En el PRI, el show de las simulaciones

En el seno del PRI comienza a gestarse la inconformidad por la forma en que este partido intenta elegir a su candidato a la Presidencia para 2018. Es el caso de la exgobernadora de Yucatán Ivonne Ortega, quien no sólo repudia la reciente pasarela en Mazatlán, sino el intento de reactivar el dedazo presidencial, una práctica presuntamente abandonada hace 30 años. Califica como simulación el método de convención de delegados para ungir al candidato, y dice que lo que se necesita es una consulta abierta en la que participen priistas y simpatizantes. De lo contrario, advierte, los votantes le pasarán la factura a ese partido.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El sábado 14 en el puerto de Mazatlán, un centenar de jóvenes irrumpió en las instalaciones del Instituto de Capacitación y Desarrollo Político (Icadep) convertido en pasarela de priistas que buscan la candidatura presidencial. No se trataba de una protesta, sino de un espaldarazo al secretario de Hacienda, José Antonio Meade.

Los jóvenes entonaron un corrido al estilo sinaloense: “Pre-si-den-te, Pre-si-den-te” –coreaban al ritmo de la tambora– y continuaban con el estribillo: “Él es un amigo de verdad, /un gran mexicano, /un gran servidor”. Meade sonreía, complacido.

Son las nuevas caras del PRI, pero con los métodos que el partido utilizó hace 30 años para designar a Carlos Salinas de Gortari candidato presidencial con la famosa pasarela instrumentada en esa ocasión por Miguel de la Madrid.

El viernes 20, después de tres meses de negociaciones internas, de encuestas hechas a modo y de exclusiones de grupos opositores, el Consejo Político Nacional del PRI –al que el presidente Enrique Peña Nieto se integró recientemente–, los 532 consejeros decidieron por unanimidad elegir al candidato presidencial en una convención nacional de delegados.

Serán 37 mil los delegados priistas quienes en las próximas semanas emitirán su voto; habrá foros en los sectores popular, campesino, obrero y territorial y más pasarelas en las que participarán Meade, Aurelio Nuño, Miguel Ángel Osorio Chong, José Narro y Enrique de la Madrid, según se supo de última hora.

De acuerdo con el calendario del Instituto Nacional Electoral, las precampañas arrancarán el 14 de diciembre y culminarán el 11 de febrero de 2018. A partir de esa fecha y hasta el 29 de marzo siguiente será el periodo de registro de candidatos.

Ivonne Ortega, quien desde hace más de un año ha venido peleando la candidatura presidencial en el PRI, acusa de simulación el método de convención de delegados y rechaza el uso de la pasarela, de la que fue excluida, pues únicamente fueron incluidos Meade, Narro, Nuño y Osorio Chong, destapados como aspirantes por una encuesta entre senadores organizada por Emilio Gamboa, líder priista en ese cuerpo colegiado.

“Si me hubieran invitado a ser parte de esta simulación, del dedazo, no estaría dispuesta a ser parte de ese circo o de esa simulación, como también creo que muchos militantes no lo aceptarían”, comenta Ortega, exgobernadora de Yucatán y diputada con licencia, que ha recorrido el país en busca del apoyo de militantes y simpatizantes en demanda de una consulta abierta para la elección del candidato presidencial.

Un método cuestionado

Desde 1987 el PRI no recurría a la pasarela, la cargada o el dedazo presidencial para aparentar un proceso democrático para la selección de su candidato presidencial.

En aquella ocasión, el entonces presidente Miguel de la Madrid y el líder del partido, Jorge de la Vega Domínguez, organizaron el desfile en el que participaron Sergio García Ramírez, titular de la Procuraduría General de la República; Alfredo del Mazo González, secretario de Energía; Manuel Bartlett, titular de Gobernación, Ramón Aguirre, regente capitalino, y el titular de Educación Pública, Miguel González Avelar.

A García Ramírez lo usaron para hacer creer a la opinión pública que había sido el elegido, cuando la famosa cargada ya estaba a favor de Salinas de Gortari.

