Tacleada de Trump a NFL, entre la provocación y frustración

WASHINGTON (proceso.com.mx).- De la nada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dedicó por seis días consecutivos a criticar a la NFL y agredir a sus jugadores en lo que ha sido considerado como una provocación, por algunos, y por otros como su frustración porque nunca pudo adueñarse de un equipo de la prestigiosa liga profesional de futbol americano.

“¿No les gustaría ver que uno de los dueños de la NFL, cuando alguien le falte el respeto a nuestra bandera, dijera?: Saquen inmediatamente de la cancha a ese hijo de perra. ¡Fuera! ¡Está despedido, está despedido!”, declaró Trump el viernes 22 de septiembre ante una audiencia 100% anglosajona (blanca) durante un evento de campaña en el estado de Alabama.

Las sorpresivas palabras de Trump tomaron desprevenidos a los jugadores y a los dueños de los 32 equipos de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés).

Lo dicho por el presidente de Estados Unidos era una clara referencia a Colin Kaepernick, el exmariscal de campo del equipo los 49’s de San Francisco, quien hace 13 meses antes del arranque de un juego de pretemporada, se hincó en lugar de ponerse de pie y colocarse la mano derecha sobre el pecho, durante la ceremonia de honores a la bandera y al himno nacional estadunidense.

Kaepernick, al hincarse se expresó contra los ataques raciales de distintos departamentos de policía de los Estados Unidos en contra de afroamericanos.

Por ese acto de “irreverencia” fue castigado por su equipo y eventualmente despedido. Esta temporada el mariscal de campo quedó como agente libre, sin embargo no fue contratado por ninguna otra franquicia de la NFL.

En la mañana del sábado 23 de septiembre y sólo unas horas después de indirectamente haber llamado “hijo de perra” a Kaepernick, Trump arremetió contra otro deportista profesional afroamericano, ahora de la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA, por sus siglas en inglés), Stephen Curry, del equipo campeón Golden State Warriors.

“Ir a la Casa Blanca es considerado un gran honor para un equipo campeón. Stephen Curry se está resistiendo, por lo tanto ya no está invitado”, escribió Trump ese sábado en su cuenta personal de la plataforma de Twitter.

Curry, considerado uno de los mejores jugadores de la NBA, había declarado días antes del tuit de Trump que él votaría “no” si se le preguntara si quería asistir a la ceremonia en la Casa Blanca que de manera tradicional lleva a cabo el presidente de Estados Unidos para celebrar a los equipos ganadores de las ligas profesionales de béisbol, baloncesto, futbol americano, y de las mismas categorías deportivas a nivel universitario.

Cinco horas más tarde de retirarle la invitación a Curry, el presidente escribió otros dos mensajes en Twitter contra la NFL: “Si un jugador desea el privilegio de hacer millones de dólares en la NFL o en otras ligas, no se le debe permitir que le falte al respeto… a nuestra gran bandera (o país) y debe ponerse de pie cuando se toque el himno. Si no lo hace debe ser despedido. Que busque hacer otra cosa”, sentenció el mandatario.

Entre su primero, segundo y tercer tuit del sábado, a Trump se le fueron encima en esa red social los jugadores de la NBA y más famosos de origen afroamericano, tanto por lo de Curry, como por lo de la NFL, y en especial por llamar hijo de perra a Kaepernick.

“Con todo lo que está ocurriendo en nuestro país, ¿Por qué se concentra en quien se hinca y visita la Casa Blanca? #QuedeseEnSuLinea”, escribió Chris Paul, del equipo de la NBA los Rockets de Houston.

“Usted botó a Stephen Curry quien ya había dicho que no iría. Asistir a la Casa Blanca fue un gran honor hasta que usted apareció”, indico por su parte Lebron James, de Cleveland.

Bishop Sankey, el corredor del equipo Los Vikingos de Minnesota de la NFL fue más severo que Paul y James en su reacción a lo declarado y escrito por el presidente de Estados Unidos: “Es una vergüenza y una desgracia cuando se tiene a un presidente de Estados Unidos que llama hijos de perra a sus ciudadanos”.

Roger Goodell, el comisionado de la NFL, al notar la guerra en Twitter entre los jugadores de su liga y el presidente, se vio obligado el sábado 23 de septiembre a emitir en un comunicado de prensa su opinión al respecto.

