Coquimbo: la batalla quirúrgica

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En la parte trasera del edificio colapsado de la calle Coquimbo, en la colonia Lindavista, la señora Isabel Reyes insiste ante el titular de la delegación Gustavo A. Madero, Víctor Hugo Lobo Román, que ordene a un equipo de búsqueda y rescate que trabaje en la parte frontal de edificio para extraer a su hija, Isabel Reyes, quien hasta la madrugada de hoy había dado señales de vida.

“Haga algo para que puedan trabajar por enfrente”, le dice.

El de Coquimbo 511 era un edificio de siete pisos en el que vivían 27 personas. El sismo zarandeó los edificios que lo flanquean y entre ambos lo hicieron sándwich. Sus tres primeros pisos se vinieron abajo y el edificio se colapsó en vertical.

En ese momento se encontraban en el edificio 12 personas. De acuerdo con el delegado Lobo durante la madrugada fueron sacadas seis personas y hasta la mañana de hoy miércoles 20 quedaban otras seis personas atrapadas a quienes vecinos y familiares suponen aún con vida.

A diferencia de lo que ocurre en otros edificios colapsados, dónde voluntarios están volcados en las labores de rescate, aquí soldados del ejército y policías de la Secretaría de Seguridad Pública desalojaron a los voluntarios y acordonaron la zona. No permiten el acceso a las labores de rescate. Y eso tiene molestos a los voluntarios que se agolpan en la esquina de Coquimbo y Sierravista.

“Podríamos estar trabajando ahí. Sabemos hacerlo. Pero no dejan pasar y no se ve que hagan nada”, dice el rescatista civil José Ignacio Torres.

“No podemos hacer una labor masiva de rescate. Primero porque los edificios de cada lado tienen daños estructurales y se pueden colapsar poniendo en riesgo la vida de los están en el área. Y segundo, porque ahora lo que se requiere es un trabajo cuidadoso para extraer los cuerpos; no es la masividad lo que se necesita, sino una operación quirúrgica de rescate”, comenta un rescatista del grupo Vulcano.

La “operación quirúrgica” se realiza por la parte trasera del edificio. Participan “topos”, “vulcanos”, bomberos, personal del Ejército y de protección civil. Ahí se encuentran –con ojos llorosos, retorciéndose las manos, “encabronados por la falta de información y de avance en los rescates” —varios de los familiares de las seis personas atrapadas. Éstas son: la señora Ángeles Rivera, la joven Marisol Souza y su padrastro José Luis Ponce, Remedios Lorenzo y su esposo Laurencio Muñoz, así como el familiar de ambos, Eleuterio Escamilla.

En presencia del delegado Lobo, uno de los jefes de los rescatistas le dice a la señora Isabel Reyes que hasta ese momento (10:30 de la mañana) su hija Marisol Souza ya no da señales de vida. El único que da señales es su esposo, José Luis Ponce. Le asegura que es más probable que puedan rescatar a este último en unas horas más.

–Si quiere le muestro una fotografía que tomamos dentro, pero debe ser fuerte. A estas alturas, debemos hablar con la verdad, advierte el jefe de la brigada a la señora Isabel Reyes.

El delegado Lobo autoriza al jefe de brigada para que lleve a la señora Isabel Reyes a uno de los boquetes del edificio donde trabajan “como topos” varios rescatistas. La señora Isabel se acerca y se asoma. Su rostro se descompone, las piernas le flaquean. Dos rescatistas la sostienen y la ayudan a caminar rumbo a la salida.

En entrevista con el reportero, Lobo informa que en la GAM fueron desalojados tres edificios de viviendas debido a daños estructurales, así como varias bardas que se derrumbaron… “pero lo grave está aquí, en los edificios de Coquimbo”, afirma.

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