España-Cataluña: Inevitable choque de trenes

Como consecuencia del referéndum del pasado domingo 1, el Parlamento de Cataluña sesionará el próximo lunes 9 para revisar los resultados de la consulta popular y, eventualmente, emitir una declaración unilateral de independencia, algo que el gobierno central de España no está dispuesto a aceptar. Ante el inevitable choque de trenes, numerosos actores políticos españoles –incluso integrantes de otras comunidades autónomas– buscan fórmulas de negociación e incluso apelan a la intervención de instancias supranacionales.

BARCELONA, España (Proceso).- El referéndum catalán desencadenó una serie de acontecimientos que se suceden con rapidez y que podrían agravar aun más la fractura política y social en España.

Así, el Parlamento de Cataluña fijó este lunes 9 como el “día D” para la sesión plenaria que analizará los resultados del referéndum del 1 de octubre… y proceder a la declaración unilateral de independencia (DUI).

La respuesta del Tribunal Constitucional de España (TCE) fue suspender cautelarmente dicha sesión por razones de “urgencia excepcional”, con el argumento de que la DUI quebrantaría la Constitución y que el Legislativo catalán incumple rei­teradamente las resoluciones de ese tribunal. El máximo tribunal advirtió que la declaración de independencia “produciría un perjuicio de imposible o muy difícil reparación”.

Tras conocer la decisión del TCE, la presidenta del Parlamento, Carme Forcadell, ironizó en su cuenta de Twitter: “Suspender el Pleno que no está ni convocado es la nueva oferta de diálogo”.

La ruptura política entre España y Cataluña es tan profunda, que distintos actores iniciaron en días pasados una movilización extraordinaria para buscar una mediación que permita abordar la crisis antes de que se llegue a decisiones irreversibles.­

Xavier Domenech, diputado de la coalición Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea, dice a los corresponsales:

“Se están multiplicando diversas iniciativas, como la que tuvimos (el miércoles 4) Podemos, el Partido Nacionalista Vasco, Partido Demócrata Catalán y sindicatos; otra es la iniciada por el Colegio de Abogados de Barcelona, a la que se sumó el club de futbol Barcelona; una más es la propuesta del lehendakari (presidente de la comunidad vasca), Iñigo Urkullu, quien se puso a disposición del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, para propiciar una ‘mediación europea’, y también hay un esfuerzo que llevan a cabo jerarcas de la Iglesia católica en busca de vías de encuentro.

“Se trata de evitar el abismo. No se están planteando siquiera los puntos de la negociación, sino que ambas partes elijan unos mediadores, porque a partir de este lunes (9) podríamos vivir una situación de ruptura total o de excepcionalidad total. Todos los portavoces y la Iglesia estamos en contacto para ver si encontramos alguna puerta que no sea el escenario fatal de la declaratoria de independencia y una respuesta represiva del Estado español.”

En su opinión, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que mantiene su apoyo a la posición del gobierno de Mariano Rajoy de evitar cualquier negociación hasta que se regrese a la vía de la legalidad, podría ayudar a desbloquear la actual crisis.

El político e historiador catalán reconoce que hasta ahora los dos gobiernos rechazan los argumentos de la parte contraria; por ello sostiene que “todas estas iniciativas mediadoras buscan ‘desescalar’ la actual situación. Y una posible salida sería que el gobierno central retire a las fuerzas de seguridad de Cataluña y la intervención de la Hacienda catalana y que Cataluña retire la declaración unilateral de independencia, para empezar a hablar”.

Sin embargo advierte que “el problema es que el gobierno de Rajoy está inamovible a la espera de la DUI para actuar judicialmente contra los promotores del independentismo, porque el 1-O lo vivió como una humillación; fue un fracaso en términos internos que se celebrara la votación, cuando estuvo prometiendo que ese referéndum no se iba a celebrar bajo ningún concepto y, a nivel internacional, por las portadas de todos los medios del mundo reflejando los actos de represión contra gente indefensa.

“Es un fracaso para su gobierno pero también para el Centro Nacional de Inteligencia. Lo que vemos es que el gobierno está pensando cómo conseguir una victoria, más que en la forma de ‘desescalar’ el actual escenario. Esto no se puede enfocar en victorias o derrotas.”

Es preferible, dijo, que se celebren “negociaciones ahora” y no que haya “represión y rupturas emocionales, sociales y políticas (…) La victoria de la próxima semana puede significar una derrota de años”.

A esta crisis se sumó la psicosis de los mercados bursátiles, primero con una caída de tres puntos en la Bolsa de Valores de Madrid a lo que se sumó la decisión histórica del Banco Sabadell de anunciar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores que se va de Cataluña y muda su domicilio fiscal a Alicante. Y la convocatoria de los accionistas de CaixaBank que el viernes decidirá su traslado a Palma de Mallorca.