“Comentarios divisivos como estos demuestran una desafortunada falta de respeto a la NFL, a nuestro gran juego, a nuestros jugadores y una falta de entendimiento a una abrumadora fuerza para el bien de nuestros clubes y jugadores que representan a nuestra comunidad”, subrayo Goodell.

Trump reviró de inmediato en Twitter: “Roger Goodell acaba de sacar un comunicado intentando justificar la falta de respeto total que ciertos jugadores demuestran a nuestro país. ¡Diles que se pongan de pie!”.

Trump es Trump y el pleito no paro ahí. Seis horas y 16 minutos antes de que iniciara el primer partido de fútbol americano en Estados Unidos de la tercera jornada de la temporada actual, el presidente escribió dos mensajes más en Twitter:

“Si los aficionados de la NFL se rehúsan a ir a los partidos hasta que los jugadores dejen de faltarle al respeto a nuestra bandera y país, ustedes verán que se da un cambio rápido. ¡Despídanlos o suspéndanlos!… la asistencia y ratings de la NFL están a la baja. Sí, partidos aburridos pero muchos aficionados no van porque aman a nuestro país. La liga debe respaldarnos”.

Al momento de rendir tributo a la bandera, minutos antes del silbatazo del arranque de los partidos de la NFL en su tercera jornada, en rechazo a lo dicho y escrito por Trump; decenas de jugadores de los distintos equipos que jugaron ese domingo 24 de septiembre se hincaron emulando a Kaepernick.

Por su parte varios de los dueños de los equipos salieron a la cancha y, entrelazados por los brazos con sus jugadores, pero de pie, demostraron una fuerte solidaridad de la liga en señal de repudio al presidente.

El equipo de los Acereros de Pittsburgh se quedó en el vestidor durante la ceremonia de homenaje a la bandera, con la excepción de su jugador, Alejandro Villanueva, quien salió a la cancha y se puso la mano derecha sobre el pecho cuando se cantó el himno nacional de Estados Unidos.

Villanueva es un exsoldado de las fuerzas armadas de Estados Unidos y en tres ocasiones distintas participó en la última invasión a Irak.

Ante lo hecho por los jugadores de la NFL en la jornada del domingo 24, era imposible que Trump se quedara quieto. El mandatario escribió otros siete mensajes en Twitter haciendo referencia a lo ocurrido durante los partidos, pero siempre minimizando a quienes se hincaron en señal de protesta.

“Los aficionados deportivos no deberían condonar a los jugadores que no se sienten orgullosos de su himno nacional y de su país. La NFL debe cambiar sus políticas”, matizó el presidente de Estados Unidos en uno de sus siete mensajes.

Como era obvio, la disputa subió de tono y tomando en cuenta la influencia que puede tener un presidente entre la ciudadanía, varios dueños de equipos de la NFL se le echaron a la yugular, inclusive aquellos que lo apoyaron como candidato presidencial.

Una cosa es ser presidente de Estados Unidos y otra sentirse emperador, por ello y ante el temor de ver sus intereses económicos afectados de manera negativa, los multimillonarios dueños de equipos de la NFL reventaron en contra de Trump.

“No estoy de acuerdo con el presidente, pretende dividir a la sociedad del país cuando estamos pasando por momentos muy críticos”, declaró a la prensa Robert K. Kraft, dueño del actual equipo campeón de la NFL, los Patriotas de Nueva Inglaterra.

En la campaña presidencial del año pasado, Kraft no sólo apoyó a Trump como candidato, sino que donó un millón de dólares para financiar la estrategia proselitista del ahora primer mandatario.

Jugadores y entrenadores afroamericanos, como Mike Tomlin, de los Acereros de Pittsburgh, declararon el domingo 24 de septiembre por la tarde que ningún presidente está autorizado para “llamar hijo de perra” a un jugador que expresa su derecho de libertad de expresión.

La enorme mayoría de jugadores de la NFL que reaccionaron, acusaron a Trump de estar creando una división racial más profunda con sus comentarios.

En los medios de comunicación la pelea de Trump con la NFL se volvió la gran noticia. Analistas políticos indicaron que lo señalado por Trump en Alabama, ante un auditorio mayoritariamente blanco, fue un acto deliberado para alimentar políticamente a su base electoral que es racista, conservadora y que continúa considerando a los afroamericanos y a otras minorías étnicas como miembros de una raza inferior.

Especialistas y analistas deportivos fueron mayormente agudos en sus consideraciones sobre las posibles razones del pleito por parte del presidente de Estados Unidos.

