español en Estados Unidos. Un español que sonará distinto al de México, al de España, al de los otros países hispanohablantes.

Y hay que subrayar las dos condiciones que aseguran la permanencia del español en Estados Unidos:

Dado que los hijos y los nietos de los inmigrantes hispanos van olvidando el español, según muestran las encuestas, el español acá sólo subsistirá si los hispanos les insisten a sus descen­dientes que sean bilingües y si la inmigración no para.

Sori, es un misteic pero no hay razón para friquearse.

Este adelanto se publicó el 10 de septiembre de 2017 en la edición 2132 de la revista Proceso.

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