Se malogra el estadio de los Diablos Rojos

En diciembre de 2014, los dueños de Diablos Rojos anunciaron la construcción de su nuevo estadio en la Magdalena Mixhuca con una inversión de 800 millones de pesos. La obra estaría lista en 15 meses y tendría una capacidad para 13 mil personas, dijeron en esa ocasión… Pero una serie de fallas malogró el proyecto. Todo indica que estará listo hasta 2018, lo que afectará al equipo del empresario Alfredo Harp Helú en las próximas temporadas, aunque hoy nadie quiere hablar de eso.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La colocación del techo del nuevo estadio de los Diablos Rojos del México se ha convertido en un dolor de cabeza que ya elevó el costo del proyecto de 800 millones de pesos a mil 700 millones: la plataforma de concreto sobre la cual se desplaza la grúa que instalará las estructuras metálicas se fracturó y sufrió un hundimiento que retrasará la conclusión de la obra hasta mediados de 2018.

El estadio, según el proyecto original, debió haber concluido en febrero de 2017 para que los Diablos disputaran en su nueva casa la campaña que recientemente terminó.

No obstante, una serie de problemas provocaron el primer retraso. La directiva de los Diablos Rojos anunció en marzo pasado que a más tardar en julio el inmueble quedaría listo, pero que no jugarían la segunda mitad de la temporada ahí. La fecha volvió a modificarse para agosto-septiembre.

La fecha de inauguración estaba programada para el 11 y 12 de marzo de 2018 con un par de juegos de pretemporada entre equipos de Grandes Ligas que ya fueron cancelados porque no existe la certeza de que el estadio esté concluido para entonces.

En agosto pasado, cuando comenzaron las maniobras para montar las estructuras metálicas del techo, la plataforma de concreto –que por ahora cubre lo que será el terreno de juego– se fisuró, pues el suelo se reblandeció por la lluvia y como no contaba con pilotes, no soportó las 3 mil 400 toneladas que pesa la grúa estructural.

Por si fuera poco, el sismo que sacudió a la Ciudad de México el 19 de septiembre –de 7.1 grados Richter– convirtió la fisura en una fractura de dimensiones mayores en el centro de la plataforma y terminó por hundir unos centímetros la plataforma, lo cual impide que la grúa pueda desplazarse de forma segura para levantar las estructuras que forman parte del techo y pesan aproximadamente entre 500 y 700 toneladas.

A.D. Tec Consultores de Construcción, S.A. de C.V., es la administradora de la obra y, por ende, la responsable de repartir los distintos trabajos que se deben realizar para la edificación del inmueble. Un comité decide qué empresas ejecutarán los trabajos.

Ese comité determinó que Promotora y Constructora Tollan, S.A. de C.V., construyera la plataforma de concreto. Proceso pudo saber que esta firma propuso que estuviera sostenida por pilotes, lo cual tomaría entre 25 y 30 días.

Este retraso que no estaba contemplado llevó al comité a decidir que no era necesaria la instalación de los pilotes, que la plataforma era lo suficientemente sólida para resistir. No fue así.

Ahora, la directiva del club y las constructoras están decidiendo si es viable desarmar la grúa y llevársela hasta que la plataforma esté en óptimas condiciones y con la capacidad para resistir la colocación de las estructuras del techo. El costo por el uso de la grúa estructural, considerada la más grande de México, oscila entre los 30 mil y 40 mil dólares diarios.

El impasse

El director general de ESEASA Construcciones, Abraham Santos, informó que la grúa fue contratada por Diablos Rojos por un tiempo determinado, aunque se negó a dar la fecha en que será devuelta.

Según Santos, la grúa debe quedarse hasta que se concluya el estadio, aunque desconocía que la plataforma se fracturó; tampoco quiso precisar cuánto cuesta el servicio. “Es información confidencial con el cliente”, dice. Lo que sí aclara es que, para su correcta operación, deben cumplirse ciertos parámetros de seguridad.

“Las grúas son una balanza, tiene que haber seguridad para que pueda trabajar. Todas las maniobras deben estar calculadas porque si no, se puede ir de lado lo que carga; la grúa podría romperse”, explica Santos.

Por si fuera poco, el Gran Premio de México de la Fórmula 1, que se realizará en el Autódromo de los Hermanos Rodríguez el fin de semana del 27 al 29 de octubre ocasionará que los trabajos en el estadio de beisbol se detengan durante otras dos semanas.

Para cumplir con las condiciones de seguridad, la empresa Formula One Managment obliga a que 12 días antes del evento las instalaciones del autódromo y todo lo que lo rodea sean desalojadas. Dos días después de que concluya tampoco puede acercarse nadie que no tenga algo que ver con la carrera.

El estadio de los Diablos Rojos está justamente a un costado de una de las curvas del circuito, en la parte oriente de la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca, donde el gobierno de Miguel Ángel Mancera cedió un terreno de siete hectáreas para la construcción del estadio que es propiedad del empresario Alfredo Harp Helú.

En diciembre de 2014 se anunció la construcción del estadio de beisbol, que aún no tiene nombre. En conferencia de prensa, Diablos Rojos dio a conocer que la nueva casa del equipo sería el inmueble de beisbol con mayor inversión en toda América Latina. En ese momento, la edificación se calculó en 56 millones de dólares (800 millones de pesos).

Un año antes, en 2013, en Hermosillo, Sonora, se inauguró el estadio de los Naranjeros, equipo de la Liga Mexicana del Pacífico (LMP) que costó 34 millones de dólares.

Para entonces ya estaban programados dos estadios más en la LMP: el de los Tomateros de Culiacán (27 millones de dólares) y el de los Yaquis de Ciudad Obregón (22 millones de dólares). En los tres proyectos el gobierno federal aportó recursos públicos.

