“La Villana”: explosiva, intensa, violenta

MONTERREY, NL. (apro).- La Villana (The Villainess, 2017) proporciona toneladas de acción, con un formato completamente diferente al de Hollywood.

El director Byong-gil Jung escribe y dirige esta historia de venganza con secuencias plagadas de coreografías nuevas y sorpresivas, con un elenco completamente desconocido para occidente.

La producción surcoreana revoluciona el look del género, con el personaje maravilloso de Sook-hee (Ok-bin Kim), una mujer pequeña y bella, convertida en la más temible asesina por encargo de toda Asia. Es como La Novia de Kill Bill, pero en una versión mucho más sanguinaria y despiadada.

Junto con el aspersor hemático que acompaña prácticamente cada una de las escenas, existe una compleja historia personal que justifica las motivaciones de la enfadada sicaria, mal llamada villana, si se considera que, pese a sus excepcionales habilidades para despachar gente al otro mundo, no es más que una víctima atrapada en un mundo de policías y capos.

La narración fragmentada hace que se intersecten episodios pasados, que van armando el rompecabezas existencial. El retrato que se forma es el de una niña trágicamente entrenada desde muy pequeña para el arte de la destrucción. Sin embargo, tipos malos la obligan a tomar como personal una serie de misiones suicidas. Esta homicida es como una nieta consanguínea de La Femme Nikita.

La Villana, por supuesto, es indestructible. En una primera escena, hay un estupendo plano secuencia, con cámara subjetiva, en la que los decesos son tan rápidos y repentinos, que se pierde la cuenta. Caen dos, tres decenas de malvados, abatidos por las balas, por dagas, katanas. Confinada en un estrecho pasillo, o rodeada de corpulentos criminales, ella se da la habilidad para atravesarles con el acero el corazón y la garganta.

La edición y la fotografía se combinan para presentar secuencias de violencia extremadamente bellas. La música electrónica trepidante lleva el ritmo de un corazón desbocado. La iluminación perfecta muestra escenarios sombríos, de luz mortecina, donde se dirimen combates mortales.

Todos los personajes, hombres y mujeres, son insólitamente bellos, y ataviados con buen gusto. Abundan los trajes sobrios en ellos y los vestidos refinados en ellas.

Cerca del final hay una escena de persecución en motocicletas con un sorprendente trabajo de los dobles. Los conductores, en sus máquinas, avanzan a toda velocidad por un estrecho pasillo y, sin detenerse, riñen con sables, en una de las mejores secuencias de su tipo que hayan sido presentadas en cine.

La Villana es un alucinante viaje de acción nivel platino puro. La antiheroína pasa por una enorme cuota de sufrimiento y crueldad, buscando escapar de su destino, aunque irremediablemente es atraída al vórtice de la maldad, donde ella observa su mejor desempeño.

Es un elegante ejercicio de estilo, hecho para generar descargas de adrenalina, a través de un irreductible baño desangre.

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