El Sabadell argumentó que se trata de una “decisión técnica y no política con el objetivo de proteger a clientes y accionistas”, pero es un revés por la falta de seguridad jurídica que produce una posible declaración de independencia.

Arenys de Munt, el principio

Josep Manel Ximenis todavía se emociona cuando relata cómo prepararon la jornada electoral del 1-O en Arenys de Munt, población de la comarca de Maresme: cómo resguardaron las urnas, cómo se organizaron actos lúdicos en las escuelas para evitar que fueran cerradas y poder instalar las mesas electorales.

Y sobre todo el choque de sensaciones, la alegría por “el derecho a decidir” y “los nervios ante la posible llegada de la policía” que, por orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y del gobierno de Mariano Rajoy, debía frenar el referéndum.

Ximenis fungió como apoderado de un colegio electoral, parte de las más de 4 mil 500 mesas que se instalaron en toda Cataluña.

Aquí participó 60% del censo y ganó el “sí” a la independencia con 95% a favor –3 mil 930 votos–. Y no es de extrañar, porque este pueblo fue el origen de lo que hoy se vive en Cataluña, cuando el 13 de septiembre de 2009 celebró la primera consulta municipal por la independencia (Proceso 1728).

En aquella ocasión participó 41% del censo y casi 100% se pronunció por la independencia. En esa ocasión acudieron como observadores –y quedaron asombrados– políticos y personajes públicos que hoy encabezan el desafío soberanista, como Carme Forcadell o el hoy vicepresidente del gobierno catalán, Oriol Junqueras.

“El 13 de septiembre de 2009 rompimos la barrera del miedo, porque entonces lo había, y nos dimos la primera oportunidad de decidir sobre la independencia que exigimos”, dice este catalán de abuelos aragoneses y murcianos.

“En todo este recorrido, Arenys de Munt provocó el efecto contagio en otros ayuntamientos; en total más de 250 de los 946 ayuntamientos celebraron consultas”, con poco más de 2 millones de catalanes votando por el “sí” en aquel momento.

“Fue el inicio de la desconexión emocional de España” para muchos catalanes, explica el entrevistado, quien dice: “Me di cuenta de que era independentista a los 15 años. Y a los 19, por coherencia, decidí dejar de hablar en español y sólo hacerlo en catalán, que fue una lengua muy castigada y prohibida durante el franquismo”.

Afirma que el 28 de junio de 2010, cuando el Tribunal Constitucional eliminó parte de los artículos del Estatut de Cataluña –la norma máxima de esta comunidad autónoma–, “la gente se desconectó y le quedó claro que no querían autonomía, sino independencia”.

Ocho años después de aquellos acontecimientos, Ximenis –quien fue alcalde del pueblo– asevera que “el día del referéndum, desde a las nueve de la mañana recibimos de pueblos vecinos información de que podría llegar aquí la policía, porque somos un pueblo simbólico por nuestra consulta”.

–Hay varias opiniones sobre si se debe hacer ya o no la declaración de independencia. Tú ¿por qué te decantas? –se le pregunta.

–Ya se debería hacer la declaratoria, porque el gobierno español no parará de actos represivos. No podemos compartir territorio con un país que trata así a la gente. No podemos esperar a que haya más represión, que se ataque a nuestra cultura, nuestra lengua, y después de la declaración empezar a hablar.

–¿Cómo gestionar las cosas con quienes no quieren la separación de España?

–Cuando rascas un poco, en el fondo todos los catalanes somos independentistas, porque queremos nuestra lengua, nuestra cultura. El referéndum quitó esa capa de maquillaje que llevamos encima y eso lo empezamos a hacer en Arenys. Yo creo que, al margen del proceso político, la gente aquí ya se desconectó emocionalmente de España.

El domingo 1, aunque la orden a la Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos­ d´Esquadra era que a las 06:00 horas de ese día se requisaran todas las urnas y papeletas electorales, una operación bien diseñada permitió depositarlas de madrugada en los colegios electorales antes de la apertura.

Al final todas las acciones de la operación policial produjeron que el referéndum se realizara en condiciones técnicas excepcionales y no homologables con una jornada electoral habitual, al grado que a las 08:00 horas el gobierno catalán tuvo que aprobar el uso de un censo electrónico único con el que cada elector elegía el centro en el cual votar.

Todos los colegios tuvieron problemas técnicos con la conexión a internet, aplicación que se caía con frecuencia.

Los Mossos sólo tomaron nota de la existencia de personas en el exterior de los colegios a partir de las seis de la mañana, pero no sacaron por la fuerza a la gente y se limitaron a levantar actas de los hechos.

Fue cuando el Ministerio del Interior ordenó el despliegue de policías y guardias civiles para impedir por la fuerza la votación en las tres provincias catalanas.

