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Jagmeet Singh, el joven del turbante que quiere vencer a Trudeau

MONTREAL (apro).- Derrocha carisma, transmite elegancia, celebra la multiculturalidad, refleja juventud, defiende valores progresistas y es político canadiense… pero no se llama Justin Trudeau.

El pasado 1 de octubre, los miembros del Nuevo Partido Democrático –agrupación de centro izquierda– eligieron a Jagmeet Singh como su nuevo líder en la primera ronda de las votaciones. Singh obtuvo 53.8% de las preferencias, una cifra sorprendente porque hasta hace algunos meses era poco conocido fuera de Toronto y, además, no es diputado federal (aunque tiene curul en la asamblea de Ontario).

Se trata del primer jefe de un partido canadiense surgido de una minoría visible. Singh practica la religión sij (al igual que unas 460 mil personas en Canadá), por lo que porta frondosa barba, turbante y kirpán, una pequeña daga tradicional.

Varios medios lo han definido como la nueva estrella de la política canadiense, pero Singh no sólo busca atención y reconocimiento; aspira nada menos que a convertirse en primer ministro, y para ello tendrá que vencer a Trudeau y sus liberales en los comicios de 2019.

En su discurso de aceptación, Singh hizo referencia a algunos temas fundamentales de su programa político: reducir la brecha salarial, facilitar el acceso a la vivienda, enfrentar con mayor solidez el cambio climático y, de igual forma, combatir algo que ha vivido en carne propia: los controles policiacos efectuados por el color de piel.

“Para hacer progresos en estos asuntos, para verdaderamente lograr que los canadienses vivan mejor, les debemos a ellos formar un nuevo gobierno”, precisó.

En otra parte del discurso mencionó que los liberales no conocen de cerca las dificultades que atraviesan miles de familias en Canadá por la precariedad laboral. Días antes ya había lanzado un dardo al primer ministro en una entrevista a la agencia The Canadian Press: “Pienso que Trudeau jamás ha tenido que enfrentar las mismas experiencias que muchos ciudadanos”.

Trudeau es el enemigo a vencer para Singh. Algunos comentaristas políticos en Canadá han citado las semejanzas entre ambos políticos, más allá del carisma y el porte: uso efectivo de redes sociales, arraigo entre los jóvenes, limitada experiencia en la arena política. Sin embargo, la vida de Singh ha sido diferente a la del hijo de exprimer ministro Pierre Elliot Trudeau.

Abogado comunitario

Jagmeet Singh Dhaliwal nació en 1979 en Scarborough, un suburbio de Toronto. Sus padres llegaron a Canadá unos años atrás procedentes del Punyab indio. Primero quiso desarrollar una carrera como científico y obtuvo una licenciatura en biología en la University of Western Ontario.

Su padre sufrió problemas de salud que le impidieron seguir laborando como médico, así que Singh debió dejar de lado sus planes con los microscopios. Se graduó entonces en derecho en la York University, trabajó unos años como abogado penalista y posteriormente comenzó a brindar servicios legales en organismos comunitarios de Toronto.

Desde esas fechas empezó a vestirse con trajes de tres piezas, además de optar por turbantes de llamativos colores. En una entrevista en febrero pasado a la revista estadunidense GQ, una de las biblias de la moda masculina, Singh declaró lo siguiente: “Si la gente me va a observar fijamente de todas formas, también puedo darles algo para mirar”.

Soltero, practicante de artes marciales, adepto de la bicicleta como medio de transporte y políglota (habla inglés, francés, hindi y panyabi), Singh decidió dar el salto en política en 2011, compitiendo como candidato del NPD al Parlamento federal. Perdió la elección, pero el mismo año triunfó para llegar a la asamblea de Ontario. En ese recinto se distinguió por una férrea defensa de las libertades civiles. En mayo de 2017 anunció su candidatura a la jefatura federal del partido.

Singh arrancó en los últimos lugares de las encuestas, pero fue mostrando un avance sorprendente conforme pasaban las semanas. La prensa canadiense se interesó cada vez más por él, además de que Singh tuvo una constante actividad en las redes sociales. Un episodio mereció la atención de todo el país: en un evento de campaña en un suburbio de Toronto, una mujer lo acusó de estar afiliado a la Hermandad Musulmana y de querer imponer la sharia (ley islámica) en Canadá. En vez de aclararle que no es musulmán, Singh respondió: “Creemos en el amor y la valentía. No queremos ser intimidados por el odio”. A raíz de este evento, la frase “Amor y valentía” apareció citada cada vez más en la campaña de Singh. También se convirtió en el candidato con mayor financiamiento gracias a las donaciones de sus seguidores.

Además de sus propuestas sobre mejoras salariales y mayor acceso a vivienda, Singh se distinguió de sus rivales en mítines y debates con otros planteamientos: regular de forma más severa la venta de armas canadienses a otros países, despenalizar distintas drogas, privilegiar acuerdos comerciales que tomen en cuenta las necesidades de los productores del país, imponer impuestos más altos a las compañías y vigilar con lupa cada proyecto petrolífero.

