Bryan Adams hace vibrar a sus fans mexicanos en el “domo de cobre”

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El cantautor canadiense Bryan Adams se presentó exitosamente anoche en el Palacio de los Deportes, como parte de su gira Get Up, en un intenso viaje de nostalgias y nuevos temas.

Cuando marcaban las 21:20 horas, apareció el carismático cantante y fotógrafo vistiendo un elegante traje negro para arrancar con Do what ya gotta do, de su reciente discografía Get Up (2015), provocando inmediatamente los gritos y aplausos de sus fans.

Una producción sencilla, con una enorme pantalla en forma rectangular a manera de telón de fondo, así como un formato íntimo dentro del llamado “domo de cobre”, donde todos los espectadores tuvieron la cercanía al escenario, fueron los elementos que atraparon durante dos horas de poderoso rock.

El público, apasionado de principio a fin, expresaba su ferviente cariño hacia Adams, levantando pancartas con muestras de amor y hasta ondeando banderas con la hoja de maple, a lo cual correspondió el músico con el mismo afecto acercándose por la orilla del entarimado y tomándose selfies en distintos momentos.

Luego de que Heaven fue muy coreada, le siguieron This time, You belong to me y Summer of ‘69, integrando una selección sonora que también se tarareó apasionadamente por los felices congregados.

Adams prosiguió con una sesión acústica en la que extasió los ánimos: Here I am y (Everything I do) I do it for you y abrió paso a Somebody, para darse merecida pausa de cerca de 10 minutos acompañado de sus músicos, quienes regresaron a la escena y regalaron todos juntos una hora más de espectáculo.

La energía llegó al máximo. Sonaron Have you ever really loved a woman?, 18 til I die, Please stay y Ultimate love, en una velada en la que relució el guitarrista Keith Scott, al cual enaltecía Adams en cada oportunidad.

Parecía que la presentación culminaría con las clásicas cincuenteras C’mon everybody (de Eddie Cochran) y All shook up (del Rey Elvis), cuando el grupo abandonó el foro; pero cual si sus pies estuvieran pegados al piso del foro olímpico, el complacido Bryan Adams concedió unos “solos” en guitarra acústica y armónica: Straight from the heart y All for love.

Su público lo cobijó de alaridos entre celulares a todo lo alto e iluminando con encendedores los rincones del Palacio de los Deportes. A eso de las 23:30 horas, Adams se rindió ante su fanaticada entre caravanas, y se perdió en la noche levantando a una mano su guitarra. Ciertamente, había logrado su cometido: elevarse en una comunión de emociones.

(La crónica presente fue solicitada a César Muñoz Valdez para nuestros lectores de Apro)

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