El Instituto Jaume Balmes, en Barcelona, fue de los primeros que recibió la visita de la policía. Los testigos aseguran que a las 08:35 horas, decenas de policías antimotines rodearon a quienes esperaban la apertura de la casilla, prevista para las 09:00 horas.

Un video muestra graves incidentes en la escalera de acceso al instituto Pau Claris de Barcelona, donde los policías sacaron a patadas y empujones a las personas que querían votar.

La Policía Nacional irrumpió en el Colegio Ramon Llull de Barcelona alrededor de las 09:30 horas. Pese a la violencia ejercida para retirar las urnas, la gente increpó a los policías que, nerviosos, se bajaron de los vehículos y dispararon balas de goma contra los manifestantes en el cruce de la calle Diputació y Sardenya.

Otro colegio intervenido fue el Sant Julià de Ramis, Girona, donde le correspondía votar a Puigdemont. Ahí los guardias civiles llegaron antes, entraron rompiendo los cristales de la puerta de acceso y desalojaron por la fuerza a decenas de personas que estaban concentradas en la puerta.

Eso no impidió votar a Puigdemont, que lo hizo en la localidad de Cornellà del Terri, pese a que el propósito era evitar la imagen de los líderes políticos depositando sus papeletas.

El reportero pudo comprobar las concentraciones de ciudadanos que cuidaban los colegios electorales en el colegio Jesuitas Caps y en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, donde imperaba el nerviosismo por los rumores de la posible aparición del operativo policial.

El gobierno catalán informó que el saldo de las cargas policiales dejó 800 heridos y que 2 millones 20 mil 144 catalanes (90% de los participantes) cruzaron las papeletas con el “sí” a la independencia.

Respuestas de Madrid

En una declaración institucional después de celebrada la votación en Cataluña, Mariano Rajoy dijo “con toda rotundidad” que “hoy no ha habido un referéndum de autodeterminación en Cataluña” y que los españoles pudieron constatar que el estado de derecho se mantiene “fuerte y vigente”.

A su vez Puigdemont pidió una “mediación internacional”, “real y sincera”, para restablecer el clima de diálogo entre su gobierno y el de España. Consideró que esa mediación la deben encabezar “actores internacionales (que no identificó), dispuestos a facilitar el diálogo”, y esa mediación la debería “apadrinar” la Unión Europea, “porque ya no se trata de un asunto interno (de España)”, sino de “ámbito europeo”.

Aclaró: “Yo no estoy declarando la independencia, el govern no ha decidido declarar la independencia, sino que ha entendido que ha llegado el momento de apelar a esta mediación, y si se produce, hablemos de todo”.

A su vez el rey de España, Felipe VI, rompió el silencio y en un mensaje institucional, particularmente duro, acusó a las autoridades catalanas de estar “incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía de una manera reiterada, consciente y deliberada”.

Con rostro muy serio y un movimiento de manos fuera de lo habitual en sus mensajes, Felipe VI acusó la “deslealtad” del gobierno catalán, que se sitúa “al margen de derecho y de la democracia”.

“Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática”, dijo, y pidió restaurar el orden constitucional roto por el desafío soberanista en Cataluña.

Felipe VI no hizo referencia a las cargas policiales ni a los heridos en ellas, imágenes que dieron la vuelta al mundo y llenaron las redes sociales. Tampoco aludió a las multitudinarias concentraciones que, sin incidente alguno, se produjeron en toda Cataluña, en especial en Barcelona, como parte de la huelga general que se convocó para protestar contra la represión y en defensa del derecho a decidir.

Horas antes del discurso del rey, en una entrevista con la BBC, Puigdemont adelantó que declarará la independencia “en cuestión de días”. Y en entrevista con el periódico alemán Bild señaló: “Ya me siento el presidente de un país libre”. Y sentenció que su encarcelamiento “es posible, lo que sería un paso salvaje”, pero aclaró: “no tengo miedo por mí. El gobierno español encarcela adversarios políticos, influye en medios, bloquea páginas web…”.

El reportero comprobó cómo en el barrio barcelonés de Sant Antoni, como en el resto de Cataluña, a las 21:00 horas del martes 3, cuando empezó la alocución del monarca, se inició una ruidosa “cacerolada” de los vecinos, como ocurre desde hace días para defender su derecho a decidir.

Puigdemont tuvo una nueva aparición pública para dirigirse al monarca: “Así no”, le dijo. “Usted ha decepcionado a mucha gente en Cataluña, gente que esperaba de usted una apelación al diálogo y a la concordia (…)

“Ignora deliberadamente a los millones de catalanes que no piensan como el gobierno” de Rajoy, agregó y lamentó que “el rey no ha tenido el papel moderador que la Constitución le otorga.”

Este reportaje se publicó el 8 de octubre de 2017 en la edición 2136 de la revista Proceso.

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