La tragedia y la indignación

El terremoto aún no cesa… El símil lo refuerza un México sacudido por otras calamidades que los ciudadanos identifican en la actual coyuntura: el oportunismo presidencial y de los partidos políticos, la ineficacia gubernamental en eventos como los sismos que azotaron a Chiapas, Estado de México, Morelos, Oaxaca, Puebla, Tabasco y a la Ciudad de México. El del martes 19, con su secuela de muertos, heridos y damnificados, fue la puntilla para la indignación, pero sobre todo para la acción ciudadana –inmediata y firme, comprometida y amorosa, inconmensurable– ante unas autoridades pasmadas que se achican frente a la emergencia y, peor aún, mienten y lucran con la tragedia, de la mano de medios electrónicos irresponsables.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Lo mismo en Oaxaca que en Morelos y la Ciudad de México, los ciudadanos han encarado autoridades por su protagonismo en medio de la tragedia. La desconfianza en el manejo de donativos ya causó irrupciones en instalaciones gubernamentales; los voluntarios se han confrontado con los cuerpos de seguridad y las Fuerzas Armadas por su proceder, y todos son sancionados en redes sociales por la desmesura.

El 19 de septiembre, en una esquina de las calles Chimalpopoca y Simón Bolívar, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, arribó en la tarde sólo para ser expulsado por cientos de voluntarios, familiares de víctimas y vecinos. Una mano anónima se le estampó en la nuca mientras que otros lanzaban agua al político hidalguense, responsable de la política interior del peñanietismo.

“¡Ensúciate las manos, cabrón!”, se escuchó.

En ese lugar, obreras textiles y oficinistas quedaron bajo los escombros de un edificio. Como ocurría en casi todos los lugares donde hubo derrumbes, mujeres y hombres de todas partes llegaron a retirar a las personas atrapadas, integrando cadenas humanas con la esperanza de encontrar sobrevivientes.

Y es que en Oaxaca y Chiapas el pasado 7 de septiembre, así como en la Ciudad de México, Morelos y Puebla el 19 siguiente, la sociedad se anticipó a sus gobiernos en la atención de los desastres mientras los cuerpos de seguridad y el gobierno estaban ausentes.

Media hora después del sismo del 19, por las principales avenidas de la Ciudad de México se puso en movimiento un éxodo, con caos vehicular y el transporte público suspendido. Mujeres y hombres, vecinos y trabajadores del sector se erigieron en agentes de tránsito por la ausencia de oficiales.

Rápidamente, de todos los rincones de la ciudad llegaban voluntarios y donaciones, alimentos y agua para todos, así como objetos indispensables: carretillas, herramientas, cubetas, polines, cuerdas, extensiones eléctricas… Unas dos horas después, elementos de Protección Civil empezaron a coordinar algunas acciones, aunque al poco tiempo fueron relevados por el Ejército y la Armada.

La solidaridad y el hartazgo se hicieron patentes días antes, en Oaxaca, cuando un grupo de ciudadanos descubrió que en el domicilio particular del secretario perredista del ayuntamiento, Óscar Cruz, se almacenaba la ayuda enviada a ese municipio afectado por el sismo del 7 de septiembre. Aunque la presidenta municipal Gloria Sánchez intentó desmentir la especie, el día 15 policías municipales protestaron contra ella por esconder despensas.

Fragmento de reportaje especial publicado en Proceso 2124, ya en circulación

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