“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

El rescate de los atrapados… entre concreto, ropa y varillas retorcidas

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El 19 de septiembre de 1985 se registró uno de los sismos más mortíferos en la Ciudad de México, y desde entonces se realiza cada año un simulacro para crear conciencia cívica, misma que trastocó las emociones de los capitalinos a las 13:14, dos horas después del ejercicio de prevención ante un movimiento telúrico de 7.1 grados Richter.

Minutos después que comenzó a cimbrarse el suelo, sonó la alarma sísmica en la delegación Benito Juárez, una de las más afectadas por este movimiento, cuyo epicentro se registró en los límites entre Morelos y Puebla.

Desde el Eje 6 Sur Ángel Urraza y Gabriel Mancera se cerró la circulación tras darse a conocer que sobre la misma avenida Mancera y la calle Encino habían colapsado dos edificios: el primero entre Mancera y la calle Escocia, que tenía 12 departamentos, y otro de 30 ubicado en la misma calle Escocia con número 31.

Minutos después de ocurrido el sismo, la circulación colapsó por todas las calles de la delegación. En un recorrido a pie, sobre Mancera, se pudieron observar edificios con los vidrios rotos, las paredes cuarteadas. El ubicado en esa avenida con el número 741 quedó completamente fragmentado.

La imagen de la solidaridad que se registró en el 85 se repitió en la zona donde colapsó un edificio ubicado junto a una escuela, donde se reportaron, hasta el momento, cinco muertos –cuatro niños y un adulto–, y el rescate de 14 personas.

Los enormes edificios que quedaron reducidos a escombros provocaron las lágrimas de quienes ahí perdieron a sus familiares o a sus pertenencias.

Un muchacho llegó corriendo a corroborar que el edificio donde vivía había colapsado y, con lágrimas en los ojos, sólo clamaba: “¿Por qué?, ¿por qué?”.

La desorganización no desanimó a la gente que, sin pensarlo mucho, ayudó a cargar botes llenos de escombros para tratar de abrirle paso a los rescatistas, quienes buscaban a personas atrapadas entre concreto, ropa, láminas dobladas, varillas retorcidas y sentimientos encontrados.

Juntos sacaron un tanque de gas estacionario para evitar que la tragedia fuera mayor.

“Una señora está atrapada”, se escuchó gritar a unas personas, mientras los militares aleccionaban a los voluntarios a pedir que se guardara silencio con la señal del puño en alto, esto para evitar que el barullo pudiera colapsar los escombros y generar más daños.

La ciudadanía no se daba abasto para retirar los escombros. Ni siquiera los bomberos; uno, con cara de satisfacción, fue felicitado por los presentes que le aplaudieron cuando sacó con vida a un señor que había quedado atrapado en su derruido departamento.

Ante la poca organización que había, algunos comenzaron a pedir a los voluntarios que formaran filas para sacar los escombros. Usaron grúas y exigieron camillas pensando en que había gente a la que podían rescatar. En algún momento sacaron a una persona, cubierta con una sábana de pies a cabeza, sin vida.

Otra muestra de solidaridad fue la mostrada por las personas que sacaron de sus casas comida, frutas o llegaban con botellas de agua; repartieron tapabocas, dieron agua a los militares que se instalaron en los alrededores y maniobraron desde el Verificentro BJ938.

La situación quedó rebasada porque pasaban las horas y se temía que comenzara a oscurecer, lo cual dificultaría las labores de rescate, así que llegó el Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, la Marina, los militares del Plan DNIII-E, los de Tránsito, ambulancias e incluso un dron.

También socorristas, Cruz Roja Mexicana, de la Secretaría de Protección Civil de la Ciudad de México, ambulancias del ISSSTE, personal del Soporte Básico de Vida Emergencias.

En esa misma calle, Escocia, ya se habían instalado centros de acopio por el sismo registrado la noche del 7 de septiembre pasado.

Se instaló también una barredora de escombros sobre la calle de Fernal, tráileres, camiones militares, todo tipo de vehículos que tenían agobiados a los vecinos y con el rostro compungido.

Igual se instaló el Plan Marina, las Brigadas Médicas y el Plan Mx Sedena, y a la par se repartieron cascos del Fonden.

El temor persistía las horas siguientes pues, además de encontrar más víctimas que sobrevivientes, flotaba en el aire la interrogante de que se registre una réplica similar tal como ocurrió en 1985.

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