Coloquio Latinoamericano de Fotografía

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Un gran acierto tuvo el reconocido y visionario fotógrafo Pedro Meyer al revivir el emblemático Coloquio Latinoamericano de Fotografía que, con sus ediciones de 1978, 1981 y 1984, logró fortalecer la cohesión del gremio y legitimar el valor artístico de las prácticas en esa expresión.

Realizado en el Foto Museo Cuatro Caminos (FM4C) que él mismo fundó e inauguró en septiembre de 2015 en la Ciudad de México, el nuevo encuentro celebrado del pasado miércoles 13 al sábado 16, además de integrar conferencias, discusiones, talleres y una exposición de fotografía cubana contemporánea, se distinguió por la presencia de la espléndida Feria de Fotolibros organizada por las plataformas fotográficas Hydra de México y Turma de Argentina.

Afectuoso, alegre, y con un enorme signo de interrogación en el pecho estampado en blanco sobre una playera negra, Pedro Meyer planteó que el tema central del coloquio era la pregunta: ¿Adónde vamos?

Con base en la premisa de que “La imagen ya no es como era antes” y convencido de que el presente es un tiempo de cambios culturales y tecnológicos que suceden con gran rapidez, el cofundador en 1976 del Consejo Mexicano de Fotografía y en 1978 del Coloquio Latinoamericano, se ubicó en el hoy y el mañana afirmando: que la fotografía está en evolución, que la verdad fotográfica ya no es posible ni representa un problema, y que con las posibilidades de internet la fotografía ha encontrado un nuevo destino.

Apasionado de las posibilidades icónicas que permite la tecnología de las comunicaciones –especialmente los teléfonos celulares–, el también maestro, curador y editor afirmó  que la realidad fotográfica ha adquirido nuevos rumbos y, con base en que la imagen virtual ha devenido en una colección de datos, ya es posible hacer “imágenes de lo que se sabe y no de lo que se ve”. Por lo mismo, para entender actualmente la realidad, se debe estructurar de otra forma lo que es esa realidad, se debe entender “lo nuevo”.

Convencido de que nunca se sabe a dónde va el futuro, Meyer se mostró sorprendentemente comprensivo ante la  simplista producción y circulación masiva de imágenes digitales: la tecnología todavía es muy incipiente, su uso está en proceso, el fenómeno no tiene la madurez necesaria para ser evaluado y, además, es un importante medio de comunicación que genera inclusión social, como los “selfies”.

Arropado por un ambiente gremial expectante y de gran cordialidad, el nuevo Coloquio comprueba que las personas son las que configuran a las instituciones. La vitalidad que caracterizó al Centro de la Imagen durante los años noventa –y que se comprobó en el Coloquio de 1996 y principios del siglo XXI–, se perdió con la ausencia de promotores, curadores y fotógrafos que ahora dinamizan la escena al congregarse en el  FM4C.

Fascinantes en esta nueva etapa, los fotolibros se perciben como un puente entre un pasado y un presente, que ve al futuro aprovechando la accesibilidad digital y la sensualidad matérica del objeto llamado libro.

Este texto se publicó el 17 de septiembre en la edición 2133 de la revista Proceso.

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