Hoy el presidente del partido, Enrique Ochoa Reza, y Peña Nieto retoman el viejo esquema de la pasarela. Ahora como entonces, las cartas están marcadas y el árbitro está vendido, reitera Ortega.

El martes 17 el PRI informó que el Consejo Político Nacional sesionaría el viernes 20 para elegir el método de selección del candidato presidencial, así como para diputados y senadores. Horas después, Ochoa Reza, en un albazo, adelantó que la designación se hará en una convención de delegados y rechazó que esa fórmula sea similar al antiguo “dedazo presidencial”.

“Es un mecanismo muy democrático e importante en el partido, que ha funcionado muy bien para garantizar la pluralidad de opiniones, la inclusión y la unidad interna”, declaró el dirigente priista en una entrevista radiofónica.

Y aun cuando se prevé la participación de 37 mil integrantes del Consejo Político Nacional que representan a todas las entidades del país, Ortega insiste en que la última palabra la tendrá la cúpula de este órgano, en la cual participa Peña Nieto.

Pocas voces en el PRI se manifestaron contra las decisiones tomadas desde la cúpula del partido, representada por la Comisión Política Permanente del Consejo Político Nacional, a la cual Peña Nieto fue integrado recientemente.

Para la exgobernadora de Yucatán, si no hay consulta abierta, el PRI perderá el apoyo de muchos militantes: muchos se sentirán defraudados. E insiste: la pasarela sólo crea confusión entre los priistas y desconfianza entre la ciudadanía.

“El único método que puede fortalecer al PRI para enfrentar el proceso electoral de 2018 es una participación abierta a militantes, simpatizantes y ciudadanos para la designación del candidato presidencial, no la voluntad de una cúpula”, dice en entrevista la exgobernadora.

Relata que Ochoa Reza le había asegurado que el Consejo Político no sesionaría hasta la primera semana de diciembre. Ahí se definiría el procedimiento de selección del candidato. Sin embargo, el presidente del partido adelantó los tiempos y las formas de elegir al candidato presidencial.

Y expone: “Las simulaciones, como la pasarela o la sesión del Consejo Político Nacional, sólo enrarecen el ambiente político y ponen en condiciones de desventaja a quienes no fuimos invitados a eventos como el de Mazatlán”.

Ortega prevé la posible salida de priistas, decepcionados por el regreso de prácticas autoritarias y cupulares:

“Espero que estas condiciones de las que estamos hablando no vayan a poner al PRI en esa situación, porque sería muy lamentable que lo que hemos venido construyendo muchos militantes lo vayamos a perder por malos manejos o malas interpretaciones.”

–¿Lo que está pasando hoy es como aquella pasarela de 1987, cuando hicieron una puesta en escena y ya se sabía que Carlos Salinas iba a ser el candidato? –pregunta el reportero a Ortega.

–Sí… Los primeros que se sienten agraviados con estas acciones son los militantes; luego, la propia sociedad. El peligro es que la gente se decepcione, no salga a votar y tengamos un candidato o candidata con 18 o 20% del voto.

Las simulaciones

Las expresiones de inconformidad en torno a la elección del candidato a la Presidencial para 2018 se iniciaron en agosto pasado. El día 12, durante la 22 Asamblea Nacional –que presidió Peña Nieto– varios grupos se opusieron a quitar los candados de 10 años de militancia para los aspirantes a la Presidencia, a gobernador y a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

Al final, por unanimidad, se eliminó este impedimento y se abrió la posibilidad para que un simpatizante fuera el candidato a la Presidencia de la República. Eso se leyó como un claro mensaje a favor de Meade.

Un mes después, el 12 de septiembre, el líder del PRI en el Senado, Emilio Gamboa, sorprendió a sus compañeros legisladores al realizar a puerta cerrada una encuesta para saber quiénes eran los posibles aspirantes a la candidatura presidencial. El resultado fue enviado a Ochoa Reza. El aspirante mejor posicionado fue Meade.

