“Olimpia”, película sobre los jóvenes del 68

La Universidad Nacional Autónoma de México respalda la factura de esta nueva cinta sobre el movimiento gestado en su seno en 1968, y que concluyó la noche trágica del 2 de octubre de hace 49 años. Este es el quinto filme de José Manuel Cravioto, quien lo define como un thriller, y está basado en cinco historias reales, cruzadas con imágenes del documental El grito, de Leobardo López Aretche. Todo el largometraje, dice, será retocado cuadro por cuadro por pintores, incluso las fotos, procedentes de los archivos de la Filmoteca, TV UNAM y Proceso. La idea del filme, asienta, es ayudar a entender.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Olimpia, sobre el movimiento estudiantil de 1968, es el quinto largometraje, ya en postproducción, del reconocido joven cineasta José Manuel Cravioto Aguillón, apoyado financieramente por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Su inquietud por entender bien a bien lo acontecido de julio a octubre de 1968 y, a la vez, querer saber más del levantamiento social –donde intervinieron no nada más estudiantes de la UNAM, también del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), El Colegio de México, la Escuela de Agricultura de Chapingo, la Universidad Iberoamericana, la Universidad La Salle y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, profesores, intelectuales, amas de casa y obreros, en fin– lo impulsaron a crear una película:

“No intento dar una explicación de los sucesos, sino qué pensaban los jóvenes de ese tiempo que salían a las calles. Siempre me ha impresionado que hubo hordas de gente de todos los estratos sociales, de todas las escuelas, de todo tipo de familias, que se manifestaron en la vía pública, por lo cual me he preguntado: ¿qué los motivo a salir?”

Con Olimpia pretende, a decir suyo, “que las nuevas generaciones sepan qué sucedió en esa época, porque no lo saben, aunque no les es ajena la fecha de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, no conocen por qué pasó, y menos si no están relacionados con la UNAM o con temas sociales o políticos”.

Aunque enfatiza el realizador que el centro de la cinta es cuando entra el Ejército Mexicano a la UNAM, “atentando contra la autonomía de la Máxima Casa de Estudios”.

Cravioto –quien nació en la Ciudad de México en 1981 y estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM– escribió cinco historia ficticias de jóvenes (no obstante basadas en hechos reales) que cruzó con imágenes del documental El grito, dirigido por Leobardo López Aretche, primer largometraje del CUEC donde un amplio equipo de integrantes (como Alfredo Joskowicz, Francisco Bojórquez, Jorge de la Rosa, Raúl Kamffer, Federico Villegas, entre otros) captó, arriesgando su vida, el desarrollo del movimiento estudiantil, incluso grabando las manifestaciones y agresiones.

Igual, Cravioto incorpora fotos del movimiento. Las escenas ficticias las rodó en Ciudad Universitaria la primera quincena de agosto pasado. Abarcó 15 días. Y el proyecto, protagonizado por Nicolasa Ortiz Monasterio, Luis Curiel, Daniel Mandoki, Diego Cataño, Lumi Cavazos, Tiaré Scanda, Rolf Petersen y Valentina Buzzurro, en ese orden de importancia, lo ubica como un thriller.

El tema, desde niño

El realizador –quien ha dirigido los documentales Los últimos héroes de la península y Seguir siendo: Café Tacvba y las ficciones Mexican gángster (El más buscado), reconocido con 4 Arieles de la Academia Mexicana de Cine y dos Diosas de Plata de Pecime, y Bound to vengeance –la cual se estrenó en 2015 en selección oficial de Sundance y fue premiada en Sitges Barcelona– conversa que desde pequeño el movimiento del 68 ha sido parte de él:

“En los estantes de la casa de mis papás siempre estuvo la primera versión de La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska. Lo vi entre los ocho y diez años de edad, y como un infante que todavía no leía muy bien, me enfoqué en las fotos, tremendas, entre las cuales se ve a un niño, como de mi edad, en el piso, muerto por un balazo. Por primera vez a esa edad noté que un pequeño se podía morir, era un concepto que no tenía en la cabeza, y sobre todo porque había pasado algo. Con los años seguí ojeando ese libro. Ese volumen fue mi primera relación con el tema.

