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“La Realidad Virtual no es cine”: G. Iñárritu

Alejandro G. Iñárritu fue recibido el martes 12 con loas por el rector Enrique Graue en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM, donde el cineasta presentó su “instalación artístico humanística” para experimentarse en Realidad Virtual (RV) Carne y arena (virtualmente presente, físicamente invisible). En diálogo con Proceso, el cineasta declaró que la finalidad del proyecto no es transmitir ningún mensaje de conciencia social, pues refleja su frustración ante el conflicto de los migrantes, “por no poder hacer nada más”.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hace cinco años, el cuatro veces ganador del Óscar, Alejandro G. Iñárritu se acercó a la Realidad Virtual (RV) cuando “un amigo me enseñó un par de cosas”, y se le ocurrió, con ese sistema informático, poner a caminar al público en el desierto con los indocumentados mexicanos y centroamericanos en su intento por cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

El cineasta logró una instalación artística con un pedazo del muro real que divide a México y Estados Unidos para un cortometraje de más de seis minutos en RV; pero aunque la multidimensionalidad de esas imágenes es poderosa, cuenta, no le pareció suficiente, y agregó lo sensorial con arena y una mochila, además del sonido:

“Nuestros sentidos no mienten, son el contacto con la realidad. Creo que acerté combinar lo sensorial con la virtualidad. Por más que quieras escapar o negar esa realidad que se te presenta en tu cabeza, tus sentidos logran que te quedes ahí.”

Por eso tituló la propuesta Carne y arena (virtualmente presente, físicamente invisible) –la cual presentó primero en mayo pasado en la 70 edición del Festival de Cine de Cannes, luego en julio en la Fundación Prada (Milán, Italia) y en agosto en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, California (Estados Unidos)–, “porque el asistente experimenta en carne propia”.

Ahora el proyecto de G. Iñárritu estará desde el 18 de septiembre en el Centro Cultural Tlatelolco (CCT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sólo podrá entrar, cada vez, una persona para moverse en un espacio de 200 metros. La visita dura 15 minutos.

No se venderán los boletos en el CCT, sino en el sitio web www.carneyarenatlatelolco.com a partir del lunes 18. Cada lunes, desde las 9 de la mañana, se adquieren las entradas, únicamente dos por persona. Costarán 300 pesos cada una, con 50% de descuento a estudiantes, maestros y trabajadores de la UNAM, que apoya la instalación junto con el gobierno de la Ciudad de México y Cinépolis.

Quienes no logren realizar la compra electrónica de las entradas, podrían acudir a los cines del Centro Cultural Universitario los lunes luego de las 9:00 de la mañana.

En Carne y arena el visitante ingresa a un cuarto muy frío, con bancas, para quitarse los zapatos y calcetas. En el piso yace calzado de mujeres, hombres y niños, que pertenecieron a emigrantes reales. Enseguida, se abre una puerta para entrar a otro espacio oscuro, con arena en el piso. Allí entregan al usuario una mochila para cargarla, las gafas de RV y unos audífonos.

Inicia el cortometraje en el desierto y es de noche…

De pronto, aparecen unos inmigrantes reales (el director los invitó a actuar en la cinta). Se ve a una mujer con el tobillo lastimado y a un niño pequeño, apurados por un coyote. Súbitamente aparece un helicóptero de la Fuerza Aérea Norteamericana sobrevolando y su luz apunta hacia el visitante, pues éste se ha “convertido” en un emigrante ilegal; así, los agentes fronterizos, con sus perros y sus armas, ordenan que todos levanten las manos. La vivencia es fuerte, al sentirse la persona ahí mismo en el ojo del huracán como uno más de los indocumentados.

Tema ya abordado

Nacido el 15 de agosto de 1963 en la Ciudad de México, G. Iñárritu narra en entrevista que lleva más de 15 años radicando en Los Ángeles, por lo cual no puede ser ajeno a la situación de millones de personas “que viven en el limbo desde hace tiempo por no tener sus papeles”.

Rememora que el problema lo abordó antes en la película Babel, donde

la actriz Adriana Barraza recrea a una nana mexicana que enfrenta una desgracia en la frontera. También en Biutiful, en la cual aparecen inmigrantes africanos y chinos en Barcelona.

“Efectué una ardua investigación y entrevisté a muchos migrantes que padecieron situaciones trágicas, y a policías. Desde ahí quedé impregnado con ese conflicto que para mí, como capitalino, era un poco ajeno, geográficamente hablando”.

–¿Siempre pensó que lo correcto era la RV para abordar este tópico?

–Sí, y desde el inicio mi inquietud era poner a la gente a caminar con ellos; pero no existía la tecnología, mi ambición era mucho más grande de lo que la tecnología podía darme, y entonces decliné e hice dos películas, Birdman y El renacido. Acabando ésta invité a El Chivo (el cinefotógrafo Emmanuel Lubezki), sin saber si lo lograríamos, pero dijimos: ‘¡Vamos a intentarlo!’. Tuve la fortuna de contar con el apoyo de la Fundación Prada, Mary Parent Entertainment, ILMxLAB de Lucasfilm y Emerson Collective.

–¿Qué aporta la RV al cine?

–La RV no es cine –ataja.

