“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

Política-ficción

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- “En marzo, la Sra. Edmondson llegó para una ceremonia de iniciación en la casa de la Sra. Salzman en Clifton Park, N.Y., una ciudad a unas 20 millas al norte de Albany donde viven el Sr. Raniere y algunos seguidores. Después de desnudarse, fue conducida a una ceremonia a la luz de las velas, donde se quitó la venda y vio a los otros esclavos de la Sra. Salzman por primera vez. Las mujeres fueron llevadas a una casa cercana, donde se llevó a cabo la hierra.”

“Creo que el peor insulto, la peor ofensa, que puedes hacerle a un mexicano es insultar a su madre. Es lo más sagrado que tenemos en la vida. México es nuestra madre que hoy clama por sus hijos. Estamos viviendo el momento más obscuro de nuestra historia reciente. Nuestra Madre México está siendo violada frente a nosotros. ¿Qué vamos a hacer? Llegó Masiosare el extraño enemigo. ¿Dónde está el soldado en cada hijo?”

Estos dos textos están relacionados. El primero proviene del reportaje que esta semana publicó el New York Times sobre una secta de “empoderamiento empresarial” con sedes en los países del ya casi ex-Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. Su narradora, una canadiense que ingresó a la secta Nexium –NXIVM por sus siglas– a cambio de poner en un Dropbox fotos de desnudos que serían difundidas si revelaba los secretos que el líder de esa “fraternidad”, Keith Raniere, le iba a revelar. La ceremonia que describe es una hierra, el marcaje de una res para señalar quién es el propietario. El segundo texto es una plática motivacional del hijo del expresidente Carlos Salinas, Emiliano, en octubre del 2010 en San Miguel de Allende y que su editor, TED-Talk, presume como “la primera charla en un idioma distinto al inglés”. Con el título de “Se buscan Gandhis. Una respuesta ciudadana a la violencia”, el discurso de Salinas Ocelli toma como ejemplo de acción política contra los secuestradores el seguido por Benjamín Le Barón en Chihuahua cuando logró liberar a su hijo sin pagar el rescate exigido y terminó asesinado en 2009. En ese entonces, Emiliano Salinas había fundado una ONG llamada “Yo Soy Otro Tú” –In Lak Ech, en maya– y era vicepresidente de “ética” de una rama de la secta Nexium que funciona como su primer peldaño en una estructura piramidal, los Executive Success Programs, unos talleres de “empoderamiento para el éxito empresarial”. La vicepresidenta de “educación” es Nancy Salzman, en cuya casa se llevaron a cabo los herrajes de mujeres. El programa que dirige Salinas establece: “Ya sea viendo a las personas compitiendo en los Juegos Olímpicos, caminando en el escenario para recibir un Oscar o dando un discurso de aceptación política, hay personas a nuestro alrededor que están a la altura de su potencial y hacen realidad sus sueños. ¿Son más fuertes, más brillantes o más valientes que tú? No. Pero hay una diferencia esencial: Han encontrado la fuerza interior que les permite lograr lo que realmente desean. (…) Te ayudamos a construir y fortalecer tu constitución emocional para que saltes del conocimiento del éxito; de tenerlo realmente. Aprovechar este extraordinario recurso, sin importar tu nivel de éxito, cambiará para siempre tu vida. Hacemos visible lo invisible para que puedas transformar tu motivación y obtener los resultados que deseas”. Asegura que Emiliano Salinas es co-propietario de centros de superación personal en la Ciudad de México –“que no es sólo Santa Fe y Las Lomas, sino también el Centro” –, Guadalajara y Los Ángeles, donde “trabaja lo mismo con atletas que con emprendedores, que con actores de cine y políticos”.