Analistas especializados en futbol americano revivieron lo ocurrido en 1983, y consideraron que las agresiones y criticas de Trump podrían ser el resultado de su frustración porque nunca pudo ser dueño de un equipo de la NFL.

Hace 34 años, cuando el precio de una franquicia de la NFL se valuaba en unos 80 millones de dólares, el entonces millonario magnate de la industria de la construcción, Donald Trump, adquirió por seis millones de dólares al equipo Generales de Nueva Jersey, de la Liga U.S. de Fútbol (USFL, por sus siglas en inglés), que se fundó para competir con la NFL.

En una entrevista y luego de que anunciara la compra del equipo de Los Generales, fiel a su estilo tan petulante, Trump declaro: “Pude comprar un equipo de la NFL si hubiera querido… me da lástima el tipo que vaya a comprar al equipo (de la NFL) de los Vaqueros de Dallas… va ser conocido como un perdedor”.

Como dueño de los Generales, Trump contrató a dos jugadores ganadores del prestigioso trofeo “Heisman” que se otorga cada año el mejor deportista de la liga de futbol americano a nivel colegial: Hershel Walker, corredor por la Universidad de Georgia, y al mariscal, Doug Flutie, del Colegio Boston.

Trump intentó contratar a Lawrence Taylor, jugador defensivo de los Gigantes de Nueva York, de la NFL, pero no pudo. Ante los millones de dólares de Trump, Nueva York le aumentó notablemente el salario a Taylor, quien eventualmente ganó un Super Bowl con su equipo e ingresó al Salón de la Fama de los mejores jugadores de la NFL.

En su momento se rumoró por igual que Trump quiso contratar como entrenador a Don Shula, de los Delfines de Miami, de la NFL. Según los reportes periodísticos de la época, Shula no aceptó porque Trump se negó a darle un condominio gratis, como parte de su contrato, en la Torre Trump, de Manhattan.
El entrenador de los Delfines de Miami negó en múltiples ocasiones la versión del condominio en la Torre Trump.

“El dinero es un cosa, el oro otra”, declaró en esos años Donald Trump, con respecto al caso de Shula.

Eventualmente Trump, y después de demandar a la NFL por presuntos boicoteos a la USFL -disputa legal en la que logró una compensación que le concedió una corte federal de solamente 3 dólares y en la que prometió a los otros dueños de equipos de la USFL que ganarían miles de millones de dólares-, terminó perdiendo 22 millones de dólares en su inversión con los Generales de Nueva Jersey.

En 1989, el empresario Jerry Jones compró por 140 millones de dólares al equipo de los Vaqueros de Dallas. Actualmente esa franquicia de la NFL tiene un valor estimado de unos 4 mil 800 millones de dólares, la más alta de toda la liga.

Del sábado 23 al lunes 25 de septiembre, Trump escribió 24 mensajes en Twitter criticando a la NFL.

El martes 24 de septiembre y durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca con el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, a Trump se le hizo notar que parecía más preocupado (por el tiempo que le había dedicado al caso) por la NFL que por la crisis y devastación que dejó a su paso por Puerto Rico, el huracán María.

“Bueno, no estaba preocupado por la NFL, estaba avergonzado por lo que estaba ocurriendo”, dijo claramente consternado por la pregunta el mandatario estadunidense.

Hasta unas horas antes de la conferencia de prensa con Rajoy, Trump no había escrito un solo mensaje en Twitter sobre la devastación y crisis humanitaria en Puerto Rico.

Al hablar de la Isla del Encanto, Trump intentó justificar con cuestiones geográficas su falta de atención a la crisis humanitaria.

“Es el trabajo más difícil porque está en una isla, está en una isla en medio del océano”, enfatizo Trump.

Un día después la gresca entre el presidente de Estados Unidos y la NFL se agrandó. Durante una breve conferencia de prensa con reporteros en la Casa Blanca se le preguntó a Trump que si Kaepernick no tenía derecho a protestar, con base a la libertad de expresión que lo otorga la constitución.

“La NFL está metida en una caja muy mala, no podemos tener a gente que le falte el respeto a nuestro himno nacional, a la bandera y a nuestro país, y es eso lo que están haciendo. En mi opinión, la NFL tiene que cambiar o de lo que contrario; ¿saben qué va a ocurrir? Sus negocios se van a ir al diablo”, contestó Trump.

Al cierre de esta edición el presidente de Estados Unidos continuaba agarrado de la greña con dueños, entrenadores, jugadores y aficionados de la NFL.

Comentarios