Harp Helú informó que mientras quedaba listo el estadio, los Diablos Rojos jugarían en el Fray Nano, un inmueble ubicado en la delegación Venustiano Carranza que tuvo que ser remodelado para cubrir con los requisitos de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB).

La remodelación del pequeño parque de beisbol, con capacidad para 4 mil espectadores, se estimó en 45 millones de pesos. Al final, la inversión fue de casi 100 millones.

En teoría, el equipo escarlata jugaría las temporadas 2015 y 2016 en el Fray Nano, pero comenzaron los retrasos. Los arquitectos Alonso de Garay Montero, del taller de arquitectura ADG, y Francisco González Pulido, presidente de la firma alemana JAHN, se demoraron en entregar unos planos.

La ejecución del proyecto debió comenzar en marzo de 2015. En septiembre de ese año, Proceso publicó que la razón por la cual no había iniciado la obra fue porque el gobierno capitalino no había realizado la entrega formal del predio. Harp Helú exigía una garantía sobre el tiempo en que deberá operar administrativamente el estadio.

Luego, la Secretaría del Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal (Sedema) informó que lo anterior no había ocurrido porque Diablos Rojos no había presentado el proyecto ejecutivo sin el cual no se podía realizar el estudio de impacto ambiental, imprescindible para iniciar la obra (­Proceso 2027).

A finales de octubre, por fin, comenzaron los trabajos. El presidente corporativo de Diablos Rojos del México, Jorge Alum Kahwagi, calculó que en 15 meses quedaría listo, es decir, para febrero de 2017, lo cual no ocurrió.

Un proyecto fracturado

El nuevo estadio de Diablos Rojos tendrá capacidad para 13 mil personas y en la misma área habrá un Salón de la Fama, un museo del beisbol, restaurantes, bares y una serie de amenidades para que los fanáticos se diviertan.

Aunque nunca habían participado en el diseño de recintos deportivos, los arquitectos Alonso de Garay Montero y Francisco González Pulido presentaron la propuesta que convenció a Harp Helú. Ambos recibieron asesoría de Populous –firma de arquitectura que diseñó el nuevo Yankee Stadium (Nueva York), la O2 Arena (Londres) y el Emirates Stadium (Londres), entre otros inmuebles.

Harp se decantó por este proyecto porque quería construir un estadio hecho por mexicanos y con materiales nacionales.

En la presentación del proyecto arquitectónico que diseñó para Centro Deportivo Alfredo Harp Helú, S.A. de C.V., De Garay Montero describió el concepto como una dualidad entre el México prehispánico (en la parte inferior del estadio) y el México contemporáneo (en la parte superior).

El diseño del techo del estadio que realizaron JAHN y ADG destaca porque es una gigantesca cubierta estructural ligera en forma del tridente del diablo. Es traslúcida y luminosa, compuesta de acero envuelto en un material textil llamado politetrafluoroetileno, mejor conocido como PTFE.

La empresa contratada para fabricar y colocar el techo es Dünn Arquitectura Ligera, S.A. de C.V., la misma que diseñó y colocó la fachada del estadio Cuauhtémoc de Puebla con 30 mil metros cuadrados de ETFE (etileno-tetrafluoroetileno), un polímero termoplástico.

Dicha empresa también fabricó e instaló la estructura metálica de mil toneladas de acero donde descansa la cubierta de mosaicos en diferentes tonos de azul combinado con blancos que cubren el estadio poblano.

La instalación del techo del estadio de los Diablos Rojos del México es lo que ha complicado la conclusión del proyecto. El resto de la obra sí tiene avances significativos. En concreto, la obra está concluida al 100%. Los acabados, para evitar que se maltraten, apenas van en 40%. Y el resto de las instalaciones tiene un avance de 70%.

El retraso no sólo impedirá que Diablos Rojos inicie el primer torneo de los dos que se disputarán en la LMB en 2018, también está en riesgo la realización del Juego de Estrellas, programado para agosto de ese año.

El pasado 27 de septiembre en Monterrey, en la asamblea de presidentes de la LMB se acordó que en caso de que Diablos Rojos no esté en condiciones de albergar el Juego de Estrellas, éste será en Monclova, la sede de ese partido para 2019.

En el nuevo estadio tampoco podrán jugarse los partidos de temporada regular entre los Dodgers de Los Ángeles y los Padres de San Diego, equipo del cual es copropietario Harp Helú.

El 23 de septiembre último, el director del Instituto del Deporte capitalino, Horacio de la Vega, declaró al diario Récord que la Ciudad de México ya no será sede en 2018 por primera vez de los partidos de Grandes Ligas.

“A mediados de septiembre recibimos un comunicado que no hay condiciones para terminar a tiempo (el estadio). Es decir, en marzo del año entrante debíamos tener las garantías de que el estadio estuviera terminado con la intención de hacer dos partidos de pretemporada y después tres partidos de temporada regular. Los acuerdos como Ciudad de México y Ligas Mayores ya estaban hechos. No obstante, se requiere que el estadio ya esté terminado”, declaró De la Vega.

Con excepción de ESEASA Construcciones, ninguna de las empresas mencionadas respondió a las solicitudes de entrevistas para este reportaje. El arquitecto Alonso de Garay atendió la llamada, pero dijo que es Diablos Rojos quien debe ofrecer la información sobre la edificación del estadio.

El club tampoco respondió a la petición de entrevista.

Este reportaje se publicó el 1 de octubre en la edición 2135 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Estudió Ciencias de la Comunicación y Letras y Literatura Hispánica en la UNAM. Fue reportera de información general en los noticieros Monitor de InfoRed. Desde 2000 ha sido reportera y conductora de deportes en distintos medios radiofónicos y televisivos. Actualmente estudia la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos en el CIDE.

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