“Más grande, ingresé a estudiar cine en el CUEC y pude escuchar muchas historias de mis maestros que filmaron El grito. En la UNAM siempre se respiró este olor y al ser puma, de alguna manera me sentí siempre muy arraigado al tópico.”

Confiesa que como espectador los filmes de época siempre los ha visto cursis “porque al no contar con la energía real del  momento, no se logra de alguna manera una verdad emocional”, así que pensó que como El grito, el cual está en blanco y negro, contiene esa energía, “te hace sentir mal, te cuestiona y te enfrenta a ver cada detalle de las imágenes”, debía mezclarlo con Olimpia, por lo que acudió a la Filmoteca de la UNAM. Todo el largometraje, adelanta, será retocado cuadro por cuadro por pintores, incluso las escenas de El grito se verán a color, lo mismo pasará con las fotos, que son de archivos, como de la Filmoteca de la UNAM, TV UNAM y la revista Proceso. Es decir, al final, será una cinta animada al estilo Richard Linklater, “en una técnica pictórica que estamos definiendo”, detalla.

“Ahora se edita la película, en dos meses terminaremos esta etapa, y luego comenzaremos la fase de rotoscopia. Como deseamos que sea un proyecto elaborado por la mayor cantidad de gente de la UNAM, estamos por lanzar una convocatoria en la Facultad de Artes y Diseño para que se involucren pintores y artistas a laborar en esta parte.”

El rotoscopio, inventado por Max Fleischer hacia 1915, es una de las técnicas más viejas de animación en el séptimo arte, consistente en filmar escenas reales que luego se proyectan cuadro por cuadro en una mesa de luz, donde un animador dibuja el fotograma.

–¿Por qué se le ocurrió que Olimpia sea animada en esta técnica?

–Filmar una película en México es carísimo. La historia no habla del 2 de octubre, sino del movimiento estudiantil en sí. Entonces, recreo muchas marchas, y en este país filmar multitudes, a ojo de buen cubero te lo digo, cuesta cien millones de pesos, es mucho dinero, por lo que sabía que iba a plasmar algo artificial. ¡Imagínate cuándo íbamos a poder filmar una marcha cerrando tres kilómetros de Insurgentes, o Reforma!

–¿Por qué se titula “Olimpia”? Eso remonta al grupo paramilitar que intervino.

–El nombre fue una de las primeras cosas que emergió. Claramente estaban las Olimpiadas a punto de empezar en México, y es el apelativo que se le da a este batallón pseudo-secreto del Ejército para ir conteniendo la marcha, y que culminó el 2 de octubre. El nombre al final del día sólo quiere evocar algo bello que es el movimiento pasando en medio de las Olimpiadas y un hecho macabro.

Cravioto manifiesta que consultó varios libros, como los escritos por Fernando del Paso, Luis González de Alba, Carlos Monsiváis y Julio Scherer, y concluyó como guionista:

“No se le hizo nunca justicia a lo largo de los años al movimiento estudiantil. Dada la tragedia, todo se centró en la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco. Un hecho que incluso no se llegó a saber tanto en el extranjero. Entonces, fue un triunfo del gobierno de esa época que este hecho haya opacado los verdaderos ideales del movimiento y a lo que había logrado unir a una sociedad de una manera tremendamente exitosa.

Personajes inspirados en reales 

–¿Cómo conoció esas cinco historias que pone en el guión?

–Primero empecé con la de un joven, el cual se encuentra en su último año de prepa, y cuando comienza el movimiento, su papá, un militar en retiro, le prohíbe salir de su casa porque sabe que hay una agitación militar inusual en la ciudad, que es peligroso. Está basada en mi papá y mi abuelo, quien fue general. Me enteré de otros relatos en los que otro general había encerrado a su hijo, pero éste rompió la ventana para escaparse. Ese tipo de historias son las que originan a uno de los personajes, el chico que tiene un familiar militar.

