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El voto de castigo

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Cuando PAN y PRD comenzaron a negociar la integración del Frente Amplio Opositor, que después llamaron Frente Ciudadano por México con el arribo del Movimiento Ciudadano, el PRI fue el partido más feliz. Era evidente que al final no era al que afectaría la alianza política, sino a los propios partidos que lo integraron pues la pelea interna por la candidatura presidencial acabaría con ese acuerdo políticamente pragmático, pero ideológicamente contradictorio.

Todo parece indicar que el Frente Ciudadano por México tiene sus días contados si es que PAN y PRD no llegan a un acuerdo para la elección del aspirante presidencial a las elecciones del 2018.

Pero, aunque lleguen a un acuerdo, estos partidos y todos los demás están siendo cuestionados por la ciudadanía que ha sido afectada por los siniestros naturales de las semanas recientes y que ha comprobado que todos los actores políticos no apoyaron en las labores de rescate como tendría que haber sido en su carácter de representantes populares.

No hay que olvidar que el sismo del 85 trajo consigo un voto contra el PRI en la elección de 1988, y fue por eso –más que por una acción altruista– el primero en montarse en la campaña de proponer que el presupuesto de este año sea para los damnificados.

Morena y los integrantes del Frente Ciudadano por México siguieron la misma idea de capitalizar electoralmente esta ayuda humanitaria. Pero olvidan que en aquel sismo, como en este, la ciudadanía ha mostrado su rechazo contra los partidos y el gobierno por solapar los actos de corrupción en el negocio de la construcción de vivienda.

Es posible que, a diferencia del sismo del 85, ahora no veamos tantas manifestaciones y tampoco el surgimiento de un movimiento social. La diferencia esencial es que mientras los afectados del sismo de hace 32 años fueron colonias populares acostumbradas a la organización y la protesta social, el pasado sismo pegó más en la clase media de la Ciudad de México que no tiene una tradición de lucha en las calles y plazas.

Sin embargo, la clase media afectada, más la popular, tienen la posibilidad de actuar en las urnas para las elecciones del 2018. Ese voto de castigo que en el 2000 hizo caer al PRI, hoy podría replicarse de manera clara en contra de este partido que a su regreso al poder presidencial mostró mayores grados de corrupción.

En las elecciones del 2016 el enojo social ya se manifestó y el PRI perdió siete de 12 elecciones para gobernador. El PAN fue el ganador con cinco nuevas gubernaturas, pero al menos tres de los candidatos eran del PRI, que salieron del partido cuando no fueron elegidos. El PRD ya no pintó en el escenario como tampoco se ve que lo hará para 2018.

El miedo del PRI-gobierno y de los demás partidos políticos es que de la incapacidad del sistema político actual para ofrecer apoyo a los afectados de los sismos del 7 y 19 de septiembre, y de las inundaciones en los estados del sur también afectados por el sismo, emerja un movimiento social que sea capaz de manifestar no sólo un voto en contra.

Por cierto… En la pasada elección en el Estado de México el PRI recibió un voto de castigo al tener una victoria con un millón de votos menos que en la elección pasada. En el 2018 el número de jóvenes de 18 a 29 años que ejercerán su voto en la elección será de 24 millones 600 mil, este sector es el que ha manifestado su mayor repudio a todos los partidos políticos y en especial al PRI representado por Enrique Peña Nieto, sus gobernadores y legisladores.

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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