Además de la coincidencia entre el nombre de la secta tri-nacional y la revista que durante su sexenio le publicaba artículos al presidente Carlos de Salinas de Gortari, me quedé pensando en la idea de la “política-ficción”, término que en México atribuimos al expresidente Salinas y que le sirvió demasiadas veces para evadir responder cuestionamientos sobre su desastroso final de sexenio. El término politics-fiction fue acuñado por Philippe Lacoue-Labarthe en una disertación sobre las relaciones entre Heidegger y el nazismo. En los abrevaderos de éste, del nazismo, se encuentra otra secta, la Teosofía, de Rudolph Steiner, un ocultista que aseguró que podía “hacer la transición de la verdad del pensar al pragmatismo de actuar”. Los motivos del Salinas Hijo me suenan a lo mismo. Hay algo de terrible en las nuevas “trascendencias” empresariales: ser creyente es ganar un cliente, creer en la religión de uno mismo los hace neutrales a sus contenidos –por ejemplo, herrar mujeres– y, no menos preocupante, la confusión entre el discurso de la superación personal y la política “ciudadana”. Está también la mención al deporte, los Juegos Olímpicos, el Premio Oscar y los actores de Hollywood. De hecho, la secta Nexium financia centros de alto rendimiento físico y una de las mujeres que prestaron su testimonio al New York Times es Catherine Oxenberg, la amante de su padrastro en la serie de televisión de los ochentas Dinastía. ¿Qué “política-ficción” hay detrás de esta maraña dianética? Es la idea de un ascetismo no espiritual. Detrás de las psicotécnicas del empoderamiento están las mismas reglas de alto rendimiento de los atletas o del emprendedorismo: una serie de ejercicios simbólicos y protocolos para regular las relaciones entre el entrenador o el líder y los clientes. Dentro de cada uno –dicen todas las sectas ascéticas– hay alguien mejor. La cosa es que aflore. Para ello es necesario inhibir lo que está mal y que normalmente es algo muy parecido al inconsciente reprimido de Freud, algo que existe sólo cuando se enuncia. En el caso de la Cienciología de Ron Hubbard es la rememoración de los “engramas” que deben ser eliminados. El inconsciente cambiaba sólo de nombre, por el de “banco de memoria patológica”. Es a lo que Emiliano Salinas se refiere en su discurso político-místico del TED, que hubiera ruborizado al autor de El laberinto de la soledad: “El verdadero problema de los mexicanos es que somos un país de víctimas, que nos asumimos como víctimas, desde la Conquista”. Entre los métodos de Nexium, además del herraje, estaban las dietas, esa no-espiritual forma del ascetismo que hace emerger a un Yo interior, casi siempre esquelético. “Menos es más” era la consigna de los recortes de Salinas de Gortari al presupuesto cuando fue secretario de Programación. La pseudotrascendencia del nuevo ascetismo se dirige a políticos, atletas y actores de cine porque sigue la consigna de los primeros cristianos: “Si el rey se convierte, has ganado a todo su pueblo”. Por eso la cacería principal es entre las celebridades.

En su crítica a la trascendencia neoliberal, “Has de cambiar tu vida”, el filósofo Peter Sloterdijk describe así la justificación metafísica de la codicia por el dinero y el éxito en esa vida vista como un juego piramidal: “En lo dogmático: una rígida asociación donde se ejercita algo ilusorio. En lo psicotécnico: unas instrucciones de training en la lucha por la supervivencia que se dice que es trascendente; y el business-trainer, decidido a todo, radicalmente paródico, dotado de una extraña movilidad y que hace creer a sus retoños que existen técnicas para sobrevivir en la selva de los egoísmos”.

La “política-ficción” del neoliberalismo sería una religión ficticia –tan material como el marcaje de reses en seres humanos– presentada como la que mejor salvación ofrece y tan omniabarcante en sus principios que su contenido neutralizaría a cualquier otra religión. Una en que tus problemas existen porque no te has transformado a ti mismo lo necesario y, para hacerlo, requieres de la penitencia y la renuncia ante tu entrenador, el genuino atleta de la metafísica. Las mieles del más allá religioso serán las del aquí-hoy-hoy-hoy a cambio de tus renuncias a lo largo de un presente eterno llamado “modernización”.

Esta columna se publicó el 22 de octubre de 2017 en la edición 2138 de la revista Proceso.

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