Levantar al NPD

Ahora como líder del partido, Singh deberá en primer lugar ganar una circunscripción federal en alguna elección extraordinaria para llegar al Parlamento en Ottawa. A su vez, necesita oxigenar a su partido, ya que no atraviesa por los mejores momentos. En las elecciones de 2011, el NPD había dado la sorpresa al ganar en 103 circunscripciones, su mayor resultado en la historia, convirtiéndose en la oposición oficial a Stephen Harper y condenando a los liberales a la tercera posición. En 2015, la agrupación apareció durante meses en primer lugar de las encuestas nacionales. Sin embargo, la ola liberal dirigida por Justin Trudeau arrasó en los comicios, por lo que el NPD sólo obtuvo 44 diputaciones. El liderazgo de Thomas Mulcair no alcanzó para llegar al poder y, de igual forma, Trudeau sedujo en la campaña a muchos votantes de izquierda y se benefició del hartazgo de un segmento importante de los ciudadanos hacia Harper.

Faltan aún dos años para la próxima elección federal. Singh sabe que para tener posibilidades de triunfo debe recuperar a muchos progresistas que se decantaron por Trudeau. El nuevo líder del NPD cita con frecuencia las promesas no cumplidas del liberal y sostiene que el país necesita ir más a la izquierda. El primer ministro no pasa necesariamente por sus mejores momentos. La renegociación del TLCAN, la propuesta para subir impuestos a pequeñas y medianas empresas y los problemas para tender puentes con las comunidades indígenas, entre otros temas, lo han puesto en dificultades. No obstante, las encuestas reflejan que su tasa de aprobación entre la ciudadanía ronda el 50%. La tarea de Singh parece colosal.

En una entrevista que concedió en 2015 al diario The New York Times, Trudeau afirmó que Canadá es el primer país posnacional en el mundo. Su defensa del multiculturalismo y sus políticas migratorias –fieles a la tradición liberal– le han asegurado amplio respaldo entre las comunidades venidas del exterior. Chantal Hébert, columnista del diario The Toronto Star, señalaba que Singh debe empeñarse en restarle estos apoyos a los liberales, sobre todo ahora que él representa la diversidad en las esferas más altas de la política canadiense.

Los buenos resultados obtenidos por el NPD en las elecciones de 2011, con 103 diputados en el Parlamento, tuvieron mucho que ver con los votantes de Quebec. En la provincia francófona, el partido logró elegir a 53 candidatos (sólo a 16 en 2015). La opinión reinante entre los analistas políticos es que Singh tendrá serias dificultades para que el NPD vuelva a tomar fuerza en Quebec. La principal razón radica en su turbante –que esconde una larga cabellera– y en su barba. La sociedad quebequense vive desde hace años un intenso debate sobre el lugar que deben ocupar los símbolos religiosos dentro de las instituciones del Estado. Una parte importante de sus electores considera que la laicidad está en riesgo cuando funcionarios y políticos portan estos símbolos.

“Mis padres crecieron en un país que no respetaba los derechos de las minorías. Aprendí de ellos los vínculos entre la lengua y la cultura. Descubrí que los francófonos en Canadá, y particularmente los quebequenses, han enfrentado presiones similares con su lengua y su identidad”, señaló Singh en su discurso de aceptación.

El nuevo jefe del NPD se ha dejado ver frecuentemente en Quebec, dirigiéndose en francés a la población y subrayando que sus creencias religiosas jamás pondrán en entredicho su defensa de las libertades.

Robert Nadeau, profesor de filosofía en la Universidad de Quebec en Montreal, escribió en el diario Le Devoir lo siguiente: “Creemos que vivimos en una sociedad secular cuando, de hecho, la religión está interfiriendo sutilmente en todas las esferas de la vida social y política. Esto es claramente un triste legado del multiculturalismo canadiense. Que un líder político que lleva su vida pública con vestimenta religiosa no lo reconozca desde el principio y afirme ser de alguna manera favorable al secularismo tiene algo de desconcertante al respecto”.

Chantal Hébert comentó que las elecciones de 2019 serán una especie de cambio de estafeta generacional. En este escenario, el voto de los millenials y de los canadienses nacidos en otros países tendrá un peso preponderante. El pasado 27 de mayo, los miembros del Partido Conservador eligieron también a su nuevo líder. Se trata de Andrew Scheer, diputado por una circunscripción de la provincia de Saskatchewan. Scheer tiene 38 años de edad y muestra actitud bonachona, aunque sus posturas en temas como el aborto y el matrimonio homosexual lo hacen parecer incluso más conservador que Stephen Harper.

“Andrew Scheer no porta símbolos religiosos, pero a causa de su religión, está en contra de los derechos de la comunidad LGBT y de los derechos de las mujeres. Yo estoy a favor de estos derechos”, declaró Singh a The Canadian Press.

Justin Trudeau será el líder partidista de mayor edad en los próximos comicios. Scheer esperará que la división de los votos progresistas le genere recompensas. Por su parte, Jagmeet Singh promete pelear políticamente con astucia y pundonor. Va a necesitar para ello más que elegancia, buenas vibras y palabras esperanzadoras, aspectos que Trudeau maneja a la perfección.

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