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La UNAM abre al futuro el Museo de las Constituciones

El entrañable Templo de San Pedro y San Pablo, en el corazón del Centro Histórico, parece hoy, más que un museo, un recinto de múltiples paradojas: expone dentro de su estructura novohispana un diseño espacial del siglo XXI, y en sus muros centenarios aloja la memoria de apenas un siglo, el de la Constitución mexicana de 1917. Es un recinto muy antiguo, pero se adecuó para los jóvenes, a quienes está esperando, dice su directora Gabriela Breña. Trabajaron en su recuperación 350 especialistas, y el encuentro Abierto Mexicano del Diseño lo nombró una de sus sedes.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Entero tras el sismo del 19 de septiembre, con información precisa, diseño interior y museografía ligados a la arquitectura y aprovechando al máximo los elementos tecnológicos, el Museo de las Constituciones se yergue en el Centro Histórico como un recinto cien por ciento vivo y abierto al futuro.

Ubicado en el antiguo Templo de San Pedro y San Pablo, conocido también como Del Carmen (por estar en el número 31 de esa calle, en pleno Centro Histórico), fue construido por los jesuitas a fines del siglo XVI, y su devenir es impactante en la historia: sede de la promulgación de la primera Constitución de México entre 1822 y 1828; asiento de Eulalia Guzmán para la inicial campaña contra la analfabetización promovida por José Vasconcelos; a partir de 1929, Patrimonio Universitario de la UNAM; Hemeroteca Nacional de 1944 a 1979; Museo de la Luz de 1996 a 2010, y desde 2011 Museo de las Constituciones, mismo que se remodeló y transformó el 2 de mayo pasado para el centenario de la Constitución.

Fue así como hace una semana fungió como una de las 5 sedes del V Abierto Mexicano de Diseño (AMD), y seleccionado, por sí mismo, como “pieza de exhibición” como proyecto de diseño espacial (ver recuadro).

Originalmente el cambio de giro para el recinto incluyó la restauración del edificio y elementos artísticos, adecuación arquitectónica, diseño y construcción del nuevo mobiliario museográfico, e incorporación de recursos multimedia.

Durante un recorrido con Proceso, la historiadora Rosalba Mejía, subdirectora del Museo de las Constituciones, acompañada de Mónica Navarro Ruiz, directora de Comunicación, dijo que “la renovación partió de la necesidad de plantear a la Constitución no como un texto muerto, sino como algo vivo que se está construyendo, que se ha construido a lo largo del siglo, y que sirve y es un instrumento para hacer valer derechos y obligaciones, esto a través de un proyecto museográfico orgánico y dinámico que fuera trayente”.

La sorpresa y la curiosidad reciben al visitante al cruzar las altísimas puertas del edificio colonial de frente, luego de traspasar el atrio: el mural Camino a la legalidad (trovicelgrafía sobre papel, 2017) de Noel Rodríguez, que deja ver al fondo una figura orgánica de madera con muros curvos que brinda dos niveles de visibilidad: la que deleita al usuario desde la entrada, y una segunda grata, cálida, armónica, ya dentro de ella.

Se trata de un diseño orgánico del estudio Tuux (ver recuadro), una especie de laberinto a través del cual se recorre la historia constitucional de México haciendo énfasis en la evolución de los derechos individuales y colectivos, que se dividió en cuatro temas:

“¿Qué es una constitución?”, “Historia Constitucional”, “La Constitución de 1917” y “Constitución y Ciudadanía”, apoyándose en información en paneles y pantallas, juegos de mesa y espejos interactivos, hologramas del Congreso Constituyente, audios, y un cuarto para instalaciones audiovisuales de 360°, donde hasta hace unos días se expuso un trabajo del AMD y después el Rap de la constitución del artista Rojo Córdova.

Al final, “como cereza del pastel”, el majestuoso mural de 15 x 12 metros Árbol de la vida o El árbol de la ciencia (1921), de Roberto Montenegro (Proceso, 410 y 566), espacio en el cual se acondicionó un ágora para admirarlo, y en donde una pantalla interactiva brinda información de las otras obras del inmueble: motivos ornamentales, la  escultura de  cantera Atlante indio (1921) de Manuel Centurión, el mural al temple en la cúpula de la capilla Los signos del zodiaco (1921) de Xavier Guerrero, y los vitrales del Escudo de la UNAM, el Jarabe tapatío y La vendedora de pericos, del propio Montenegro.