“Otra narración que inspira a otro personaje es la de la poeta uruguaya Alcira Soust Scaffo, que está en el libro de Poniatowska, quien decidió enfrentar la violación de la autonomía universitaria leyendo poesía de León Felipe. Yo la vuelvo mexicana. Otro personaje es un chavo arquitecto que le gusta mucho tomar fotografías, lo cual lo lleva al cine, conoce a los estudiantes del CUEC que filman el movimiento, y como cuenta con una cámara, lo invitan a participar, en fin.”

Al mencionarle al cineasta que llama la atención que ubique al largometraje, a estrenarse en septiembre del 2018 (año en el que se cumplirán los 50 años de la matanza de Tlatelolco), como un thriller, esclarece:

“El thriller siempre ha sido como muy famoso por incluir a detectives, policías, y el cine negro toma mucho de esto; esta película tiene mucho de cine negro, hay policías, ladrones, políticos, intriga… Hay que pensar que los jóvenes del 68, para compartir la información que poseían, debían tomar las fotografías, revelarlas, moverse a través de la ciudad que ya estaba tomada por militares, andaban persiguiendo a líderes, entonces, si nos ponemos a pensar el thriller que vivieron los jóvenes y las familias en ese año, estaba muy complicado.”

Señala que en Olimpia igual se aborda que los medios de comunicación de ese año no informaban de la situación real:

“Ahora, veinte fotos que alguien capta en la calle, nos llegan en segundos aunque estemos a kilómetros de distancia. En 1968, los del CUEC, que no contaban con la tecnología de ahora, sin saberlo están generando material fotográfico y fílmico que iba a ser muy importante para la historia. Si esos jóvenes hubieran contado con las redes sociales, el problema hubiera cobrado una magnitud internacional tremenda.”

Exalta que el movimiento del 68 “fue un despertar tremendo de los jóvenes, aunque después tristemente lograron apagarlo”. Subraya al instante:

“A mí siempre me ha dado coraje pensar que parte del éxito del gobierno de esos años, fue lograr que no se supiera. De ese momento hasta la fecha, no ha habido grandes movilizaciones de gente de todos los sectores de la sociedad, porque puede que no retorne a sus casas.

“Era muy chico, cuando la gente salió de nuevo en el terremoto de 1985, y ahora con el sismo del 19 del pasado mes, pero fue por fenómenos naturales, mas no sociales. Con los 43 normalistas de Ayotzinapa se vuelve mucho más enredado el asunto. Con el movimiento del 68, hace 49 años, ha resultado complicadísimo desentramar. ¿Quiénes dan las órdenes de disparar? Con los 43 va a ser todavía mucho más difícil porque mientras más le rascan van saliendo cada vez más responsables y van brotando cada vez más cosas extrañas que tristemente sólo podrían vivirse y escucharse en nuestro lindo México.”

Al final clarifica qué puede aportar su nueva película:

“Justo lo que plantea es qué pasó en ese momento, qué ha pasado desde ese momento y qué va a pasar. El movimiento no murió y tan no murió que estamos alistando esta película hecha por la UNAM. Es un filme que habla de que el movimiento está vivo. Celebra la energía de los jóvenes e invita a las nuevas generaciones a que participen en su sociedad.

“Esa es la energía de Olimpia, más allá de un mero entretenimiento.”

El director de fotografía es Iván Hernández, la edición estará a cargo de Jorge Macaya, el diseño de producción es de Bárbara Enríquez, y los productores ejecutivos son Guadalupe Ferrer, de la Filmoteca de la UNAM, y Armando Casas, director de TV UNAM. También produce Pirexia Films.

Este texto se publicó el 1 de octubre en la edición 2135 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha.

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