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Cataluña: Otoño caliente

MADRID (apro).- El referéndum de Cataluña lo inunda todo en España. Y hay razones para ello, porque se vive uno de los diferendos políticos e institucionales más importantes en décadas.

Los pronósticos de lo que va a suceder este domingo 1 de octubre (1-O) y los días posteriores es incierto, aunque los escenarios están dibujados, dependiendo de con quién se hable: si con los independentistas o con los “unionistas” o “constitucionalistas”, como se llama a los que no quieren esa separación.

Nadie sabe aún qué sucederá si el presidente Carles Puigdemont o el Parlament catalán declaran unilateralmente la independencia. Desde el entorno independentista lo dan por hecho, aunque hay muchos matices. Desde el gobierno central aseguran que no se producirá y siguen a rajatabla la vía de la justicia contra los promotores del referéndum, sin haber desplegado para nada los mecanismos de la política.

Aunque no son deseables, tampoco se descartan episodios de enfrentamientos callejeros con las fuerzas de seguridad.

Los políticos recurren a las policías tanto de un bando como del otro, con lo cual hay un dilema para algunos; por ejemplo, en el entorno de los Mossos d`Esquadra, la policía autonómica, reciben órdenes y contra órdenes.

El referéndum ya fue paralizado por el Tribunal Constitucional (TC), como máxima institución garante de la constitución española, pero en Cataluña no le dan la autoridad a esta decisión y ellos se siguen basando en la ley del referéndum aprobada de manera más que polémica por el Parlament el 6 de septiembre, que por cierto también fue congelada por el TC.

Todo ha contribuido a que el ambiente político y social en España, con epicentro en Cataluña, sea un territorio que, seguro, después del domingo dejará un panorama desolador, donde todos pierdan, incluso los que ganen.

El gobierno central que encabeza Mariano Rajoy y el de la Generalitat y todo el estamento independentista tienen culpas que aceptar. El primero porque se mostró siempre desdeñoso con Cataluña, como oposición y también como gobierno.

Fue Rajoy y su partido los que impulsaron los recursos en contra del Estatut de Cataluña, aprobado en 2006, y del que el TC “rasuró” 14 artículos.

Mariano Rajoy nunca movió un dedo para buscar una ruta de diálogo, conciliación y acuerdo con Cataluña. Dejó pasar y a nadie escapa que por su actitud es por lo que creció exponencialmente el independentismo en Cataluña, por una desafección natural hacia Madrid.

Solo echó a andar la maquinaria de la justicia, pero hasta ahí existen críticas. Desde el ámbito de la justicia, varias voces critican lo que llaman la “sobreactuación” de la Fiscalía, como instrumento del gobierno central, ante el referéndum. La Asociación Jueces para la Democracia y el exmagistrado Baltasar Garzón, por separado, expresaron sus desacuerdos.

El conocido exjuez Garzón criticó en un artículo publicado en el diario El País, que el gobierno de Mariano Rajoy está usando a la Fiscalía como “un arma” y que hace un “uso abusivo de las instituciones, especialmente de la justicia”.

Sostiene que el fiscal general, José Manuel Maza, no actúa siguiendo los principios de “intervención mínima ni proporcionalidad”.

El portavoz de Jueces para la Democracia, Ignacio González Vega, afirmó en una televisión española que las declaraciones del fiscal Maza sobre una posible detención de Puigdemont no cumplen con protocolos para estas investigaciones y lo único que provocan es “echar más leña al fuego”. “Son declaraciones inoportunas y amenazadoras”, expresó.

Independentismo: Llamado contagio

Los primeros movimientos independentistas en esta comunidad autónoma mediterránea surgieron realmente desde la sociedad y en los ayuntamientos. Hoy, hace ocho años, se produjo la primera consulta popular en el ayuntamiento de Arenys du Mont, donde votó el 46% de los 6 mil 500 ciudadanos mayores de 16 años, la edad mínima requerida para participar. De esos participantes, el 96.33% votó por el “sí” a la independencia.

Hubo un llamado contagio en otros ayuntamientos, incluido Barcelona, y el movimiento fue creciendo. Luego se montaron los partidos políticos, algunos que ya pedían la soberanía, como Esquerra Republicana de Catalnya (ERC).