Casi al mismo tiempo se echó a andar la famosa “cargada” a favor de Meade en una pasarela realizada en Mazatlán, Sinaloa, en el encuentro de los cuadros políticos jóvenes del PRI integrados en el Icadep.

Los “presidenciables” fueron elogiados con aplausos. A Nuño, Osorio Chong, Narro y De la Madrid Cordero incluso les pidieron selfies, pero sólo a Meade le hicieron fiesta. Le organizaron una conferencia de prensa en un salón al que le llevaron acarreados de varias colonias para lanzarle fuertes las porras, le pidieron tener más propuestas y al final lo despidieron con un corrido.

Una semana después, el viernes 20, en la sesión extraordinaria del Consejo Político Nacional para el método de selección del candidato, de los mecanismos previstos en el artículo 181 de los estatutos, se descartó la vía de la elección directa y se optó por convención de delegados.

“Vamos a ganar”, festejó Ochoa Reza tras la votación unánime de 532 consejeros, al tiempo que pedía unidad en el PRI.

El jueves 19 Ivonne Ortega adelantó que no asistiría porque se trataba de una simulación. Dijo que muchos priistas y ciudadanos rechazan que las decisiones sean cupulares.

–¿Eso está pasando en el PRI?

–Sí y lo vemos en los propios militantes. En Mazatlán, por ejemplo, en la propia pasarela no fue usada la misma vara para cada participante. Los propios jóvenes que estaban ahí terminaron molestos porque les dieron condiciones diferentes y el presidente del partido parecía un árbitro muy inclinado, como cuando marcan un penal que no existe.

Según Ortega, es muy delicado que el PRI recurra a la simulación. A fin de cuentas sólo lastima a la militancia y afecta las condiciones de los procesos electorales.

La política yucateca recuerda que en el sexenio de Peña Nieto, la desconfianza ciudadana se ha traducido en la pérdida de seis gubernaturas y casi 5 millones de votos para el PRI.

La exgobernadora asegura que ha recorrido dos veces el país y mucha gente le ha dicho que quiere abandonar al partido; otros esperan conocer cuál es el comportamiento de la dirigencia para tomar una decisión. “Lamentablemente –dice– estas acciones que se ven a nivel de la dirigencia nacional se reproducen a nivel estatal”.

Y cuestiona: “¿Con qué calidad moral vas a poder decir algo si eres parte de la simulación? Tienes que tener calidad moral para poder criticar”.

–¿El dedazo presidencial está muy presente?

–Pero está muy acotado. Ni siquiera las decisiones cupulares son aceptadas o respetadas por los propios militantes. Eso está pasando en todos los partidos. El modelo o el sistema político ya está agotado. Se tienen que buscar mecanismos como la primera vuelta o la elección primaria para que en todos los partidos se consulte quién es el mejor cuadro para que esté en las boletas de elección.

–Si llega con un candidato elegido con cartas marcadas, con el dedazo presidencial, ¿qué futuro tiene el PRI, ahora que es la tercera fuerza política?

–Lo hemos visto en diferentes estados. Cuando llegan candidatos decididos por la cúpula y no por la militancia, se pierde. En 2016 no perdió la elección el PRI, sino la decisión de elegir al mejor candidato. Perdimos en nueve estados porque fueron candidatos elegidos desde la cúpula. El caso más claro es Quintana Roo, donde el candidato que los militantes querían era Carlos Joaquín. Sin embargo, la cúpula eligió a otro que, aunque era un buen cuadro, no tenía el apoyo de la gente.

“Todo eso lo hemos vivido en las elecciones pasadas, cada vez que el partido se equivoca en la elección del candidato, los militantes son los primeros que manifiestan su rechazo.”

–¿Se está jugando el PRI la permanencia en el poder?

–Algunos de los que están en la cúpula, si no entienden a la militancia, si no escuchan a la sociedad, pueden estar jugando con el pellejo de todos. Aquí la responsabilidad es sólo de algunos.

Este reportaje se publicó el 22 de octubre de 2017 en la edición 2138 de la revista Proceso.

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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