España-Cataluña: nada es igual… es demasiado tarde

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- “El gobierno español de Madrid parece estar pidiendo consejo a los ancestrales espíritus castellanos. Y los antepasados les dicen: ‘pónganse sus armaduras, afilen sus espadas y muéstrenles a esos arribistas quién manda en nuestro reino’”.

Así empezaba su artículo Neal Ascherson en The Guardian, el pasado 24 de septiembre, una semana antes de la votación. Sus palabras fueron más certeras de lo que el propio autor hubiese deseado.

La represión ejercida por el Estado español durante el autodenominado referéndum catalán del domingo 1 de octubre ha sido de una brutalidad sistémica no vista desde hace décadas en la Unión Europea, en los países del norte global o en el propio México. El gobierno español ha actuado con “proporcionalidad”, defendió la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

Son 844 heridos en las cargas de la policía española para entrar en colegios electorales y confiscar las urnas. Los ataques se han repartido sin una estrategia clara por toda Cataluña, desde colegios electorales con asistencia masiva de electores en Barcelona hasta en pueblos de menos de mil personas. Entre los heridos hay niños y abuelas, personas de todas las edades que presentaron siempre una resistencia pacífica a la autoridad. La policía, equipada con garrotes, cascos y escudos, ha disparado pelotas de goma y rociado con gases lacrimógenos a la población.

En un repaso por redes sociales se encuentran videos donde se observa cuando un policía da una patada voladora saltando desde una escalera, a un hombre de pelo canoso a quien le sangra la cabeza, una voluntaria con el brazo vendado que denuncia cómo la policía le ha roto los dedos uno a uno, y sólo se citan tres de la infinidad que existen. Entre los heridos más graves está una persona a punto de perder un ojo por impacto de una pelota de goma y otra que tuvo un infarto instantes antes de la carga policial.

En la comparecencia del mismo domingo 1, el primer ministro Mariano Rajoy declaró que desde el gobierno “constatamos la fortaleza de la democracia, eficacia de las instituciones, la lealtad de sus servidores públicos y responsabilidad ciudadana”, y sin ningún atisbo de arrepentimiento o mención a las víctimas, afirmó: “Hemos hecho lo que teníamos que hacer, he cumplido con mi obligación, con la ley y sólo con la ley”.

Los números contradicen poderosamente a la estrategia del gobierno del Partido Popular (de derecha, fundado por altos cargos franquistas) que no ha podido evitar la extraordinaria movilización en Cataluña. Se abrieron 2 mil 315 colegios electorales, la policía española cerró de forma violenta 92, mientras que la policía catalana de forma pacífica y dialogada cerró 227 sin un solo herido.

Las reacciones internacionales no se han hecho esperar: el primer ministro Belga Charles Michel, el expresidente del Parlamento Europeo y líder de la oposición alemana Martín Schulz, la primera ministra escocesa Nicola Sturgeon y varios líderes de izquierda, como el británico Jeremy Corbyn, los franceses Benoît Hamon y Jean-Luc Mélenchon o el griego Dimitrios Papadimoulis, han condenado la violencia ejercida y sugerido el diálogo. El periódico Die Welt afirma que la canciller alemana Angela Merkel llamó a Rajoy para preguntar por los heridos. Los principales diarios del mundo inician sus ediciones con impactantes imágenes de represión y los observadores internacionales vieron en primera persona cómo se requisaban las urnas.

Ciudadanos de toda España se han concentrado en Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia, Coruña y muchas otras ciudades para manifestar su solidaridad con el pueblo catalán. A pesar de estas concentraciones, también están los que aplauden la represión, los que infantilizan la opinión del pueblo catalán diciendo que los han adoctrinado o aquellos que afirman que toda España debería votar si Cataluña se independiza. El tan deseado diálogo está muy lejos de ocurrir.

