Testimonios del sismo: “No somos ricos, pero teníamos una casa fabulosa”

CIUDAD DE MÉXICO, (apro).- Una semana después del sismo, Judith y su esposo viven en una habitación de casa de uno de sus hijos, en la incertidumbre total. Su casa en Saratoga 720 de la colonia Portales no se derrumbó, pero no puede vivir más allí: el edificio de departamentos de al lado, la dañó, aparentemente de manera irremediable al “recargarse” sobre su vivienda. Y ninguna autoridad le da razón de qué pasará.

“Mi casa está sosteniendo el edificio, quedó fracturada. Mi vida está allí, toda. No somos ricos, pero teníamos una casa fabulosa”, dice.

Ese día 19 de septiembre, seis personas fueron rescatadas, con lesiones, pero vivas, del edificio contiguo a la casa de Judith en esta zona de la delegación Benito Juárez. Una persona murió.

Casi todos los ocupantes de los 16 departamentos se encontraban ausentes del inmueble, en sus trabajos.

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En el número 720, la casa de Judith está construida en un predio de 350 metros cuadrados. Allí ha vivido con su esposo por 27 años. Ella fue capturista y él programador de sistemas para diversas empresas; ambos son jubilados. Su esposo recibe una pensión de ocho mil pesos al mes, ella vende enseres domésticos por catálogo y así completan su manutención.

Judith estaba en el baño cuando sintió las primeras vibraciones bajo sus pies. Su esposo Raúl estaba durmiendo a su nieto de seis meses, al que ambos cuidan. Con dificultad por el movimiento telúrico, corrieron a la puerta y cuando la abrieron para alcanzar la reja hacia la calle, les cayó una nube de polvo y por instantes no pudieron ver.

El edificio vecino se estaba desgajando de lado, justo sobre su casa.

“Corrimos hacia el patio de atrás –que utilizan como estacionamiento- y se había caído una barda” por el mismo impacto del edificio de departamentos. Así que la mujer de 63 años y su esposo de 65 con el bebé, se refugiaron en un pequeño espacio pegado al muro de la casa contigua, hasta que cesó el temblor.

“Yo gritaba a dios como loca…el ruido de los vidrios, de los fierros, de las lozas, fue espantoso”, relata Judith.

Entonces pudieron acercarse a la reja y un vecino entró para ayudarlos a salir.

Cuando ya estaban en la calle, alguien gritó que había una fuga de gas. “Entonces corrí casi hasta la esquina del Eje Central con el bebé. Estuve allí como dos horas, no me podía comunicar con nadie; una vecina me dio asilo hasta que pude comunicarme con mis hijos y fueron por nosotros”.

El Ejército llegó, personal de Protección civil acordonó ambos lados de la calle y en esa cuadra de Saratoga los vecinos han sido impedidos de volver a ingresar a sus viviendas o trabajos, por el riesgo de que el edificio de departamentos y otros inmuebles se vengan abajo.

Las imágenes tomadas a su casa muestran un edificio de dos plantas de color salmón, casi en perfecto estado en la fachada, la barda del frente. Y sobre el costado, el edificio de departamentos inclinado.

El amplio patio trasero es otra cosa. Hay escombros del edificio vecino y partes de éste cayeron sobre una parte de la planta alta, derrumbando algunas habitaciones.

“Es nuestro patrimonio de 40 años –dice Judith. Y ahora nos traen de oficina en oficina, que a Protección Civil, que a la delegación (Benito Juárez) que a quién sabe dónde más a meter papeles, pero ni una ayuda nos han dado para el día a día”.

“Ya me resigné”, dice, aunque sus palabras suenan más para convencerse a sí misma que a los demás.

“Me resigné a volver a empezar de cero a mis 63 años”, reitera, pero pide que cuando menos se le ayude a bardear para que no le invadan su terreno.

En su habitación de casa de su hijo en la calle Elena de la colonia Nativitas, Judith piensa en sus cosas, en un comedor que le acababa de regalar su hijo, en los muebles de cocina que compró con su trabajo como vendedora con otro grupo de mujeres. “Mi vida está allí, toda. Los diplomas de mis hijos allá están colgados, mi foto de boda, mis virgencitas”.

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