Nicolás Maduro, un deudor ejemplar de Wall Street

BOGOTÁ (apro).- En contraste con sus encendidos discursos anti-imperialistas y en contra de los centros del poder capitalista, el presidente venezolano Nicolás Maduro es un deudor ejemplar de Wall Street y de los mercados financieros internacionales.

El mandatario ha llegado incluso a reducir en forma drástica las importaciones de alimentos y medicinas de Venezuela –cuya escasez causa hambre y muertes en el país–, con tal de orientar esos dólares al pago del servicio y el capital de los bonos de deuda venezolanos.

Es decir, el gobierno de Maduro optó por mantenerse al día en el pago de la deuda externa en vez de destinar más recursos al alivio de la hambruna y de la crisis sanitaria en los hospitales públicos de su país, por falta de medicamentos y suministros médicos.

Esto, para economistas marxistas como Manuel Sutherland, es mucho más parecido al neoliberalismo que a una revolución social.

En 2016, Venezuela destinó 9 mil 052 millones de dólares –el 36.5 por ciento de las exportaciones del país– al pago de intereses y capital de la deuda del gobierno central y de la petrolera estatal Pdvsa.

Esos desembolsos, junto con la caída de los precios internacionales del petróleo y de la producción de crudo, impidieron que el gobierno importara la comida y los bienes básicos que demanda la población en un país en el que la planta productiva está desmantelada.

Tras los pagos a sus acreedores internacionales, el régimen que encabeza Maduro está quedando sin liquidez.

Las importaciones, de hecho, cayeron en 2016 en un 52 por ciento con relación a las de 2015. Pasaron de 36 mil 901 millones de dólares a 17 mil 800 millones de dólares de un año a otro. Esta última cifra es menor en 72 por ciento a la de 2012.

“El gobierno de Maduro prefirió pagarle a Wall Street e hizo el recorte de importaciones más grande que se haya visto en el mundo entero desde 1960”, señalaron en un ensayo publicado la semana anterior los economistas venezolanos Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos.

Según proyecciones de estos dos profesores de la Universidad de Harvard, en 2017 las importaciones venezolanas caerán aún más, mientras los pagos de intereses y capital de deuda externa llegarán a 9 mil 691 millones de dólares.

Hausmann y Santos sostienen que la deuda externa del sector público venezolano asciende a unos 178 mil millones de dólares, lo que convierte al país en el más endeudado del mundo en proporción a su Producto Interno Bruto (PIB) y de sus exportaciones.

Deuda social

Nadie duda hoy en Venezuela que el pago de los compromisos financieros tiene un alto costo social.

Según un estudio de las tres principales universidades venezolanas, el 82 por ciento de la población vive en la pobreza y siete de cada 10 ciudadanos bajaron, en promedio, 8.6 kilogramos de peso en 2016 por falta de alimentos.

Y el Observatorio Venezolano de la Salud reportó que ese mismo año la mortalidad de los pacientes hospitalizados se multiplicó por diez, por la escasez de medicamentos e insumos para tratamientos de enfermedades graves.

Hasta ahora, el gobierno de Maduro ha logrado sortear la crisis política que estalló en 2014 con una serie de protestas que dejaron más de 50 muertos y que se agudizó en diciembre de 2015, cuando la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ganó las elecciones legislativas y logró el control de la unicameral Asamblea Nacional (AN).

Desde entonces, comenzó a cercar a la AN a través de fallos del oficialista Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que terminaron por quitarle al parlamento facultades sustantivas, como la de legislar y fiscalizar al resto de los poderes del Estado.

En los últimos meses, Maduro enfrentó una nueva movilización popular que se prolongó por 120 días y que dejó al menos 130 muertos. Su respuesta fue convocar a una Asamblea Nacional Constituyente sin cumplir con el requisito constitucional de realizar un referendo para preguntar a los votantes si estaban o no de acuerdo con esa iniciativa.

Hoy, la Asamblea Constituyente es un poder supraconstitucional que no cuenta con el reconocimiento de la mayoría de la comunidad internacional.

Y según todos los sondeos, al menos el 70 por ciento de venezolanos quiere que Maduro deje el poder.

El frente económico

Pero el flanco más débil del presidente no es el político sino el económico. Las exportaciones venezolanas de este año serán equivalentes a apenas un tercio de las registradas hace cinco años, y esto no es sólo por la caída de los precios internacionales del petróleo sino también por un desplome en la producción del hidrocarburo.

Según la OPEP, la producción petrolera en Venezuela fue de un millón 928 mil barriles diarios el mes pasado, lo que representa una caída de 450 mil barriles diarios en los últimos 18 meses.

Y ya el Banco Popular de China, el país al que Maduro considera su principal aliado económico en el mundo, aseguró  a través de su calificadora de riesgo, Dagong Global Credit, que los “serios desbalances macroeconómicos arrastran a Venezuela, en el corto plazo, a una recesión y exacerban el riesgo de tensiones sociales”. Además señaló que “contribuyen a una evidente tendencia de deterioro en los niveles de solvencia del gobierno”.

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