La contención de Corea del Norte

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Cómo contener a Corea del Norte es uno de los temas que mayormente preocupan en la actualidad. El fantasma de un enfrentamiento nuclear ha surgido de nuevo, como ocurría en los momentos más álgidos de la Guerra Fría. La posibilidad de que Trump o Kim Yong-un aprieten el botón para lanzar una bomba nuclear aterroriza. Con razón; independientemente de quién podría ser el ganador desde el punto de vista militar, las consecuencias serían desastrosas.

El adelanto nuclear mostrado por el régimen de Pyongyang, al llevar a cabo un ensayo nuclear más poderoso que los anteriores, ha incrementado la alarma. Las opiniones sobre cómo reaccionar son variadas. Trump desconcierta con frases amenazantes mientras Kim Yong-un hace otro tanto. Mientras, en el Consejo de Seguridad de la ONU se toman medidas al aprobarse por unanimidad una resolución que incrementa, con mayor contundencia que en ocasiones anteriores, sanciones económicas contra Corea del Norte. Sin embargo, los efectos de tal resolución son dudosos.

Para Estados Unidos lo deseable eran sanciones que al proponer, por ejemplo, la suspensión total de exportaciones de petróleo a Corea del Norte, ahogaran la economía de ese país. Semejante objetivo no es compartido por China y Rusia. Para la primera, es claro que no ve con agrado el armamentismo nuclear de Kim Yong-un. Pero no le conviene una situación caótica en el país vecino y, aún menos, que ello esté acompañado de una mayor presencia militar de Estados Unidos en una zona de gran valor estratégico. En líneas similares se encuentra la posición de Rusia.

Por lo tanto, fue necesario hacer concesiones para lograr la unanimidad. El resultado ha sido una resolución que se encuentra lejos de la agresividad que deseaba Estados Unidos. Hay un tope a las exportaciones de petróleo, pero éstas no se suspenden totalmente. Hay invitación a inspeccionar barcos que puedan conducir materiales prohibidos, pero no existe la posibilidad de ejercer la fuerza para detenerlos. Hay prohibición de comprar textiles procedentes de Corea del Norte, pero sólo cierto tiempo. En resumen, las sanciones establecidas no conducen al estrangulamiento económico de ese país.

Además de la conciliación necesaria con China y Rusia, también importa recordar que en la medida en que las sanciones perjudican mayormente a la población civil, son condenables por motivos humanitarios y de violaciones de derechos humanos.

El caso de Corea del Norte pone así sobre la mesa el tema largamente discutido de la eficiencia y alcance de las sanciones del Consejo de Seguridad. Que ese país haya logrado obtener la tecnología y materiales para fabricar las armas nucleares que hoy tiene, pone en evidencia la ineficiencia de 11 años de sanciones.

Será interesante dilucidar, entre otros puntos, quiénes proporcionaron los insumos prohibidos para Corea del Norte, violando, sin mayores dificultades, las disposiciones del Consejo de Seguridad.

Esas debilidades del régimen de sanciones llevan a considerar otras opciones. La más peligrosa es una acción unilateral por parte de Estados Unidos. Bombardeos rápidos sobre sitios estratégicos en Corea del Norte, con la esperanza de hacer caer a los actuales dirigentes. Semejante opción conlleva un altísimo riesgo ante la posibilidad de respuestas también rápidas de Corea del Norte que tendrían como principales víctimas a ciudades de Corea de Sur, así como el desorden que imperaría dada la inexistencia de un grupo político opositor en Corea del Norte que pudiese tomar las riendas. Las tensiones que se producirían a lo largo del mundo ante una situación de esa naturaleza son incontables.

Por lo tanto, no es sorprendente que analistas, grupos de pensamiento, líderes políticos y voces gubernamentales recomienden como la mejor opción pavimentar el camino para un diálogo de los principales países interesados con el régimen de Pyongyang, cuyo objetivo inmediato sea disminuir las tensiones y alejar el peligro de un enfrentamiento nuclear, al mismo tiempo que se fija una agenda de negociación cuya meta final sería la desnuclearización y desmilitarización de la península de Corea.

Se trata, evidentemente, de una tarea de largo plazo. Basta recordar los años que llevó el acuerdo para frenar el programa nuclear de Irán, lo difícil de los múltiples aspectos a incorporar en el Acuerdo, los mecanismos de evaluación y supervisión de los mismos, las dudas que despiertan, las concesiones que deben hacer una y otra parte. Optar por la diplomacia es un camino empinado y sinuoso. Ahora bien, sigue siendo la mejor opción a la acción militar en la era de las armas nucleares.

Las consideraciones anteriores son el antecedente para comentar la sorpresiva decisión del gobierno mexicano de declarar persona non grata al embajador de Corea de Norte y pedir su salida del país en 72 horas. No se trata de un rompimiento de relaciones, ha aclarado la cancillería; se trata de lanzar un mensaje de condena por los ensayos nucleares. Confirma la larga tradición mexicana a favor de la no proliferación de armas nucleares y el desarme.

Válido evocar esa tradición. Pero la expulsión del embajador lleva el asunto mucho más allá: rompe la posibilidad de diálogo con Corea del Norte en momentos en que tal diálogo es un objetivo deseable. Los dirigentes de Corea del Norte son actores imprescindibles para negociaciones futuras. Esperar que antes ocurra un cambio de régimen es descabellado. Por ello, el alto comisionado de la ONU para el desarme, privilegiando la negociación sobre la acción militar, declaró recientemente que no se busca el cambio de régimen de Kim Yong-un.

La percepción de la opinión pública sobre la expulsión del embajador es que ésta se relaciona con el deseo de contemporizar con el gobierno de Trump. Puede o no ser cierto, pero la percepción es un hecho. En un mundo de rápidas trasformaciones en el panorama de las relaciones geopolíticas, el gobierno mexicano tiene que ver con extremo cuidado el sitio en que se posiciona para lograr márgenes de acción. La expulsión del embajador de Corea del Norte no es una buena señal.

Este análisis se publicó el 17 de septiembre de 2017 en la edición 2133 de la revista Proceso.

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