En manos del gobierno catalán hay 2 millones 263 mil 424 votos emitidos, a los que ya no se les podrán sumar las papeletas de los colegios intervenidos que representan 770 mil votantes. Según el último censo electoral válido, en Cataluña hay 5.3 millones de votantes, por lo que la participación rondaría el 42%. La Generalitat de Catalunya no ha dado datos oficiales de participación, debido a que el referéndum no tenía censo previo por prohibición expresa de los tribunales españoles.

El “sí” a la independencia ha cosechado 2 millones 20 mil 144 votos, que en un escenario de referéndum binario, donde los votos blancos y nulos sólo computan para la participación, resulta en un 92%, y han votado por el “no” 176 mil 566 ciudadanos, un 8% con los mismos cálculos. En este referéndum los votos blancos fueron 45 mil 586 y los nulos 20 mil 129. Las cifras son mucho más definitorias de lo que podríamos considerar en primera instancia.

La participación en el referéndum para aprobar la Constitución Europea sólo cosechó un millón 366 mil 846 en Cataluña y la participación fue del 41%. La norma europea se declaró vigente con unas cifras de voto y participación inferiores al referéndum del 1 de octubre. Si realizamos un ejercicio de simulación y tomamos la participación más alta de los últimos 35 años, que fue del 77.44%, y todos los votos no movilizados los sumamos al bloque del “no”, aun así ganaría el “sí” por un escaso margen de mil 683. Si subimos los nulos y blancos en la misma proporción que el censo, el margen de victoria sube a 55 mil votos.

Cabe destacar que en 1977, primeras elecciones después de 40 años de dictadura, y en 1982, seis meses después de un golpe de Estado fallido, hubo una participación del 83.14% y 80.82%, respectivamente. Dada la excepcionalidad de esas elecciones es improbable que se repita esta participación (más cuando las elecciones catalanas de 2015 –la actual legislatura– se plantearon como un plebiscito y con todos los partidos animando a votar). En esas elecciones la participación fue del 77.44% usada en el anterior ejercicio de simulación.

Con estas cifras el gobierno catalán intentará que el Parlament declare la independencia este martes 3 con la vista puesta en los gobiernos europeos: “Nos hemos ganado el derecho a ser respetados en Europa. Somos ciudadanos europeos que sufrimos violaciones de la carta europea de derechos humanos. Es necesario que Europa actúe con rapidez”, declaró el primer ministro catalán, Carles Puigdemont, en su comparecencia post-referéndum.

Ante esta proclamación, la gran incógnita es cómo reaccionará el Estado español con una legitimidad gravemente afectada a nivel internacional debido a la represión del domingo 1, a la que hay que sumar detenciones de cargos electos sin acusaciones claras y vulneraciones graves a la libertad de expresión: se han cerrado webs sin orden judicial, y oficiales de la policía se presentaron a redacciones de diarios catalanes e identificaron a periodistas que ahí se encontraban. En todos los casos advirtieron de no publicar propaganda sobre el referéndum.

La población catalana independentista lleva siete años movilizándose de forma pacífica reclamando hacer el referéndum. Este domingo se volcó de forma extraordinaria, mantuvo abiertos los colegios electorales todo el fin de semana y protegió con su propia integridad física los votos. En los próximos días apoyará la decisión de su Parlamento, por muy radical que sea, con la fuerza moral y radicalidad que le ha dado la represión abusiva del gobierno español.

No hay marco para el diálogo. No existe ningún actor en España con capacidad de sentar las partes en la mesa en busca de consenso (el Rey no está ni se le espera). La Unión Europea ahora mismo se ve como el único actor capaz de desbloquear la situación y, como ya ha hecho antes, intervenir en un país. Una posible estrategia del gobierno de Cataluña será conseguir un periodo de transición de un año y un referéndum avalado por la Unión Europea en 2018. La estrategia de Rajoy no puede ser que todo quede igual. Es demasiado tarde.

*Periodista catalán residente en México y articulista político de los medios catalanes Nació Digital y El Periódico de Catalunya

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