En esa misma pantalla se evoca la censura que recubrió los cuerpos desnudos femeninos en Árbol de la vida, y que el espectador recupera deslizando su índice para obtener la imagen original.

El recorrido está proyectado para realizarse en unos 45 minutos.

Trabajo colectivo

A decir de la comunicóloga Gabriela Breña, al frente del recinto de legendarios muros exteriores amarillos e interiores que han recobrado su ornamentación pictórica, en la museografía participaron de manera colectiva cerca de 350 especialistas:

De personal del INBA e INAH a desarrollo museográfico y diseño donde laboraron albañiles, electricistas, iluminadores, historiadores, pedagogos, psicólogos, ingenieros, arquitectos, diseñadores, abogados (por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación como asesores en el guion), investigadores del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), la Facultad de Derecho de la UNAM (en especial del Jefe de la División de Estudios de Posgrado, Armando Guadalupe Soto Flores), así como la Dirección General de Obras y Conservación, y la Dirección de Docencia en tecnologías de Información y Comunicación de la máxima casa de estudios.

En palabras de Breña:

“Lo más complicado de todo lo que se ve fue construir un guión inteligente, hacerlo entendible para todo el público, en especial para los universitarios, los jóvenes, porque es en la juventud cuando uno toma las principales decisiones que rigen la vida, como –si se tiene el privilegio– de decidir qué estudiar.

“Es en la juventud que obtienes la mayoría de edad y las leyes de este país te reconocen una autonomía legal, y es durante la juventud prácticamente todos los mexicanos tienen su primer hijo o es cuando piensan en formar una familia. Estas cosas para un museo, para el de las Constituciones, son fundamentales porque tiene que ver con las decisiones, y entre más conocimiento tengas mejor puedes decidir.”

Desde su panorama, el recinto vecino del antiguo Colegio de San Ildefonso está proyectado para “sorprender y brindar un buen servicio, luego crecer tecnológicamente”, por lo cual remitió a su página electrónica (http://museodelasconstituciones.unam.mx) donde ya se puede explorar la Constitución de 1917 de manera interactiva, dijo, pues falta un “recorrido virtual” para poder ver el museo desde cualquier parte del mundo.

–¿Cómo sacarle “jugo” a un tema como las constituciones. que a la mayoría le podrá sonar difícil o aburrido?

–Fue un proceso complicado, tuvimos poco tiempo, pero teníamos la obligación intelectual y moral de presentar una constitución que, aunque muchos consideren vilipendiada, no estoy del todo de acuerdo porque se ha tenido que ir adecuando a los tiempos.

–El museo está en un espacio muy vivo, en pleno centro, pero de intenso comercio, con gente que va y viene. ¿Cómo hacer entrar a la gente?

–Haciendo que los vecinos se apropien de él, que lo sientan suyo y a la par de lo que ofrece adecuarnos, hacer actividades que aunque no sean rimbombantes impacten a las 20 cuadras aledañas. Por ejemplo, en un país que se dice laico la festividad de Día de Muertos es importante… pues hay que entrarle para dar información extra, son recursos museológicos, pedagógicos que se usan para que la gente se vaya relacionando con el museo.

Muestra de ello es la actividad “Pide tu calaverita” que invita este 1 de noviembre a las 18:30 horas a llevar una calavera de cartón o papel maché, de diseño propio, para ser integrada en un espacio memorial dedicado a las víctimas de los sismos del pasado mes de septiembre.

Esta semana el Museo de las Constituciones tendrá presencia, a través de su directora, en el encuentro profesional de museos de América “Museo Reimaginado Medellín 2017”, en Colombia, que discute las necesidades de público y recintos en este continente.

Este reportaje se publicó el 29 de octubre de 2017 en la edición 2139 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (2005) con Diplomado en Relaciones Públicas (2014), habla inglés y francés, amante del cine y los idiomas. Se inició como reportera de deportes en su natal Veracruz, y luego en publicaciones de la Editorial Vía Satélite de la Ciudad de México. Forma parte de la Sección de Cultura y Espectáculos de Proceso desde 2007.

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