“Con esta tecnología estamos como en 1895 cuando La llegada del tren, de los hermanos Lumière en París, que el público se levantó aterrorizado de sus sillas ante la visión de una enorme locomotora aproximándose de manera fatal hasta los límites de la pantalla. Es decir, con la RV estamos en pañales… ¡Esto no es nada!

“El cine es un arte que te presenta siempre una realidad bidimensional dentro de un marco, y vemos un pedacito de la realidad donde yo domino lo que tú observas. Allí, eres observadora pasiva, y lo demás, el ochenta por ciento que no te presentan, tú lo interpretas en tu cerebro. En la RV tengo que crear ese mundo multidimensional. Entonces, tú ya no sólo observas sino entras a ese espacio y eres activa, creando una narrativa personal y única. Así que son medios ajenos. Quizá lo único que tienen en común es que son visuales, pero son medios muy distintos. El cine además es masivo. La RV es mucho más personal. Habrá momentos que será para tres o cuatro personas, pero nunca será como el cine, que lo pueden ver mil personas al mismo tiempo”.

–¿Estamos preparados para esta tecnología de la RV?

–Depende de cómo se use. Creo que habrá unos usos terribles de la industria pornográfica, los videojuegos y la violencia; pero igual se usará en áreas como la científica y la educativa. Se utilizará en las exposiciones artísticas. Se podrá entrar en la mente de un escultor o pintor. Se va a transformar el mundo de las galerías y los museos. Se podrán crear cosas maravillosas… pero como siempre, la tecnología se puede utilizar para un lado o para el otro. De que me asusta, me asusta, porque puede ser utilizado como un escape o para la atención en algo no muy educativo.

–Se puede manipular a la gente, ¿verdad?

–Exactamente. Se puede utilizar como quieras. Como todo…

–¿Cómo preparar al público para que no lo manipulen con la RV?

–No se va a poder evitar –advierte.

“Habrá gente que produzca cosas terriblemente narrativas y gente que las consuma. Otros ofrecerán cosas positivas para poder exaltar o fortalecer la compasión; pero otros van a poder usarlo para fortalecer el odio, y un medio como este puede ser un peligro, pero siempre habrá lo otro…

“El consumidor escogerá, pero no lo puedes evitar; es imposible.”

Yuxtaposición de realidades

El realizador de Amores perros y 21 gramos asegura que su finalidad sólo era crear una instalación artística humanista, “donde pudiera reflejar mi frustración ante este conflicto, por no poder hacer algo más”.

Deseaba invitar a la gente a meterse en un fragmento de la vida de esas personas:

“Mi objetivo no era una demanda de acción. Se degradan estas cosas cuando se politizan o entran a favor de una ideología o religión, o algún beneficio económico. Creo que la realidad de estas personas es mucho más compleja. He visto que la gente sale conmovida, con una frustración o con una voluntad de ayudar.”

–¿Pasó por su mente crear conciencia?

–Sí, pero no fue la idea original, ahora coincidió la situación…

“Hace cinco años concebí Carne y arena, y era otra la realidad, terrible, claro, pero no la de hoy, que es una tragedia, más con la suspensión del DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), que afecta a jóvenes indocumentados. Es una realidad trágica y tenemos que actuar.”

Rememora que hace un año le propuso a la Universidad de Monterrey una beca, llamada Reconocer, para los estudiantes mexicanos en Estados Unidos. Se becó a cinco, una mujer y cuatro chicos (y remite a ver el sitio www.reconocer.org).

“Después de Carne y arena, si la gente sale con voluntad de ayudar, puede acudir a esa organización y quizá juntar dinero para ofrecer más becas a estos muchachos que quieran regresar. Esta idea se la platiqué al rector de la UNAM, Enrique Luis Graue, y le gustó. A ver qué logramos realizar.”

G. Iñárritu, el rector Graue y el jefe de gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera hablaron de Carne y arena ante los medios el pasado martes 12 en el CCT de la UNAM. Graue elogió al cineasta, así:

“No te puedo entregar un Óscar, pero te puedo dar las gracias porque en Carne y arena por nuestra raza habló tu espíritu.”

A su vez, G. Iñárritu definió su obra como “oda a los migrantes”.

–¿Qué pesa más, la experimentación o el mensaje? –le demandó Proceso en la entrevista.

–Yo no creo en los mensajes.

“Traté siempre de tener muy claro no dar mensajes, ni señalar culpables, ni ofrecer insultos, en fin. Es más bien representar la complejidad de este desencuentro entre unos policías, con armas de terrorismo, que les pagan para detener a refugiados, porque son personas que buscan un refugio para sobrevivir. Aspiraba mostrar esa yuxtaposición de dos realidades tan distintas.”

–Llama la atención que como contador de historias no crea usted en los mensajes, ¿por qué?

–Odio los mensajes. Un mensaje es un consejo, un punto de vista a veces limitado, subjetivo, muy cerrado, porque para cada mensaje hay trecientos contramensajes o posibilidades. Lo mejor de una expresión es poder dejar libre a la persona para que haga sus propias conclusiones.

Sin embargo, el cineasta culmina consintiendo:

“Espero que Carne y arena dispare diferentes emociones e ideas”.

Esta entrevista se publicó el 17 de septiembre de 2017 en la edición 2133 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha.

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