También es cierto que desde Cataluña se promovió el sentimiento catalanista y contrario a España desde hace décadas, desde la educación, en los medios de comunicación públicos, etc. Todo lo que tuviera ver con España era “franquista”, rechazable, y quizá había motivos por el trato que el régimen del dictador Francisco Franco dio a la región.

Pero desde esta parte del conflicto tampoco se tendieron puentes, esa es otra realidad.

En este momento se llegó al punto en que o se toma posición o se puede ser cuestionado. La famosa equidistancia. Pero igualmente hay catalanes que se han posicionado en contra de este referéndum y han recibido todo tipo de ataques.

En este ambiente de crispación, figuras tan representativas como el cantautor Joan Manuel Serrat recibió todo tipo de ataques desde las redes sociales cuando hace unos días hizo pública su crítica a este referéndum de independencia convocado por el gobierno de Puigdemont.

“Botifler” (traidor, en catalán), “renegado”. Una chica aseguró en sus redes sociales: “hace tiempo que dejaste de ser catalán”, o que ya es “historia pasada”, o bien lo sitúan “junto a los represores herederos del franquismo”. Y uno más recompuso el estribillo de su mítica canción Mediterráneo: “Nazi en el Mediterráneo”.

En la gira ‘El gusto es nuestro 20 años’, que realiza por Santiago de Chile junto con Ana Belén, Miguel Ríos y Víctor Manuel, Serrat respondió a una pregunta de la prensa sobre el tema y dijo: “la convocatoria del referéndum en Cataluña no es transparente porque está creada con una ley elaborada por el Parlament, pero a espaldas de los demás miembros del Parlament”.

De acuerdo con el artista catalán, él está a favor de los referéndums, pero no éste que considera fue promovido por una “ley exprés” y no dio margen al diálogo.

“Se han hecho estas leyes de un día para otro, sin discusiones, sin que hubiera unas enmiendas. Este tipo de referéndum a mí no me da la sensación de que pueda representar a nadie”, puntualizó.

Y eso no lo hace ser un apoyo para la postura contraria, la del gobierno de Mariano Rajoy, pues consideró que en este caso los dos gobiernos, el central y el regional, entran a esta confrontación porque les conviene para “tapar unos años de recortes económicos y corrupción política”.

Desde su punto de vista, la independencia es una “palabra hermosa que inflama el corazón de los jóvenes y moviliza a la gente”. No obstante, puso en cuestionamiento las consecuencias que para la región de Cataluña tendría en la sanidad y con la salida de la Unión Europea (UE).

Consideró que en Cataluña se está creando “una gran fractura social que a mi modo de ver –subrayó– va a costar muchísimo tiempo recuperar”.

En una entrevista con el periodista Jorge Ramos de Univisión, Serrat reconoció que seguramente sus comentarios lo pondrán “en conflicto con el 47% de los conciudadanos” favorables a la independencia.

La revista catalana El Triangle señalaba que en uno de los comentarios contra el cantautor se decía que la Agencia Catalana de Noticias investiga la propiedad de su finca en Camprodon, para saber si todavía era suya. Dice este medio catalán: “Gente insultando sin control de ningún tipo y una agencia de noticias convertida en agencia de detectives al servicio del poder político. Una ‘revolución de las sonrisas’ que no hace ninguna gracia”.

La detención hace unos días de 14 funcionarios del gobierno catalán provocó la concentración de manifestantes en las calles; en las inmediaciones de la sede del poder judicial en Cataluña hubo roces con la policía, pero nada grave.

La Audiencia Nacional admitió este miércoles 27 la denuncia por delito de sedición que la fiscalía presentó por estos hechos ocurridos en Barcelona.

Y el Ministerio del Interior ha enviado miles de efectivos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil a Cataluña para impedir la celebración del referéndum.

Lo penoso es que la retórica desde los lugares donde salen estas unidades tampoco ayuda a calmar las aguas. Se desplazaron de Sevilla, Valencia, León, pero su partida fue acompañada con grupos de ciudadanos portando banderas españolas con gritos de “Cataluña es España; “No están solos”; “Viva España” o “Por ellos”, como si se tratara de una guerra imperial donde hay que aplastar al contrario.

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