El teatro y la reconstrucción

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Todavía no salimos del impacto, todavía no se puede volver a la “normalidad”, aunque lo intentemos, todavía se requiere de mucha ayuda, de gente y de materiales. En Oaxaca sique temblando, sigue lloviendo y los damnificados en todas las ciudades afectadas no han podido continuar sus vidas con “normalidad”.

La comunidad teatral, que estuvo tan activa en el apoyo a través de los centros de acopio, en los lugares afectados y en la distribución de ayuda –no sólo en la Ciudad de México sino en lugares más inaccesibles en Chiapas, Morelos, Oaxaca y Puebla–, también está buscando mantener viva la organización espontánea para llegar a los más afectados. La problemática de dichos lugares ha salido a la luz y dificultado el alcance de la ayuda cultural, por lo que diferentes comités y brigadas se han enfocado a hacer un censo que nos acerque a la realidad de cada uno de ellos. Surgen nuevos y desaparecen otros; en algunos se bloquea el acceso a los artistas y otros son habitados por las noches porque la gente prefiere estar cerca de su lugar perdido.

Diversas brigadas están en esa tarea monumental de detectar dónde están los más necesitados, con la intención de llevarles un poco de alegría a través del arte, y en la visualización de que no sólo a los damnificados les hace falta; han descubierto a la población más marginal de nuestra ciudad que vive, cotidianamente, como damnificada.

De manera horizontal han surgido distintos colectivos culturales, dirigidos, en un principio, a acercarse a niños y niñas a través de la pintura, las narraciones orales, las funciones de teatro, los payasos, los títeres y los juegos: Seguimiento a albergues dentro del movimiento Seguimos19S, Brigada Ciempiés, Brigada sonrisa, Brigada buena vibra/Prepa 6, Brigada de cuentacuentos solidarios en Puebla, y las de la UNAM, las del Estado de México y tantas otras.

Fundamental es mantener la horizontalidad con la que se ha dado esta movilización, al mismo tiempo que encontrar la vinculación para optimizar el trabajo y amplificar el alcance. Comité de comités, rotación y autonomía, son apenas algunas de las características a incluir. Los voluntarios son muchos, como sucedió este 19 de septiembre, y la canalización de esta energía resulta prioritaria para que el movimiento no sea nada más coyuntural.

La organización a partir de los albergues es la herramienta con la que se cuenta para hacer llegar la cultura a los damnificados por el sismo, pero resulta arriesgada por su inestabilidad y los problemas que enfrenta. Pensar en una conformación más cercana a la organización vecinal, de barrio y hasta de escuelas populares,  que funcionen de manera coordinada, podría ser un camino para que los albergues sigan viviendo o cambien de forma si es el caso.

Así como en 1985, el sismo de hoy hace temblar el esqueleto y sacude nuestras conciencias. Salimos de nuestro ámbito para convertir al teatro en una arma eficaz de reconstrución humana.

Este texto se publicó el 1 de octubre de 2017 en la edición 2135 de la revista Proceso.

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